"Hay una ganadora real, que es María Guardiola; un ganador moral, que es Vox; y un derrotado total, que es Miguel Ángel Gallardo y, por extensión, Pedro Sánchez"

Jorge Bustos analiza los resultados de las elecciones de Extremadura

- 7 min lectura | 12:44 min escucha

Son las 8, las 7 en Canarias. Muy buenos días, bienvenido a Herrera en COPE. Si te incorporas a esta hora, hoy es un lunes de resaca electoral y, sobre todo, es un lunes de sorteo de Navidad, que es en lo que están pensando todos los españoles: a ver si sale de pobre. Ya queda menos de una hora para que empiecen a girar los bombos. 

Te recuerdo que a partir de las 8:30 de la mañana vas a poder seguir el Sorteo Extraordinario de Navidad en COPE, aquí y con nuestra compañera Pilar Cisneros. Eso, con permiso de Pedro Sánchez, que ha convocado una comparecencia, una declaración institucional en Moncloa, para esa misma hora; siempre el niño en el bautizo. 

Bueno, aunque en este lunes se habla sobre todo de resultados que nada tienen que ver con los décimos y sí con las papeletas, que nada tienen que ver con la suerte y sí con las estrategias de los partidos. Extremadura ha abierto el ciclo electoral en España y las urnas nos han dejado varias claves.

La primera: el Partido Popular ha sido el más votado, ha ganado las elecciones, ha conseguido 29 escaños, pero solo uno más de los que tenía en 2023. El Partido Socialista afronta una debacle histórica. Simple y llanamente ha dejado de ser un partido de gobierno en Extremadura; ha dejado de ser una alternativa: diez escaños menos que en 2023. Vox sube bastante, pasa de 5 a 11, es más del doble, y Unidas Podemos obtiene un buen resultado también, pasa a tener siete escaños de los cuatro que tenía.

Con estos resultados, la situación política certifica un giro contundente a la derecha. Un 60% de los votos recabados ayer han optado por PP o por Vox, un 60% en uno de los feudos históricos del socialismo español. Y, sin embargo, pese a la abrumadora mayoría absoluta que componen PP y Vox, eso no significa automáticamente que vaya a haber estabilidad, porque precisamente son competidores y no se llevan además especialmente bien. En Extremadura menos que en Valencia, por ejemplo.

El Partido Popular no ha conseguido la mayoría absoluta que quería y ahora va a depender o bien del apoyo o le bastaría con la abstención de Vox. El Partido Socialista se hunde; hay un cráter donde antes había mayorías absolutas constantes del socialismo de Rodríguez Ibarra, de Guillermo Fernández Vara. Ahora ya no hay nada de eso. 

Ahora hay una ganadora real, que es María Guardiola; hay un ganador moral, que es Vox; y hay un derrotado total, que es Miguel Ángel Gallardo y, por extensión, Pedro Sánchez, que se ha involucrado personalmente en esta campaña electoral y, por tanto, ahora es corresponsable del fracaso, del hundimiento, de la debacle.

Y aunque lo disimule, yo sospecho que para el Partido Popular se trata de una victoria dulce. Es verdad, ha ganado las elecciones, va a gobernar, tiene derecho, tiene el deber de gobernar. Es verdad que ha subido un escaño, pero le han votado menos, con una caída enorme en la participación.

Y no nos engañemos: el PP de María Guardiola aspiraba a más. No sé si a la mayoría absoluta, pero al menos a quedarse tocándola con las yemas de los dedos, y quedarse a cuatro escaños no es rozarla. ¿Es un fiasco? No lo sé, pero desde luego sabe a poco.

Y yo sé que, a toro pasado, es muy fácil analizar la estrategia de los partidos. Ahora todos vemos dónde estuvo verdaderamente el fallo, pero quien mejor lo sabe seguramente es la propia María Guardiola, que quizá puede haber pecado en la recta final de la campaña electoral de exceso de confianza o, al menos, de una mala gestión de las expectativas. 

Ella adoptó una línea de campaña muy personal que comportaba sus riesgos, una estrategia muy personalista, muy local, con escasísima participación del partido a nivel nacional. Con poca presencia de Feijóo, que ni siquiera fue invitado a acompañarla en el mitin de final de campaña; tampoco de los compañeros presidentes de otras autonomías, no ha aparecido por aquí Moreno.

También rechazó confrontar con sus adversarios en el debate televisivo y luego, digamos, puso el grito en el cielo con aquel robo de 124 papeletas en un pueblo de Badajoz, diciendo que nos estaban robando la democracia. Hombre, quizá esa hipérbole no la benefició demasiado y, en cambio, alimenta un discurso antisistema que solo puede beneficiar a Vox.

Seguramente, comparado con PSOE y Podemos, con la izquierda no le ha ido nada mal a Guardiola, pero es que su verdadero rival era Vox y quizá Vox tomó la iniciativa en la recta final de la campaña.

Aun así, hay que reconocer a Guardiola que ha ganado las elecciones con una amplia ventaja sobre el segundo y que casi triplica el número de escaños a Vox. Lo digo para que cada cual sea consciente de su verdadera fuerza a la hora de plantear una negociación. Ahora mismo, el vuelco ideológico que se ha producido en un territorio histórico del socialismo español alimenta el pronóstico de que otro tanto sucederá en los siguientes procesos electorales, empezando por Aragón. Eso sí, Guardiola tiene toda la legitimidad para intentar gobernar.

Este mensaje de que no se bloquee la legislatura va directamente a Santiago Abascal, porque su problema era Vox y lo sigue siendo hoy. El PP debe sacar una lección de esta estrategia de María Guardiola porque va a enfrentarse al mismo rival interno dentro de su espacio político en los siguientes comicios aragoneses, castellanoleoneses y andaluces.

¿Qué estará pensando Jorge Azcón ahora mismo? Que, por cierto, ayer siguió el escrutinio junto al líder del partido, Alberto Núñez Feijóo; habrá puesto sus barbas a remojar. ¿Cuál es la estrategia? ¿Confrontar abiertamente con los de Abascal, como hizo Guardiola? ¿Ignorarles, como han probado hacer otros líderes? ¿Criticarles con mesura? No lo sé, pero el Partido Popular necesita encontrar de una vez por todas la estrategia con la que competir con Vox, porque a Vox ahora mismo nada le penaliza. Es un puro deseo, una fantasía.

Como no se desgasta con responsabilidades de gobierno, cada votante proyecta sobre ellos lo que quiere creer. Pasan los de Abascal de 5 a 11 escaños. Es el gran triunfador de la noche y su candidato, Óscar Fernández, no tuvo ningún rebozo en presumir de ello.

La estrategia de Vox ha vuelto a ser nacional; Santiago Abascal se volcó en Extremadura. Abascal tiene el mismo discurso en todos lados y es, en realidad, él el candidato en todos lados. Sus temas son los de siempre: inmigración, seguridad, la defensa del mundo rural. La pregunta ahora es: ¿qué quiere hacer Vox? Sus votantes quieren que sus votos sirvan para algo, ¿pero quieren que sirvan para bloquear una legislatura?

Hemos visto a Abascal pactar rápidamente, vía valenciana, para investir a Carlos Mazón, pero también le hemos oído despreciar al PP como el PSOE azul. Para Vox es mucho más fácil criticar sin mojarse; por eso no quieren entrar en los gobiernos: es mucho más fácil hacer política desde la barrera.

Y la verdadera clave es el hundimiento del Partido Socialista. Se deja diez escaños, es su peor resultado en Extremadura en toda la historia democrática. Y esa debacle tiene un nombre propio, el del candidato procesado Miguel Ángel Gallardo, que debió dimitir ayer por la noche. El verdadero responsable del batacazo socialista no es él, de todas formas, es Pedro Sánchez Pérez-Castejón; Gallardo solo ha sido su cabeza de turco.

¿Cómo que la cuestión presupuestaria se la inventó María Guardiola? No, no es ninguna invención. Vox estaba bloqueando la aprobación de unos presupuestos y Guardiola convocó elecciones. Pero ese “para qué” mejor se lo debería dirigir Gallardo a su jefe, a Pedro Sánchez. ¿Para qué dejaste a este candidato imputado al precio de provocar la debacle de una sigla histórica?

Lo dejaron de candidato porque si Sánchez lo hubiera apartado estaría reconociendo el enchufe del hermanísimo y, antes, la familia nuclear que la familia política. Ahora Pedro, en su comparecencia, supongo que proclamará una vez más la alerta antifascista. Me parece que si algo demuestra Extremadura es el agotamiento del mantra del miedo a la ultraderecha.

De hecho, hay un 3-4% que se ha ido directamente del PSOE a Vox. Luego otro pellizco ha ido buscando la opción de Podemos. El ascenso de Unidas Podemos de cuatro a siete escaños es porque se ha sabido desmarcar a la vez del PSOE y de Sumar, de la corrupción, de los casos de machismo, del sometimiento a Puigdemont y a Bildu. Por eso, si yo fuera Yolanda Díaz, hoy estaría tomando buena nota.

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