
Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto de hoy está tomada en un pequeño pueblo italiano que cruzan los ciclistas del Giro de Italia. La etapa no debe haber empezado todavía porque los chicos de la bicicleta van tranquilos, pedalean sin esfuerzo y están muy juntos. La plaza del pueblo tiene en el centro un pequeño jardín con hierba y un cordón de rosales con flores rojas. Ya se sabe que todas las rosas son la misma rosa, la única rosa. Sobre la grama, en medio del jardín, ha atracado un patín de playa. Una de esas barquillas de recreo que jamás han navegado y que giran y giran porque su tripulación, bañistas poco experimentados, no saben como usar los remos para que hagan fuerza en el agua. El patín está pintado de fucsia, de color chicle de fresa, de color cereza casi roja, del color de la maglieta de los líderes del Giro. A proa, sobre el patín, una chica con biquini rosa pétalo de gitanilla y pamela blanca ha extendido su toalla y toma un sol que no ha salido, un sol que está escondido entre las nubes. En popa, un joven con chanclas blancas y camiseta rosa pálido otea el horizonte como un capitán de navío. Nadie les ha pagado para que den la bienvenida a los ciclistas con tan singular vestimenta, con tan singular pose. No les ha contratado ni el ayuntamiento, ni la oficina de turismo. No son concejales en busca de voto ni voluntarios de una ONG que promociona la integración de empatía. No, el chico y la joven que hacen una travesía inmóvil, atrezados como nadadores que no nadan, solo quieren echarse unas risas. Reírse de sí mismos. Han decidido que llevan demasiado tiempo tomándose a sí mismos demasiado en serio. Bendita hilaridad rosa, todas las rosas son la misma rosa, la única rosa.



