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"Ahora solo nos queda esperar": las reflexiones de Vicente Niño en el Vía Crucis de COPE

En el pódcast original de COPE Vía Crucis: meditaciones en las estaciones de la Cruz, Vicente Niño nos explica como esta escena de la Pasión sigue hablando hoy en nuestro tiempo

Ahora solo nos queda esperar: las reflexiones de Vicente Niño en el Vía Crucis de COPE
Redacción Religión

Tiempo de lectura: 8'Actualizado 28 mar 2024

El camino de Jesús con la Cruz, camino de su muerte, es un acontecimiento que no se ancla en el pasado. Ese trayecto, se sigue recorriendo en cada de uno de nosotros y, en esta Semana Santa, a través del pódcast original de COPE'Vía Crucis. Meditaciones en las estaciones de la Cruz' apreciamos como cada estación tiene su encaje en la actualidad. Y en esta segunda temporada, el dominico Vicente Niño nos invita a reflexionar sobre ello.

La injusticia detrás de cada condena

"¿Te has parado a pensar que en demasiadas ocasiones nos convertimos en jueces condenatorios de los demás? De quienes no piensan o ven el mundo como nosotros", nos pregunta el Niño, haciendo referencia a esa primera estación del Vía Crucis 'Jesús es condenado a muerte'. Porque esa condena de Jesús a muerte es un síntoma de intolerancia, de "no ver al otro más que en lo que tiene de distinto a mí. La condena de Jesús es la condena del inocente por razones propias y egoístas".

Y esta reacción, es fruto del miedo. Porque Pilatos no condenó a Jesús por convicción propia, lo hizo por miedo a la reacción del pueblo. "Es legítimo y bueno tener convicciones, cuidar la identidad. Pero cada condena, de fondo, encierra una profunda injusticia: la de tener al otro por un todo, tomando sólo la parte que lo separa de mí", asegura Vicente Niño.

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La Cruz que cargó Jesús no era solo suya. En ella, estaban todos nuestros pecados y él decidió asumirlos como propios. Por eso, Niño, nos invita a preguntarnos "¿Con cuántas cruces cargamos a los demás que podríamos evitarles?". Y eso, ¿en qué se podría traducir hoy en día? En cosas tan sencillas como "nuestras reacciones destempladas,nuestros miedos, nuestros enfados, nuestras preocupaciones".

Esta es una reacción propia del egoísmo, de "olvidarnos de los demás y de sus propias situaciones para dejar que solo el yo, sea el centro de todo cuanto existe".

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"El inmenso valor del perdón"

Y esa Cruz con la que nosotros cargamos a los demás, tiene "el inmenso valor del perdón". En la tercera estación del Vía Crucis, 'Jesús cae por primera vez', Vicente Niño asegura que "No hay vida ninguna que no tenga caídas en su historia. No hay vida ninguna sin errores, sin pecados, sin momentos de desacierto y daño cometido. Los seres humanos estamos hechos así. Algo, tan real, tan de toda biografía, que nos sitúa de frente a la necesidad del perdón.Necesitamos ser perdonados".

Y esa capacidad de perdonar, no solo reside en Dios, también en nosotros mismos cada día. Esto símplemente nos enseña que "otro antes que perdonó total y radicalmente". Por eso, Niño nos dice "que si Dios mismo es capaz de perdonar tu caída, cayendo él mismo bajo el peso de nuestros males, nosotros estamos llamados siempre a hacer lo mismo. Tú estás llamado siempre a hacer lo mismo"

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¿Es el camino de la Cruz un camino solo de tristeza? Para Niño, la clave está en su madre, en la Virgen María porque "mirar a María, al pie de la cruz, tendría que recordarte una máxima que sacamos de la pasión de Jesús: si algo no ha terminado bien, aún no ha terminado del todo".

Por tanto, el camino de Jésus con la Cruz, y así se ve en esta segunda temporada de 'Vía Crucis: Meditaciones en las Estaciones de la Cruz', es un camino de esperanza. Asegura Vicente Niño que esa esperanza es "confianza en Dios".

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Además, esta Semana Santa es un buen momento para, como nos dice Vicente Niño, preguntarnos cómo podemos ayudar a los que tenemos cerca. Porque actuar como Simón de Cirene en durante el Vía Crucis, nos demuestra que los actos heroícos y de generosidad "se juegan en lo pequeño y escondido".

"No hay fuegos de artificio brillantes cuando de amar se trata, porque en la donación generosa ordinaria, está presente el Señor Jesús amando y sosteniendo, con nuestro concurso, a llevar las cruces de otrosí", asegura Niño.

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La existencia humana comporta siempre una inevitable carga de sufrimiento”

La belleza se muestra de muchas maneras, no siempre a través de reflejos brillantes. Un rostro deformado o agotado, bajo el peso de la entrega por amor, encierra toda la belleza que puede el ser humano crear.

El verdadero rostro de Dios es el amor entregado, aún en medio del sufrimiento. La auténtica belleza está en la entrega de amor. La existencia humana comporta siempre una inevitable carga de sufrimiento, pero si ese dolor se lleva desde el amor, desde la donación de uno para que la vida del otro sea mejor, tendrá sentido. Y se carga de belleza. Belleza y amor van tan intrincadamente conectados que es la donación amante de uno mismo a los demás, la que hace que se pueda captar belleza en lo aparentemente deforme y grotesco y escandaloso, como la Cruz de Cristo.

¿Qué otra clave nos recuerda la Verónica? Cada gesto de amor y de cuidado que tengas con el que sufre, además de cargarse de belleza, es un gesto infinito que no se agota porque recuerda a la condición humana su verdadera razón de ser, la de seres que aman.

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Para que unos vivan en el esplendor, otros han de ser sacrificados en su existencia”

Agotados bajo la carga de entrega por amor, el ser humano se engrandece. Elegir estar en el suelo del camino por amor engrandece la condición humana. Postrados en la tierra, la realidad se ve de forma diferente.

Mirar desde el barro engrandece nuestra mirada y corazón, barre nuestra consciencia. El mundo desarrollado en el que vivimos, no es consciente de cuánta gente hay postrada. Nos hemos acostumbrado a pensar que es desde el éxito, la fama, el dinero o la comodidad donde merece la pena vivir. Pero para que unos vivan en el esplendor, otros han de ser sacrificados en su existencia, ser el suelo del camino al que pisar para alcanzar los objetivos de bienestar. Que Jesús, de nuevo caído, abrace y bese el suelo y nos recuerde que a nuestro mundo le queda mucho para crecer en el amor.

Jesús, el Señor, caído por segunda vez, te recuerda y te invita a postrarte también a ti entre tus hermanos caídos bajo el peso del mundo.

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Jesús nos pone ante nuestra propia responsabilidad y libertad en nuestras acciones

Nuestras acciones tienen consecuencias, no debermos olvidar la máxima de que 'todo tiene un precio' y nuestras acciones un eco en la vida de los demás. Vivir de una determinada manera, sin pensar en cómo afecta lo que hacemos a otros, es vivir ciego a la realidad. Nos hemos acostumbrado a vivir como si estuviéramos en un eterno presente.

Pero Jesús nos golpeará en el realismo de las consecuencias. Las lágrimas de las mujeres y la advertencia de Jesús nos suena como un llamamiento a cambiar de vida, a convertirnoss, a mirar en el tiempo. Aún hay tiempo de que las consecuencias no sean las que nos destruyan a todos. Jesús nos pone ante nuestra propia responsabilidad y libertad en nuestras acciones. Hay qu abrir los ojos porque llegarán días en el que desearemos haber estado en el mundo de otro modo.

Que sólo uno, el Señor, sea el leño triturado por amor a los hombres. Ábrete, mujer y hombre de Jerusalén, al don de la vida y la muerte que hizo el Señor por nosotros. Al don del amor.

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El santo no es quien nunca cae, sino quien siempre se levanta”

El santo no es quien nunca cae, sino quien siempre se levanta. Flaco favor nos ha hecho en el crecimiento espiritual no reconocer que caemos tres veces. El tres como símbolo de todo lo que haga falta que pase para que las cosas cambien y nosotros cambiemos. Jesús volvía a caer por tercera vez por amor. Es una llamada a que no todo está perdido, que el volverse a levantar es una esperanza para cada día nuestro. Estamos llamados a no ser esclavos de nuestras caídas, sino de levantarse y estar mas cerca de la salvación.

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Solo abrazando la verdad y acogiendo lo que eres puedes alcanzar su luz y salvación”

Nuestra debilidad, nuestros errores, nuestros pecados los tratamos de esconder. La verdad de lo que somos cuesta ante todos. Jesús te muestra que no es jamás una vuelta atrás una desnudez ante la verdad, y que nada ocultó que fue luz limpia de palabra y de signos para los demás. Jesús es desnudado como intento de humillarle como consecuencia del egoísmo, en su desnudez se muestra su plena luz de salvación. La cruz trae la salvación, solo abrazando la verdad y acogiendo lo que eres puedes alcanzar su luz y salvación.

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“Caemos en la tentación de dulcificar demasiado la cruz con nuestro exceso de emotivismo”

Hemos convertido el signo de la cruz, los dos trazos que señalan hacia todos los puntos, en un signo cultural. Tras dos milenios lo hemos vaciado de carga de signifcado de su origen, que fue instrumento de tortura para los criminales. La hemos dulcificado.

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Que el Señor Jesús pase por criminal sigue siendo escandaloso, que el único justo fuese ajusticiado explica el abandono por miedo por los suyos. Es incomprensible y escandaloso. No es posible que nada pueda salvarse así. Hoy seguimos huyendo del escándalo que significa. Caemos en la tentación de dulcificar demasiado la cruz, la rebajamos con nuestro exceso de emotivismo. Estamos llamado a la felicidad y alegría en el Señor, pero no nos atrevemos a acoger el misterio de la lógica de la cruz. Solo desde el fracaso, la agonía o el escándalo podemos dejar a Dios que actúe según su misterio y su propia razón. Solo así no domesticaremos a Dios.

“Morir es abrazarse conscientemente a la muerte en una acción de confianza hacia Dios”

La vida del ser humano está hecha de muchas muertes. La vida nos enfrenta al drama de esa realidad con cada fracaso, frustración o pecado. Cada daño hecho y recibido es una muerte. Debemos morir una y otra vez porque la trama de la existencia es así. Ya se ocupa la realidad de imponernos la muerte de lo que hemos sido.

Pero en nuestra fe sabemos que morir es el paso a otra vida, abrazar otras vidas. No es lo mismo morir que morirse. La condición creyente, y así nos lo enseña la muerte de Cristo, es abrazarse conscientemente a la muerte en una acción de confiaza hacia Dios. La muerte de Jesús es dejar a Dios que actúe, saber que uno no puede más que confiar, que uno ha entregado todo lo que era, hasta la propia vida, por amor a Dios. La muerte en la cruz de Dios nos deja ante el silencio inmenso del que solo puede confiar en Dios.

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El grito de Jesús en la muerte es el grito del salmista que se entrega a la voluntad de Dios en un ejercicio de absoluta confianza. La muerte del Señor Jesús, con ese desgarrador grito, es al fin dejar a Dios que actúe. Saber que uno ya nada puede más que confiar.

Cada muerte de nuestra vida, y morir duele, nos deja ante la situación sin aliento de no poder hacer otra cosa más que esperar en Dios. Y confiar en que jamás te abandona.

"Jesús se nos hace físico y real a través del pan y el vino”

Somos cuerpo y necesitamos lo corporal para ser, y eso es un don. María, que dio luz, amamantó y dio vida a Jesús, ahora lo abraza muerto, lo toca inerte, azotado, roto, ensangrentado. El peso en el corazón de la Virgen, el lamento de una madre se hace físico en el contacto. Lo ha sido también para quienes bajaron a Cristo de la cruz.

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Nuestra fe necesita de esa medición física del contacto, del abrazo, de la mano, del gesto del sacramento. El cuerpo de Cristo abrazado por su madre, descendido por sus amigos viene a nuestro encuentro en cada Eucaristía. Se nos hace físico y real a través de la Iglesia, en el pan y el vino, en su cuerpo y sangre. La Virgen María abrazando el cuerpo de Jesús nos recueda que nosotros podemos acoger el cuerpo de Jesucristo en el sacramento. Puedes abrazarlo si miramos con los ojos de la fe.

“En el oscuro sepulcro está el centro de lo que ha sido, es y será”

En el oscuro silencio del sepulcro, entre sábanas limpias y mortajas, el tiempo se detiene. Todo lo que alguna vez ha existido, todo lo que existirá, está en ese espacio vacío a oscuras que acoge el cuerpo muerto del Señor. La pasión, la cruz, la muerte, la entrega por amor, allí condensada donde el tiempo se hace espacio y el espacio se vacía, cruza toda la realidad como ondas que se expanden a través de todo lo que pueda llegar a existir, informándolo y conformándolo.

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En esa muerte en la cruz están todos los males, las mentiras, las muertes y los males de la humnaidad. La pasión de Jesús no es solo lo que ocurrió en el Jerusalén de hace 2.000 años. Aquel acontecimiento cambió la historia de la humanidad de antes y después, y sigue teniendo su efecto hoy. En ese oscuro Sepulcro está el centro de lo que ha sido, es y será. Ahora solo nos queda esperar.

'Vía Crucis: Meditaciones en las estaciones de la Cruz'

En su apuesta por los pódcast originales, COPE vuelve a ofrecer a sus oyentes una propuesta sonora de calidad. En este caso, se trata de las 14 meditaciones de las que se compone este podcast, narradas por el dominico Vicente Niño, que son como parte de una conversación de hoy día. Son de actualidad, con la convicción de que la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, lo que recorremos en el Vía Crucis, no son tan solo acontecimientos históricos sucedidos hace dos mil años, sino que siguen llegando hasta hoy. Iluminan el presente. Pero más aún. Lo traspasan, lo informan. Cada acontecimiento de hoy tiene los ecos y las huellas del acontecimiento central de la historia humana: la encarnación del Verbo. No son meditaciones estrictamente bíblicas, ni mera recreación espiritual de cada una de las estaciones. Intentan ser reflexión de cómo la experiencia de la Pasión sigue hablando hoy en nuestro tiempo y nuestro mundo.

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