"Verás qué pronto pide la izquierda el fin de la herramienta HODIO cuando gobierne la derecha y pueda utilizarla a su favor"

Jorge Bustos analiza el nuevo sistema anunciado por Moncloa para luchar contra el odio

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Pedro Sánchez está en un buen momento, hay que reconocerlo. Se le ve cómodo en el nuevo traje que le han cosido a pachas los 700 asesores de la Moncloa y la incontinencia verbal de Donald Trump, porque Sánchez es alguien en el mundo desde que Trump le ataca, ni antes ni después. Ayer mismo nuestro corresponsal David Alandete le preguntó al presidente de Estados Unidos por la cooperación de España la guerra de Irán y Donald volvió a regalarle los oídos a Pedro criticando su negativa cooperar.

El que se ahueca como un globo es Sánchez. Su fama se agiganta allí donde no le conocen, claro. Lo único que saben de este presidente español es que Trump le critica. Y hay gente en Hollywood como el actor Mark Ruffalo, el que interpreta al increíble Hulk en las películas de Marvel, que está proponiendo que Pedro sea el líder de toda Europa. Y ojo, que se lo está diciendo un superhéroe a otro, el increíble Hulk al increíble Pedro. Y digo increíble en el sentido literal, es imposible creerse nada de lo que dice o hace Pedro Sánchez. Pero esto en Estados Unidos todavía no lo saben.

Delitos de hodio

Odiar. Odiar en inglés se dice 'hate' con h. Quizá por eso el más ocurrente o el menos vergonzoso de los 700 asesores de la Moncloa decidió añadirle una H al nombre de la nueva herramienta que se han sacado de la chistera, dicen que para monitorizar el odio en las redes sociales. Señoras, señores, les presento el HODIO, no el jodío, cuidado, el HODIO. Un homenaje a la primera novela de Enrique Jardiel Poncela, ahora que se van a cumplir 100 años de su publicación 'Amor se escribe sin H', pero odio con H. Hodio. A ver, yo sé que Pedro hace estas cosas exclusivamente para que yo me ría y para que tú te rías, para que todos nos echemos unas risas mientras comentamos esta nueva cortina de humo con h aspirada de hodio. Y no con tilde de jodío. Cuidado. Incluso podríamos inventar un trabalenguas sanchista con todo esto. “Jodó con el hodio del jodío”.

Pero chorradas aparte, perseguir los delitos de odio no es una competencia del Gobierno, sino de los tribunales, de la fiscalía. Y definir los delitos de odio tampoco es una competencia del Gobierno, sino del parlamento, del legislador. Por supuesto que a cualquier padre o madre les preocupa la impunidad del insulto o del acoso o de la obscenidad en las redes sociales a las que se incorporan sus hijos siendo adolescentes o sin serlo siquiera todavía. Pero precisamente porque es un fenómeno preocupante, convendría abordarlo con un poquito de seriedad. Protegiendo a la vez dos bienes jurídicos en conflicto como son la libertad de expresión y el derecho al honor, por ejemplo. Porque tan peligrosa es la impunidad digital como la cultura de la cancelación.

Y además el odio no es un delito. Odiar no es un delito. El delito es llevarlo a la práctica violenta o incitar a la práctica violenta. A veces el odio puede ser fruto de la virtud, cuando odiamos el mal, por ejemplo, yo odio a ETA, por ejemplo, odio a la ideología criminal que motivó sus tiros en la nuca y sus secuestros. Pero no se me ocurre ir al Congreso y escupirle a la portavoz de Bildu. Esa es la diferencia entre el odio y el delito de odio. ¿Se entiende? Pero quizás sea una distinción demasiado sutil para este gobierno, no lo sé. O quizás que una estrategia contra la polarización anunciada por el constructor de un muro afectivo entre españoles solo puede ser una estafa.

¿Qué se puede esperar de una cumbre del odio ideada exclusivamente para alimentar el cuento de que el odio y la mentira son cosas de derechas, exclusivamente, unidireccionales? Cuando ese aquelarre, por cierto, contó con la distinguida presencia de una tertuliana montapollos que denuncia en falso pero ofende de verdad, como los tweets de Puente, por cierto, o de Rufián o de los infinitos odiadores de Ayuso. Verás que pronto pide la izquierda el fin de esta herramienta cuando gobierne la derecha y pueda utilizarla a su favor.

Dudas con la guerra

Pero volviendo a Donald Trump, que repita su amenaza de ruptura comercial con nuestro país, no es una buena noticia para los españoles, ni para los empresarios que exportan, ni para los clientes que importan bienes o mercancías de Estados Unidos. El único español al que le beneficia una amenaza de Trump es Pedro Sánchez, porque a falta de presupuesto, sin mayoría parlamentaria, con el calendario judicial avanzando y con un nuevo revés electoral, A la vuelta de la esquina en Castilla y León, solo sobrevive ya alimentando el humo de sus relatos. En vez de tanto relato, Margarita Robles debería explicarnos qué va a pasar con la fragata Cristóbal Colón, ahora que parece que se enfría la operación en el estrecho de Ormuz, que pretendía liderar Macron con su portaaviones Charles de Gaulle.

O Carlos Cuerpo debería explicarnos si basta con liberar las reservas de petróleo para contener los precios o solo es un parche que requerirá medidas adicionales en caso de que la tensión en el estrecho continúe. Y el pequeño Albares debería explicarnos por qué ninguno de los 22 ministros de este gobierno acompaña a Felipe VI a Chile solo porque quien toma posesión es uno de derechas. ¿De verdad que no había ni un solo ministro con la agenda vacía? Por cierto, Felipe VI se ha reunido en Chile con María Corina Machado, que todavía está esperando la felicitación de Moncloa por su Nobel de la Paz. A ver si va a resultar que las ansias infinitas de paz de Pedro acaban donde empieza el ánimo de lucro venezolano de Zapatero.

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