Escuchar y ayunar: el camino sencillo que transforma el corazón

En su mensaje para esta Cuaresma el Papa León XIV nos invita a recorrerlo con dos gestos sencillos pero revolucionarios: escuchar y ayunar. Mario Alcudia reflexiona esta semana sobre la necesidad de dejar que la Palabra nos alcance y purifique. Es un tiempo para afinar el oído y caminar juntos hacia una conversión que transforme nuestra vida

El Papa recibe la ceniza en el comienzo de la Cuaresma 2026
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ESCUCHAR Y AYUNAR: EL CAMINO SENCILLO QUE TRANSFORMA EL CORAZÓN |FIRMA MARIO ALCUDIA

Redacción Religión

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La Cuaresma que acabamos de comenzar nos sitúa frente a lo esencial; nos llama a reflexionar, a mirar hacia dentro. Este año, en su primer mensaje para este tiempo litúrgico, León XIV nos ha regalado un mensaje sencillo pero a la vez profundamente revolucionario: escuchar y ayunar. Dos verbos humildes, silenciosos, casi escondidos, pero capaces de transformar nuestro corazón y, con él, transformar el mundo.

El Papa nos recuerda este es un tiempo de conversión, para recentrar la vida, para devolver a Dios el lugar que a veces pierde en medio de nuestros ruidos, ocupaciones y urgencias. La Iglesia —dice además— nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro. Y en ese gesto se juega todo: la fe recupera impulso, el corazón se ordena, la esperanza respira.

La primera acción, como te decía, es la escucha, que consiste en hacer espacio, en acoger, permitir que la Palabra nos alcance y nos reoriente.

El Papa nos invita a educar el oído del corazón para reconocer la voz de Dios en las Escrituras, pero también en nuestra vida: en el sufrimiento, en la injusticia que clama, en la voz de quienes no tienen voz.

El otro eje del mensaje es el ayuno; la libertad que nace del deseo purificado; una práctica antigua que nunca pasa de moda. El Papa no se queda en la abstinencia como esfuerzo voluntarista, sino que la presenta como un camino para descubrir de qué tenemos hambre realmente.

En definitiva, la escucha compartida de la Palabra, el ayuno vivido juntos, la atención común al clamor de los pobres; todo eso hace posible un estilo cristiano que crea vínculos, que renueva relaciones, que cura heridas. Quizá esta sea la clave de esta Cuaresma: dejarnos alcanzar por una Palabra que cambia y practicar un ayuno que libera. Porque cuando la escucha se convierte en oración y el ayuno en amor, entonces la conversión deja de ser un esfuerzo y se vuelve un regalo.

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