La foto: "María con sus gafas moradas se acerca a un puñado de rosas de azafrán que sostiene entre sus manos"
Escucha la foto del día de Fernando de Haro

Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención la he visto en el diario El País. La protagonista es María. María tiene ya 77 primaveras, el pelo blanco y corto, las manos algo torturadas por la artrosis pero muy ágiles. Las uñas pintadas de colorao. María vive en un Munera, en un pueblo de Albacete. En su casa cuida de un huerto. Y María, como hacia su padre , cultiva la rosa del azafrán. Las rosas en manos de María son un suspiro leve de luz malva, palabras susurrada con el color de la Cuaresma, un instante de fulgor violeta que ya está marchando, un deseo que podría descuidarse por breve. Han crecido las rosas del azafrán después de dos años de espera, han crecido muy bajitas y muy indefensas en una madugrada de septiembre y María las ha recogido con primor, de amanecida, para ni el rocío, ni el viento las estropeara. María con sus gafas moradas se acerca a un puñado de rosas de azafrán que sostiene entre sus manos. Y las huele despacio y las mira con embeleso, en un tiempo regalado, en un tiempo sin prisa. Pica el olor de la rosa del azafrán y al llegar a la nariz tiene algo del cuero de una silla de montar y de las primeras mandarinas del otoño y recuerda algo también a la fragancia de un tomillar. María luego se sienta entre sus amigas moradas y busca los tres hilos rojos entre los pétalos, tres hillillos de sangre, que no hay belleza ni gusto sin que duela. Tres hilos tiene dentro la rosa de pasión y esos son los que busca María con paciencia y los monda y los que pone en una bandejita. Hacen falta muchas rosas malvas, mucha tierra, mucho tiempo, mucha paciencia para que María pueda tener entre sus dedos tres chorritos rojos que le den color y sabor al mundo.



