Atracción, unidad y escucha: el estilo eclesial de León XIV

Tras el consistorio extraordinario celebrado esta semana, León XIV ha puesto de manifiesto la importancia del amor fraterno, la escucha y la corresponsabilidad como claves del caminar eclesial. Mario Alcudia reflexiona sobre la importancia de este encuentro en el que el Papa ha recordado a los cardenales la importancia de seguir un camino colegial marcado por la escucha y la comunión, buscando la guía del Espíritu Santo y, de esta forma, marcar las prioridades pastorales de la Iglesia, ayudándole así en el desarrollo del ministerio Petrino que el Señor le ha encomendado

El Papa conversa con el cardenal Cobo en el Cónclave celebrado esta semana
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ATRACCIÓN, UNIDAD Y ESCUCHA: EL ESTILO ECLESIAL DE LEÓN XIV | FIRMA MARIO ALCUDIA

Redacción Religión

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El Papa ha celebrado esta semana su primer consistorio extraordinario. A partir de la imagen bíblica de la luz y de la herencia del Concilio Vaticano II, pedía una Iglesia llamada no a imponerse, sino a atraer por el amor de Cristo. 

Durante la Eucaristía con los cardenales, León XIV se detuvo en la explicación de la palabra Consistorio: consistere, detenerse. En una sociedad frenética, donde todo parece medirse por la velocidad y la eficacia, el simple hecho de suspender la agenda para orar, escuchar y reflexionar juntos se convertía en un gesto profético. Detenerse no como renuncia, sino como acto de amor. Detenerse para no correr a ciegas, para no “dar golpes en el aire”, como decía san Pablo sino para volver a enfocar la mirada en la meta.

León XIV ha puesto el acento en la unidad, la escucha y la sinodalidad como caminos de esperanza, recordando que solo la caridad compartida puede mantener viva y hacer creíble la misión de la Iglesia en el mundo de hoy.

El Pontífice nos ha mostrado la continuidad discreta con sus predecesores. En esta línea, reflexionaba sobre la atracción, recordándonos que la Iglesia no crece por proselitismo, sino por la fuerza del amor que atrae: “no es la Iglesia la que atrae sino Cristo”; y nuestra credibilidad depende de que la savia de la caridad circule por el canal de comunidades reales, palpables, que se aman.

Otras claves que nos ha dejado ver son su preocupación por la unidad, la fraternidad concreta, el vínculo dulce del que hablaba san Agustín; y también la sinodalidad entendida como escucha operativa, verdadera, esa escucha que se convierte en un estilo de vida.

El estilo que nos ha dejado ver León XIV nos recuerda que la esperanza cristiana no nace de las estadísticas ni de los equilibrios de poder, sino de la fidelidad a lo esencial: escucharse, caminar juntos, cuidarse mutuamente. Todo ello con el hilo conductor del amor trinitario, relacional, que hace de la Iglesia casa y escuela de comunión.

Por todo ello este Cónclave ha sido tan importante y providencial dejándonos ver una Iglesia cuya cabeza. Pedro, hoy, León XIV juntos a sus actuales apóstoles, los cardenales, se han detenido y reunido para orar, para escucharse, para amar y, desde ahí, volverse a poner en camino. Sin ruido, sin prisas, dejando que sea Dios quien lleve a cabo su obra en medio de nuestra fragilidad.

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