La ciencia lo confirma: "El estudio del universo, la inmensidad del cosmos, te acerca a Dios"
Astrofísicos y astronautas relatan cómo la inmensidad del cosmos refuerza la fe y desmonta el viejo mito de que ciencia y religión son incompatibles

Imagen de la Tierra desde la Luna
Madrid - Publicado el
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La reciente misión Artemis II ha vuelto a poner sobre la mesa una reflexión tan antigua como la propia humanidad: la conexión entre la inmensidad del cosmos y la espiritualidad. Los mensajes de su tripulación desde la cara oculta de la Luna, sumados a experiencias de misiones icónicas, reavivan el debate sobre si el espacio nos acerca a Dios. Para analizar esta cuestión, el astrofísico Enrique Solano, presidente de la Asociación de Científicos Católicos, aporta su visión experta.
La ciencia como camino hacia Dios
El experto desmonta el "tópico de que la ciencia es una fábrica de ateos". Según Solano, sucede más bien lo contrario: "la ciencia muchas veces lo que hace es acercar a Dios a través del propio estudio de la naturaleza". Al observar la belleza, el orden y la complejidad del universo, el ser humano se plantea preguntas sobre la trascendencia que de otro modo no surgirían.

El cohete tripulado Artemis II despegando desde el Centro Espacial Kennedy en Merritt Island, Florida.
Aunque la ciencia "nunca va a demostrar si Dios existe o no existe", sí puede ofrecer "indicios que inclinan la balanza". Para Solano, esta perspectiva hace que "el creer en la existencia de un dios es mucho más que razonable". Esta sensación se ve reflejada en las palabras de la astronauta Christina Koch, quien, al describir su experiencia, no destacó la Tierra, sino "la negrura que rodeaba a esa Tierra, parecía como un bote salvavidas en mitad de un océano oscuro".
Hitos de fe en la carrera espacial
Los gestos de fe en el espacio no son nuevos. Un momento icónico tuvo lugar en la Nochebuena de 1968, cuando la tripulación de la misión Apolo 8 orbitaba la Luna. Decidieron enviar su mensaje de Navidad a millones de personas en la Tierra leyendo los primeros versículos del libro del Génesis, un acto que conectaba la exploración espacial con la narrativa de la creación.

Vista tomada por la misión Apolo 8 en la que se distinguen zonas próximas a los Montes Pyrenaeus y al cráter Capella.
Meses más tarde, en julio de 1969, la gesta se repitió de una forma más íntima. Justo después del complicado alunizaje del Apolo 11, y antes de que Armstrong diera su famoso primer paso, el astronauta Buzz Aldrin, que era cristiano presbiteriano, tomó la comunión. Este hecho convierte a las formas de la comunión en "el primer alimento que se tomó en la Luna", un detalle que muchos desconocen.
El Vaticano, pionero en la astronomía
La relación entre la Iglesia y la ciencia astronómica es profunda y antigua. Mucha gente desconoce que uno de los observatorios astronómicos más antiguos del mundo es el Observatorio Vaticano, fundado en el siglo XVI. Su propósito inicial era puramente práctico: reformar el calendario juliano para fijar correctamente la fecha de la Semana Santa, que depende de la primera luna llena de primavera.

San Pablo VI en el observatorio del Vaticano
Hoy, la sede principal del observatorio se encuentra en Arizona, donde astrofísicos jesuitas colaboran con la universidad local. Como recordaba San Agustín, existen dos vías para conocer a Dios: la Biblia y el "libro de la naturaleza". La ciencia, en este sentido, se presenta no como un obstáculo, sino como un camino más para descifrar la "sabiduría divina" inscrita en el universo.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.





