

"La pregunta no es si a Noelia se le va a dar hoy una muerte digna, sino si se le procuró una vida digna de ser continuada a pesar de las desgracias"
Jorge Bustos relata el caso de la joven Noelia Castillo, que va a ser sometida a la eutanasia este 26 de marzo
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La verdad es que no me quito de la cabeza a Noelia Castillo. Ya sabes de quién te hablo porque en nuestro país no se habla de otra cosa ahora mismo, y no es para menos. Noelia es la joven de 25 años que en el día de hoy va a ser sometida a la eutanasia. Hoy es 26. Hoy es el día, el día en que Noelia dejará de vivir a las 6 de la tarde después de un largo proceso judicial que empezó allá por el verano del 2024. Estos días sus palabras, su rostro, su expresión, sus gestos recorren los móviles de todos los españoles gracias a la entrevista que logró en exclusiva el programa de Sonsoles Ónega.
Pero seguro que oíste hablar de ella antes en alguna ocasión porque su padre emprendió una batalla legal para intentar evitar la muerte de su propia hija. Los dos años de batalla literal por la vida de Noelia han terminado esta misma semana en la última instancia judicial posible, que es el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que ha dicho que adelante, que si Noelia no quiere vivir más, su padre no es nadie para impedírselo, ni su madre tampoco. Y con la ley en la mano, así es, la ley que este gobierno aprobó hace ya casi cinco años dice que esta eutanasia se puede ejecutar, que se cumplen las condiciones.
Primero hubo una petición expresa de la propia postulante, después un comité de la sanidad catalana la evaluó y dijo que adelante. Y, ahora, los tribunales dan luz verde a la administración de los fármacos que apagarán a Noelia. Primero, una dosis alta de propofol que le inducirá el coma, seguida de un bloqueante neuromuscular que y asegurará la paralización total del organismo. Una muerte segura. Lo lo llaman muerte digna, yo no sé si ese adjetivo puede aplicarse a la muerte. A ninguna muerte. De una muerte podemos decir que es indolora o por el contrario que es atroz. Pero la dignidad es más bien un atributo de la vida. Se predica de la vida. Se vive una vida digna o una vida indigna. Y quizá ese sea el problema en el caso de Noelia.
La pregunta que yo me hago sin necesidad de recurrir argumentos religiosos usando únicamente mi razón, no es si a Noelia se le va a dar hoy una muerte digna. La pregunta que yo me hago es más bien si se le procuró una vida digna, una vida digna de ser continuada a pesar de las muchas desgracias que la han marcado. Una vida que podría haber renacido. Utilicemos la imaginación, que es la base de la empatía. Ponte en su piel, haz un pequeño esfuerzo. Si tu familia se hubiera roto de forma traumática y hubieras terminado en un centro de menores vulnerables bajo tutela del Estado, ¿qué tipo de ayuda te habría gustado encontrar allí?
Y, si en ese centro, en vez de recibir el afecto que te falta te convierten en víctima de una agresión sexual, de varias agresiones sexuales, algunas brutales, ¿quién ha fallado en la tutela? Y si como consecuencia de esas agresiones, de esas agresiones, tu mente se precipita en el abismo de la depresión y el sinsentido y un día cedes a la ideación suicida y a consecuencia del intento te quedas parapléjica, ¿qué respuesta habrías necesitado para salir de la oscuridad?
Para tratar de vislumbrar la posibilidad de una vida digna a pesar de los pesares, como otros parapléjicos que terminan encontrando razones para volver a experimentar la alegría de estar vivos, que incluso encuentran el amor. Sé que es durísimo. No tenemos ningún derecho a juzgar ni a Noelia ni a sus padres, pero sí podemos y debemos juzgar al Estado. Al Estado que, asumiendo el deber de su tutela, no fue capaz de garantizarla y que ahora le ofrece una dosis letal de propofol como única salida. Esa es la única alternativa que se le ofrece a una vida rota, pero nunca inútil, nunca indigna, porque ella no es la culpable de su trauma, ni de su dolor, ni de su enfermedad psíquica. Y ya está.
Y todo se reduce a constatar la voluntad clara, firme y decidida de la postulante, como establece la ley. Si finalmente, como parece hoy, Noelia cierra esos ojos llorosos para siempre, ¿podremos felicitarnos de algo como sociedad? ¿Podrá el Estado hablar de muerte digna?
¿Y dónde estuvo la garantía de esa dignidad durante los 25 años anteriores? ¿Y qué mensaje se les manda desde las instituciones españolas a todos esos chavales deprimidos, angustiados, acomplejados, que quizá vean ahora el fin de Noelia como un ejemplo sugestivo? No digo que sea un debate sencillo, yo mismo tengo dudas también y sé que nadie, absolutamente nadie quiere sufrir, pero precisamente por eso sé que todos cuando sufrimos necesitamos encontrar esa mano tendida que quizás Noelia no encontró a tiempo. Por cierto, con los últimos datos del Ministerio de Sanidad en la mano, solo en 2024 hasta 54 personas revocaron de manera voluntaria su solicitud de eutanasia. 54. Eso es señal de que siempre se puede hacer algo más, de que siempre queda una puerta abierta a la esperanza.



