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González: “La España socialista tiene una tendencia irrefrenable a arruinar los proyectos en que participa"

El regreso de la fragata Méndez Núñez ha servido para que la ministra de Defensa haya ejercido su autoridad sin conocimiento del de Asuntos Exteriores

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Santiago González

Colaborador

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 11:00

El análisis de la actualidad de Santiago González en 'Hererra en COPE'

La España socialista tiene una tendencia irrefrenable a arruinar los proyectos en que participa por el torpe manejo de sus patitas traseras. Antes fue el gesto cojudo de Zapatero de quedarse sentado al paso de la bandera estadounidense y la retirada de las tropas de Irak. El regreso de la fragata Méndez Núñez ha servido para que la ministra de Defensa haya ejercido su autoridad sin conocimiento del ministro de Asuntos Exteriores, quizá porque había entendido al revés las palabras del almirante: “Más vale barcos sin honra que honra sin barcos”. No es que el concurso de Borrell fuera garantía de nada y Margarita Robles ha insistido en que la decisión ha sido técnica y no política.

Faltaba la ministra portavoz, Isabel Celaá para poner claridad en el conjunto: “la decisión se ha tomado por la imprevisibilidad de las decisiones del presidente Donald Trump”. El plantón tendrá consecuencias, claro, no ya por el efecto desmoralizador que ya ha tenido en la Armada española. Ese coloso triste que es el ejército en definición de Umbral, está acostumbrado a que le hagan feos. Es el crédito de España ante el socio norteamericano, es el dudoso porvenir de las veinte fragatas que la US Navy iba a encargar a Navantia, 16.000 millones de euros y que desde ahora tienen un porvenir dudoso.

Tiempo habrá de tasar cuántos puestos de trabajo va a suponer ese desplante. Muchos cientos. Ayer fue seguramente el día más duro en el juicio que se sigue a los presuntos golpistas en el Tribunal Supremo. El presidente Marchena tuvo que emplearse a fondo frente al desfile de frikis que las defensas organizaron ayer. El payaso Pesarrodona, aquel que posaba en las fotos con su nariz colorada junto a un guardia civil sin que le pasara nada, desmintiendo con esa sola foto la represión atroz. La llevó al Supremo, pero no se atrevió a ponérsela. La filósofa Marina Garcés, que inició su deposición dando cuenta de que la víspera tenía décimas de fiebre y que el día 1-O “aluciné”, motivando un oportuno corte de Marchena, que no valoró adecuadamente el esfuerzo de contención de la filósofa. Debió decir “aluciné pepinillos” o quizá “aluciné en colores”, expresiones que cuadran mejor con el colorismo sanchista.

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