La Cruz: la victoria del amor que no se rinde
La Semana Santa vuelve a poner ante nosotros el misterio más profundo del cristianismo: Dios que se entrega por amor. Mario Alcudia reflexiona sobre la importancia de dejarnos alcanzar por la sabiduría paradójica de la Cruz, la de Aquel que nos amó y se entregó por nosotros

LA CRUZ: LA VICTORIA DEL AMOR QUE NO SE RINDE | FIRMA MARIO ALCUDIA
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Comenzamos una nueva Semana Santa, ese tiempo que cada año nos invita a detener el paso, a bajar el volumen del ruido cotidiano y a levantar la mirada hacia el misterio central de nuestra fe: la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Y al hacerlo, vuelven a resonar con fuerza aquellas palabras que Benedicto XVI dirigió a los jóvenes en la JMJ de Madrid en 2011, cuando les recordaba que en la Cruz se contiene “la verdadera sabiduría de Dios”, una sabiduría que no se comprende desde la lógica del éxito o del poder, sino desde el amor que se entrega hasta el extremo.
La Semana Santa nos confronta con el corazón mismo del cristianismo. Las imágenes procesionales, tan presentes en nuestras calles estos días —esas obras de arte que unen belleza, devoción y tradición— no son simples elementos culturales: son ventanas que nos permiten adentrarnos en el misterio del Amor crucificado.
La Semana Santa es, también, una escuela de sabiduría. La Cruz —tan paradójica, tan desconcertante— no es el fracaso de Dios, sino su victoria más profunda: la victoria del amor que no se rinde, que no calcula, que no se protege. En la Cruz aprendemos a amar como Dios ama: sin condiciones, sin reservas y sin miedo.
Que esta Semana Santa sea para todos un regreso al corazón del Evangelio. Que la contemplación del Crucificado nos conduzca a una vida más entregada y más verdadera. Y que, a la luz de la Resurrección que ya se vislumbra, renovemos nuestra esperanza y nuestra alegría.



