La Foto: “Llevan en la cara los dolores que aparecieron cuando dejaron de ser jóvenes”
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Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención la he visto trasteando en internet, en la obra de Xavier Miserachs, de la que se han organizado estos días unas conversaciones en el Café Gijón de Madrid. Miserachs se fue a un mercado de abastos. Y tiró allí su foto. Se fue a un mercado bajo unos grandes soportales. Soportales de piedra con arcadas altas entre las que fulge una luz intensa, quizá ya de medio día. Debajo del atrio cajas de fruta, bultos pesadas, sacos de patatas, grandes carretillas para acarrear. Hay en la plaza el olor de la huerta que ha viajado a la ciudad, el murmullo del subasteo, los gritos de los que piden paso para terminar la faena. En el centro de la foto cuatro hombres con grandes delantales. Pueden ser fruteros, carniceros, quizá pescaderos. Llevan en el rostro el madrugón, el rosario interminable de madrugones que empezó cuando eran aprendices, cuando acompañaban al padre o al tío, el rosario de días amanecidos antes que la luz. Llevan en la cara los años sin sueño, el ir y venir con el género, los años de sequía que subieron demasiado los precios, el tener muy justo para dar de comer a la familia. Llevan en la cara el trabajo, cargar, apilar, ordenar, hacer las cuentas. Llevan en la cara los dolores que aparecieron cuando dejaron de ser jóvenes. Pero no hay en sus caras ni enfado ni queja. Uno de ellos se apoya en el cuello de otros dos, como si fueran sus hermanos. Quizás lo sean, no hermanos de sangre, hermanos de madrugones, de fatigas. Hay en sus caras una alegría sobria, varonil, la de haber hecho algo juntos, la de un trabajo que deja de ser condena porque con otros al lado se siente la elemental cama-rade-ría de ser hombres, la de quien arando, cavando, vendiendo, cargando, con otros, escapa de algún modo al tiempo que se escapa silencioso.



