El éxito de un colegio católico en un barrio marginal de Alicante: "Prefiero que se les hable de Jesús a que no se les hable de nada"
En una de las zonas más desfavorecidas de España, un centro diocesano se convierte en un hogar para niños de etnia gitana y musulmana sin recursos

Escucha aquí la entrevista en Mediodía COPE
Madrid - Publicado el
3 min lectura4:47 min escucha
En la zona norte de Alicante, entre los barrios de 1000 viviendas y Juan 23, se encuentra el colegio diocesano Nuestra Señora del Carmen de la Casa Larga. Este centro educativo está situado en una de las zonas más desfavorecidas de España, un área de rentas bajas marcada por ser uno de los mayores focos de pisos ocupados del país. En este entorno, muchas familias viven sin trabajo estable y el absentismo escolar es frecuente, a menudo porque los niños deben trabajar para ayudar en casa.
Más que un colegio, un hogar
La labor de este colegio se ha convertido en un refugio y una familia para sus alumnos, que son mayoritariamente de etnia gitana o musulmana. El director, Pedro Castaño, explica que la educación desde la fe es clave para su misión: "las abrazamos, las acogemos y hacemos que esto, además de un colegio, pues sea un hogar". Los niños llegan "alegres, pero también con una mochila muy pesada", enfrentándose a realidades como malos tratos, abandono familiar o tener parientes en prisión.

En este contexto, los profesores se transforman en referentes cruciales para los alumnos. "Aquí, por encima de ser profesor, tengo que ser algo más que su profesor, ¿no? Porque ellos necesitan mucho cariño, y nosotros aquí desde el colegio se lo tenemos que ofrecer", afirma uno de los docentes. Ofrecer una palabra de consuelo y cariño es una parte fundamental de su trabajo, ya que los niños buscan en ellos un apoyo para desahogarse. "Esa parte aquí es crucial", subrayan desde el centro.
Una fe que acoge
La identidad católica del colegio es explícita e irrenunciable, y las familias asumen el ideario del centro al matricular a sus hijos, a pesar de que la mayoría no profesa esta fe. Felipe Miralles, director de evangelización, recuerda el caso de una madre musulmana que, al ser informada sobre la naturaleza religiosa del colegio, respondió con seriedad: "prefiero que se les hable de Jesús a que no se les hable de nada". Para el equipo docente, evangelizar en este entorno multicultural es "poner luz en el centro de la tiniebla".

Este sentimiento de hogar es compartido por los propios alumnos, quienes ven a sus profesores como figuras paternas. "Los maestros, siempre que los necesito o que tengo algo, voy donde ellos y me escuchan, como nuestros padres", relata un estudiante. Los docentes, como Baqui, que da clase a sexto de primaria, describen su labor como un reto apasionante y muy agradecido. "Son muy alegres, son muy cariñosos, te lo dan todo", asegura.
Un signo de éxito
Para Baqui, la misión va más allá de los contenidos académicos: "Para mí formar personas, ponerles esas semillas dentro de ellos para que el día de mañana sean buenas personas, para mí es lo más importante". El éxito de este enfoque se refleja en el reencuentro con antiguos alumnos que agradecen la formación recibida. Este trato familiar es una de las señas de identidad del centro.
El trabajo de acompañamiento y acogida ha logrado hitos importantes. Según su director, el absentismo escolar crónico se ha reducido drásticamente, pasando de un 38% a un 10% en menos de una década. "Es un signo de éxito del trabajo del colegio", afirma Pedro Castaño. El sueño del centro es ampliar su oferta con secundaria y una escuela laboral para seguir acompañando a los jóvenes y ofrecerles "un futuro mejor".
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



