Mario Yáñez, experto en tecnología: "Para fabricar un móvil, se consumen 12.000 litros de agua, 20.000 para un portátil y 10.000 para una consola"
La tecnología esconde una 'materia prima silenciosa', el agua, cuyo consumo masivo en la fabricación de chips y dispositivos supone un enorme reto medioambiental

Expósito aprende en Clases de Economía de La Linterna con la experta económica y directora de Mediodía COPE, Pilar García de la Granja, y el experto en tecnología, Mario Yáñez, sobre el consumo de agua en la industria tecnológica
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Si hay un protagonista en las últimas semanas, ese es el agua. Mientras en zonas de España como en Galicia la tierra ya no es capaz de absorber más agua, en otras como algunas pedanías de Ponferrada se ven obligados a activar la emergencia por falta de agua potable. En este contexto, el programa 'La Linterna' de COPE ha abordado, junto a sus expertos, un aspecto a menudo invisible: el consumo de agua en la industria tecnológica.
En el espacio 'Clases de Economía', Ángel Expósito ha charlado con la directora de Mediodía COPE, Pilar García de la Granja, y el consultor tecnológico, Mario Yáñez, sobre el impacto de la tecnología en los recursos hídricos. Yáñez ha sido claro al definir el agua como "una materia prima silenciosa de la era digital". Ha explicado que cada chip, centro de datos o smartphone depende de ella en toda su cadena de valor, desde la minería de materiales hasta el fin de su vida útil.
El agua es una materia prima silenciosa de la era digital"

Desembalse de la presa de Casasola, en la localidad malagueña de Almogía, que se encuentra al 75%
La huella hídrica de un chip
El proceso industrial comienza en la minería. Para obtener las tierras raras necesarias para los chips se emplean ingentes volúmenes de agua para triturar, moler y separar los elementos químicos. Yáñez ha explicado el concepto de huella hídrica, que distingue entre el agua azul (extraída de ríos o lagos), el agua verde (de la lluvia) y el agua gris, que es la necesaria "para diluir contaminantes a niveles aceptables", un proceso que ha calificado como "altamente contaminante".
La industria de los semiconductores es, si cabe, más intensiva. El agua se utiliza para limpiar las obleas de silicio, preparar baños químicos y, sobre todo, para generar agua ultrapura, esencial en un proceso tan delicado. Según el experto, una gran fábrica de chips puede llegar a consumir "20 millones de litros diarios, lo mismo que 40.000 hogares".
El coste oculto de tus dispositivos
Toda esa agua se integra en el producto final que llega al consumidor. Tal y como ha detallado Mario Yáñez, "para fabricar un smartphone, se consumen aproximadamente unos 12.000 litros de agua, unos 20.000 para un portátil y unos 10.000 para una videoconsola". Estas cifras reflejan el agua empleada en la minería, el refinado, la producción de chips, las baterías, los plásticos y el vidrio que componen cada aparato.

Placas de circuito impreso de un móvil
Pero la huella hídrica no termina en la fábrica. El uso de internet, la nube o las redes sociales también conlleva un gasto enorme en los centros de datos. La principal función del agua en estas instalaciones es la refrigeración. Con el auge de la inteligencia artificial, "las necesidades de refrigeración se disparan, la eficiencia energética es un reto y, por lo tanto, el gasto de agua hoy es brutal", ha advertido Yáñez.
Un recurso estratégico de futuro
Para el consultor, "el agua es el bien estratégico del presente". La expansión de fábricas de chips y centros de datos en regiones con escasez hídrica, como ocurre en Aragón, intensifica la competencia por el recurso. Esto convierte la huella hídrica en un "riesgo operacional y en un factor geopolítico", hasta el punto de que en el futuro, la disponibilidad de agua podría determinar el desarrollo tecnológico de un país.
El que tenga agua podrá desarrollar tecnología, y el que no, no"
Ante este panorama, la industria ya investiga soluciones como la reutilización de agua en las fábricas o nuevos sistemas de refrigeración, un campo en el que la inversión en infraestructuras como las que renovará el Canal de Isabel II es clave. Sin embargo, Yáñez ha subrayado que la transformación real pasa por un cambio de modelo: "dispositivos más duraderos, que sean reparables, y la reutilización y el reciclaje masivo de materiales". La conclusión es clara: la mejor forma de reducir la huella hídrica es "necesitar menos producción nueva".
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



