"Ninguna explosión se ha producido": 60 años del baño de Fraga en Palomares, Almería, tras el accidente nuclear

El entonces ministro de Turismo protagonizó un histórico chapuzón para demostrar que las aguas no estaban contaminadas tras la caída de cuatro bombas atómicas de EEUU

Fraga
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'La Tarde'

El baño se produjo tras el choque de un bombardero contra un avión cisterna

Laura López Muslera

Publicado el

3 min lectura19:45 min escucha

El 7 de marzo de 1966, la playa de Quitapellejos, en Palomares (Almería), se convirtió en el escenario de una de las operaciones de propaganda más recordadas de la dictadura. Manuel Fraga, el entonces ministro de Información y Turismo, se dio un baño en pleno invierno junto a Angier Biddle Duke, que en ese momento era el embajador de Estados Unidos. 

El mensaje era claro: las aguas eran seguras y la temporada de baño podía inaugurarse, un gesto que escondía una grave crisis nuclear tal y como han recordado en 'La Tarde de COPE'. 

Un choque de aviones y cuatro bombas atómicas

Todo comenzó casi dos meses antes, el 17 de enero de 1966, día en el que un bombardero B-52 que participaba en la operación Chrome Dome de la Guerra Fría chocó contra el avión cisterna que hacía el intento de repostar en pleno vuelo. 

Esta colisión provocó una bola de fuego que era visible a kilómetros y también la desintegración de ambas aeronaves, esparciendo restos sobre la comarca. 

Operación Chrome Dome

EFE

Operación Chrome Dome

Lo más grave es que el bombardero transportaba cuatro bombas termonucleares. 3 fueron a tierra en campos de cultivo de Palomares, y una cuarta se precipitó en el mar Mediterráneo. Entonces, el explosivo convencional de dos de las bombas detonaron y dispersaron plutonio y otros materiales radiactivos en más de dos kilómetros cuadrados de tierra agrícola. 

Los habitantes, ajenos al peligro invisible, salieron de sus casas para ver qué ocurría. Un testigo llegó a relatar que su hermano le decía que "hay un fuego en el cielo". Los vecinos, entre los que también había niños, caminaron sobre campos contaminados con plutonio sin saberlo y sin protección. 

La búsqueda de la bomba y un pescador clave

Mientras el régimen franquista intentaba controlar la información, afirmando que no había pasado "nada grave", cientos de militares estadounidenses llegaron a la zona. Su objetivo era encontrar la cuarta bomba, perdida en el mar. Durante ochenta días, 34 barcos, minisubmarinos y más de 3.000 efectivos participaron en una operación de búsqueda sin precedentes.

La pista definitiva no la aportó la tecnología militar, sino Francisco Simón Orch, un pescador local al que se le conoció desde entonces como "Paco el de la bomba", ya que vio caer el artefacto al agua y su testimonio fue clave para localizarlo. Según sus propias palabras, sabía que era una "cosa, pues, útil para los americanos porque, si no, se hubieran quedado bastante más tiempo buscándola".

Gracias a su indicación, el minisubmarino Alvin descendió a casi 900 metros y encontró la bomba H intacta en el lecho marino. Su recuperación puso fin a la fase más crítica del accidente, pero abrió la de la limpieza. Pese a que el embajador de EE.UU. se comprometió a retirar la tierra afectada, más de 1.700 toneladas se metieron en bidones y se enviaron a un almacén nuclear en Carolina del Sur.  

Ninguna explosión nuclear se ha producido"

Manuel Fraga

Ministro de Información y Turismo

Un baño de propaganda y un legado tóxico

Con la bomba recuperada, el Gobierno español y el estadounidense lanzaron su ofensiva, que acabó con el famoso baño de Fraga. El ministro insistió ante la prensa en que, gracias a la seguridad de los mecanismos, "ninguna explosión nuclear se ha producido". Además, aseguró que se habían tomado todas las precauciones "para que ni el más pequeño riesgo se pueda producir", a pesar de que 2 de las bombas habían esparcido plutonio por la zona. 

Las autoridades también impusieron un férreo control sobre los vecinos, a quienes se les prohibió el acceso a sus propiedades. "Ustedes se tienen que ir de aquí mientras que se haga esto", ordenaron a las familias. 

Más de medio siglo después, la historia del accidente de Palomares no ha terminado. Aún quedan 50 mil toneladas de tierra contaminada pendientes de ser retiradas y las negociaciones entre España y Estados Unidos para su gestión definitiva continúan abiertas. Un hecho que no fue ni una guerra ni una explosión con hongo nuclear, se convirtió en un desastre marcado por el "polvo invisible, radioactivo, soldados y silencio". 

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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