"Mientras sigamos poniendo a la persona en el centro, la radio será un lugar de encuentro"

Escucha el monólogo de Irene Pozo en 'La Linterna de la Iglesia'

- 3 min lectura | 2:58 min escucha

Si estás escuchando esto, es que la radio está formando parte de tu vida ahora mismo. Quizá mientras conduces. Quizá preparando la cena. Quizá a punto de acostarte o saliendo todavía a trabajar. La radio tiene esa capacidad de colarse en lo cotidiano, y hoy, en el Día Mundial de la Radio, quiero detenerme un momento contigo para dar gracias por este medio tan sencillo pero tan grande a la vez. 

Muchos hemos crecido con la radio de fondo. En casa de nuestros padres. En el taller. En la cocina. En el campo. En una noche de guardia o en la habitación de un hospital. La radio ha sido testigo de noticias que cambiaban el mundo y también de pequeñas historias que cambiaban el corazón. Y eso no es poca cosa.

En un tiempo en el que estamos hiperconectados, paradójicamente hay mucha soledad. Mucha gente pasa el día rodeada de pantallas y termina la jornada sin haber sentido un verdadero encuentro. Estamos permanentemente informados, pero no siempre acompañados.

A mí me gusta esa sensación, cuando regreso a casa cada día, de encender la radio en el coche. Al final uno convierte esas voces en algo cercano: les pone rostro, las siente familiares. Uno se siente arropado, de algún modo. Intuye cómo respiran, cómo se emocionan, cuándo sonríen aunque no las vea. Y en medio del tráfico, del cansancio o de las preocupaciones, esa compañía tiene algo que es profundamente humano: te recuerda que hay alguien al otro lado viviendo el mismo tiempo que tú.

Eso, en un mundo de mensajes automáticos y respuestas instantáneas, no es un detalle menor. Por eso la radio sigue siendo tan necesaria: porque detrás de cada programa hay personas. Voces reales. Historias reales. Y la comunicación, cuando es auténtica, siempre pasa por el encuentro, por la relación, por el reconocimiento del otro.

Hoy además vivimos el desafío de la inteligencia artificial. Hay herramientas capaces de imitar voces, de generar contenidos en segundos, de producir información sin descanso. Y todo eso puede ser útil. Pero la pregunta de fondo es otra: ¿qué lugar ocupa la persona? ¿Dónde queda el corazón? El Papa nos ha recordado que no podemos perder los rostros y las voces humanas en medio de la tecnología. Porque si la comunicación pierde humanidad, termina vaciándose por dentro.

Y en la radio, el centro no es el micrófono. No es el estudio. No es quien habla. El centro eres tú, el oyente. Esta es una tarea de servicio: servicio a la sociedad, servicio a la verdad, servicio a quien necesita compañía, orientación o esperanza.

Cuando encendemos el micrófono no estamos haciendo solo un programa. Estamos entrando en tu casa, en tu coche, en tu rutina. Y eso es una responsabilidad enorme. Porque quizá hoy alguien necesite escuchar una palabra que le recuerde que no está solo. Que su historia importa. Que su vida tiene sentido.

Gracias por estar ahí. Gracias por dejarnos acompañarte un rato esta noche. Porque mientras sigamos poniendo a la persona en el centro, la radio no será solo un medio de comunicación: será un lugar de encuentro.

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