Deborah Álvarez, castañera: “Vendemos docenas a 3 euros, a nosotros nos ha subido mucho el precio de la castaña, pero mantenemos el precio porque preferimos perder dinero que a los clientes”
Esta mujer es la tercera de una generación de castañeros y explicaba en 'La Tarde' cómo funciona un negocio milenario y a qué se dedica cuando está fuera de temporada

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Es otoño o invierno, paseas por las calles de tu ciudad cuando está anocheciendo y de repente te invade un olor. Es un olor a leña, a quemado, pero a algo que puedes comer y que te resulta tremendamente familiar: las castañas.
Y es que en España tenemos una amplia tradición de castañas cuando llega el invierno, y cada vez que tenemos la oportunidad, compramos un cucurucho que nos ayuda a soportar el frío y que hace que nos sintamos un poquito más cerca de la Navidad.

Las castañas asadas
Puede que, de tanto comprarlas, conozcas a los castañeros de tu localidad e incluso sean tus amigos. Tanto si lo haces como si no, déjanos presentarte a Deborah Álvarez, la tercera de una generación de castañeros en Gijón.
A Deborah esto le viene de familia, pero su familia no solo vendía castañas, también construyó casetas, ayudó a montar otros puestos, tejió en el fondo lo que es el barrio y la calle.
Y hoy, entre esa leña, esos cucuruchos, Deborah resiste todo: el cambio climático, los incendios, incluso los precios, porque mantiene el precio de siempre. Ella dice que prefiere perder algo con tal de que la gente vuelva. Porque no solo los precios se han inflado, sino que hay cada vez menos castañas, los árboles escasean.
Un negocio que nació con su abuela
Se dice rápido, pero llevan 40 años al frente de este negocio de castañas, acumulando clientes devotos y haciendo que algo tan milenario funcione en un mundo como el de hoy. Y todo este negocio nació por idea de su abuela, que muy pronto enviudó.
Como contaba Deborah, su abuela, la primera que creó este negocio, se quedó viuda cuando el padre de Deborah era muy pequeño y, en vista de que necesitaba salir adelante, pensó en las castañas como su próximo negocio. “Era muy luchadora. Fue al extranjero a trabajar. Y cuando volvió dijo, "¿cómo puedo hacer yo para ganar dinero así rápido y sacar a la familia adelante?" Le vino la idea de las castañas y dijo, "voy a empezar". Fue a hablar a los pueblos con la gente de allí a ver si le podían recoger castañas, porque ella sola no podía”.
Y la ayuda del pueblo le sirvió para comenzar poco a poco un negocio para el que, con el tiempo, construyó una cabaña para evitar los estragos de la lluvia. “Construyó el horno de castañas y de ahí luego todo el mundo la siguió. La verdad dibujó en su imaginación como podría ser, que mantuviera el calor arriba y poder asarlas abajo. Y lo fue dibujando, lo pidió hacer y así tengo 40 años ese horno de castañas lleva conmigo”.
La vida fuera de la temporada de las castañas
La abuela de Deborah, sin embargo, no tenía en mente que el negocio que ella había creado para salir adelante se transmitiese de generación en generación, pero ella acabó heredándolo, como cuenta, “un poco de rebote”.
“No quise estudiar mucho y como me castigaron cuando tenía como 13 años... Pues vas con tu abuela a las tardes a ayudarla y con con la tontería esa pues me fue gustando, me fue gustando y siempre estuve cara a público. Entonces tiré para adelante con ello. Dije yo me lo quedo, porque me encanta estar con la gente cara a cara y todo eso y hacer las castañas” decía.
Y es que claro, sus vecinos le animan a hacerlo y a seguir adelante con un negocio que cada vez está más en peligro de extinción. Entre otras cosas, porque es un negocio temporal: empiezan en octubre y acaban en marzo.

Camarera
Pero, ¿qué hacen el resto del año? “Soy el resto del año camarera y también tengo un quiosco de pipas y gominolas, que también me enseñó mi abuela. Es que mi abuela valía para todo, se buscó la vida rápido”.
Dice que su negocio no necesita publicidad, a pesar de estar un poco en extinción, y que las mantiene al mismo precio. “Vendemos docenas, siempre metemos alguna más, son 3 €. La verdad que a nosotros nos subió mucho el precio de la castaña, pero damos igual que el año pasado porque preferimos perder ganancia, pero no a la clientela. Es es lo que nos da de comer, la clientela” destacaba.



