"No veo a Ábalos confesándose, pero el de Víctor de Aldama sí que será un testimonio clave en el juicio"

Jorge Bustos analiza el arranque en el Tribunal Supremo del juicio por el 'Caso Mascarillas'

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A partir de las 10 de la mañana del día de hoy veremos desfilar en el Supremo camino del banquillo a José Luis Ábalos, a Koldo García y a Víctor de Aldama. Recordemos que la Fiscalía Anticorrupción pide 24 años de prisión para el exministro, 19 y medio para el todopoderoso asesor y solo siete para Víctor de Aldama, que se enfrenta menos pena por haber colaborado con la justicia. El juicio durará todo el mes de abril, constará de 13 sesiones con jornadas de mañana y tarde. Se interrogará a más de 70 testigos, entre ellos familiares, altos cargos del ministerio, exbarones insulares como Ángel Víctor Torres o Francina Armengol, que se aferrarán a su privilegio de contestar por escrito y, por supuesto, declararán también entrañables concubinas de don José Luis como Jessica Rodríguez, dama de acrisoladas virtudes a la que el galán de Torrent puso piso de lujo, curro en una empresa pública y plaza en avión oficial a cambio de trabajos, no precisamente de oficina, vamos a decir, eran otro tipo de trabajos, los propios de una profesión aún más antigua que la oftalmología.

¿Y podemos esperar algo de la declaración de Ábalos cuando llegue el día de declarar, que será finales de este mes? Pues mira, tampoco te esperes una rajada histórica, no te esperes que Ábalos se ponga de pie en el tribunal y afirme solemnemente, "Yo he visto cosas que vosotros No creeríais. Paradores en llamas más allá de Teruel. He visto brillar luces de neón cerca de la puerta de Alcalá, no lejos del Ramsés. Todos esos momentos se perderán como lágrimas en Soto del Real. Es hora de declarar”. Pues no, no veo Ábalos confesándose así, o sea, haciéndose un Aldama, que el del empresario sí será un testimonio clave en el juicio, por cierto, aunque para eso tendremos todavía que esperar.

Trump lanza una seria amenaza

Pero si queremos ver naves ardiendo y rayos brillando. El lugar no es la Luna ni el Tribunal Supremo, el lugar es Irán. Los bombardeos en una y otra dirección se recrudecieron ayer mientras se negociaba contra el reloj. A través de miradores en despachos egipcios o pakistaníes o turcos cayó el jefe de la inteligencia de la guardia revolucionaria que, a su vez, había sustituido a otro jefe de inteligencia previamente eliminado. Israel ha atacado el yacimiento de gas iraní, que es el más grande del mundo, y ha extendido su ofensiva por los pueblos del sur del Líbano. Irán, por su parte, ha golpeado infraestructuras críticas de los países del Golfo y, de momento, rechaza cualquier alto del fuego que no sea definitivo.

Y para ese alto del fuego definitivo exige condiciones que son inasumibles para Estados Unidos, como por ejemplo la retirada de las sanciones por su programa armamentístico y un nuevo protocolo de tránsito para el estrecho de Ormuz a medida de los ayatolás. Obviamente, Trump no tardó en rechazar esas condiciones y durante su comparecencia de ayer avisó de que ya no prorrogaría más veces el el ultimátum. Por cierto, expira esta madrugada. Reveló también que Estados Unidos intentó entregar armas a los rebeldes iraníes, pero los intermediarios acabaron quedándose con el cargamento, lo cual parece una escena como de peli de humor bélico en plan 'Hot Shots'.

Es difícil saber cuándo Donald habla en serio, pero desde luego ayer lo intentó cuando formuló su amenaza más explícita hasta el momento. “Lo estamos haciendo increíblemente bien a un nivel que nadie había visto. Todo el país puede ser eliminado en una sola noche y esa noche podría ser mañana por la noche”.

Vamos a detenernos en el en las imágenes que acompañan este audio porque son muy reveladoras. Trump está leyendo el relato de la épica operación de rescate de su aviador derribado en territorio hostil y de pronto se detiene como si en un segundo se le fuera a la mente a ese estrecho de Ormuz bloqueado por los malditos ayatolas y, entonces, levanta la cabeza, abre los ojos, tuerce el gesto y eleva un poquito la voz para verbalizar la amenaza. Todo el país puede ser destruido en una noche y esa noche puede ser mañana por la noche. Es como una pérdida puntual de la paciencia.

Bueno, esperemos que sea puntual. Lo cierto es que en la madrugada de hoy a mañana finaliza el plazo del ultimatum que ha dado Washington a Teherán. El mundo entero contiene la respiración. Los mercados abren en medio de una incertidumbre total. Nadie sabe si está amaneciendo hoy el día del armagedón iraní, el infierno anunciado reiteradamente por el comandante en jefe del ejército más poderoso de la tierra, o si continuarán las negociaciones, porque en realidad esta amenaza apocalíptica no era más que la enésima maniobra trumpista de presión para que el enemigo renuncie a sus posiciones maximalistas. No lo sabemos. Saldremos de dudas mañana. A esta hora ya habremos salido de dudas. No tenemos ni idea de lo que va a pasar el miércoles de Pascua, pero viendo cómo se está poniendo la Tierra, dan ganas de pedir plaza en la próxima expedición a la cara oculta de la Luna.

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