Cristina, panadera, un año después del apagón: "Que no vuelva a pasar, que nos hacen faena"
Esta panadera de Peral de Arlanza, en Burgos, narra en 'Mediodía COPE' cómo la falta de luz paralizó su obrador, pero no la vida de un pueblo acostumbrado a casi todo

Panadera de Burgos
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Un año después del gran apagón que dejó a oscuras la península Ibérica, el programa 'Mediodía COPE' ha rememorado el suceso con Pilar García de la Granja. Para ello, ha contado con el testimonio de Cristina Antolín, la panadera de Peral de Arlanza, un pequeño municipio de Burgos con solo 169 habitantes, que ha relatado cómo vivió aquella jornada.
Antolín ha explicado que al principio pensó que era "un corte más", de los que a veces sufren por tormentas o averías. Sin embargo, la preocupación y la incertidumbre llegaron cuando los clientes de otros pueblos confirmaron que el apagón era generalizado, afectando a Madrid, Barcelona e incluso Alemania. "Ya nos asustamos un poquito", ha confesado.
Un horno de leña siempre encendido
A pesar del caos, la panadera pudo cocer el pan que ya tenía preparado gracias a su horno de leña, que "está 24/7 encendido, nunca se apaga". Cristina Antolín ha detallado que "la cocción sin problema", lo que le permitió seguir sirviendo pan a sus vecinos durante el corte de luz.
Al no haber luz, no hay batidora, no hay amasadora, y ahí me dejó parada"
Panadera
Sin embargo, no todo fue tan sencillo. El apagón paralizó por completo la producción de dulces para la feria de Lerma, que se celebraba el 1 de mayo. "Al no haber luz, no hay batidora, no hay amasadora, y ahí me dejó parada. Ya no pude hacer ningún dulce", ha lamentado. Esto le supuso un trastorno importante, obligándola a "ir a carreras y al día siguiente, pues hacer el doble".
La vida sigue en el pueblo
En Peral de Arlanza, un pueblo habitado mayoritariamente por gente mayor y jubilados, la jornada transcurrió con una sorprendente normalidad. "En el pueblo, como un día más", ha señalado Antolín. Los vecinos pagaron en efectivo y recurrieron a las cocinas de butano para calentar la comida. Además, el buen tiempo acompañó: "fue un día soleado, que eso fue la suerte también, la gente se fue a dar un paseo".
La panadera ha destacado el estoicismo castellano y la capacidad de adaptación de sus vecinos: "Es la resiliencia, esa adaptación que tenemos". La luz no regresó hasta las ocho u ocho y media de la tarde, pero la vida en el pueblo siguió su curso sin grandes altercados, demostrando que están preparados para sobreponerse a las dificultades.
Finalmente, Cristina Antolín ha concluido su testimonio con un deseo claro, esperando que una situación así no se repita. "Que no vuelva a pasar, que nos hacen faena", ha sentenciado, agradeciendo la visibilidad que se da a los pequeños negocios en zonas rurales que, como el suyo, están "tan en extinción".
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



