Ana Velasco, historiadora: "En el siglo XVIII las piñas eran un objeto prohibitivo y los más ricos las ponían en la mesa para exhibirlas"
La historiadora Ana Velasco desvela en 'Herrera en COPE' las sorprendentes costumbres de las élites, como exhibir fruta carísima o teñirse los dientes de negro

Escucha las 'Curiosidades de la Historia' de Ana Velasco del lunes 16 de marzo
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En el programa Herrera en COPE, Carlos Herrera y Alberto Herrera han conversado con la historiadora y experta en arte Ana Velasco sobre las excentricidades y lujos que han caracterizado a las clases más ricas a lo largo de la historia. Velasco ha desgranado algunas de las costumbres más llamativas, desde el alquiler de piñas para su mera exhibición hasta el uso de monos como criados.
Una de las modas más curiosas tuvo lugar en el siglo XVIII con las piñas. Según Velasco, cuando el comercio transatlántico se hizo más fluido, esta fruta se convirtió en un objeto prohibitivo para la mayoría. Su aspecto exótico llevó a los más ricos a exhibirlas en sus mesas como un símbolo de estatus, una costumbre de la que deriva el uso actual de los fruteros. "Eran tan caras que había que alquilarlas", explicó la historiadora, subrayando que en muchos casos ni siquiera se comían.
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Lujos excéntricos | Curiosidades de la historia
Animales exóticos como símbolo de poder
Los animales también han sido un objeto de lujo. Velasco recordó el origen de los "perritos falderos", llamados así porque las damas de la alta sociedad los llevaban en sus faldas o regazo, y conocidos en Francia como "perritos de salón". Estos animales exóticos o de raza se exhibían como un "objeto de poder" en las tertulias del siglo XVIII. Sin embargo, la experta destacó que "los monos desataron una pasión brutal en Europa entre el siglo XVI y el siglo XVIII".
A estos primates se les trataba como a sirvientes en miniatura, vistiéndolos e incluso enseñándoles a realizar tareas como llevar bandejas o tocar instrumentos. La afición llegó a la realeza, ya que a "Luis XIV le encantaban", al igual que a sus amantes. Esta fascinación dio lugar a un género pictórico, las "monerías", que representaba a monos en actitudes humanas para satirizar los vicios de los ricos, como la avaricia o la gula. Velasco también mencionó que en la antigua Roma los pavos reales y los flamencos eran muy deseados en las villas de los poderosos.
El oro y los dientes negros como distinción
Otra costumbre sorprendente era beber oro. Durante la Edad Media, la alquimia popularizó la creencia de que el oro, considerado la perfección, "conseguía la inmortalidad". Esta práctica, que también se dio en el antiguo Egipto y Roma, llevó a muchos a consumir metales pesados. Velasco advirtió que "todo esto es muy venenoso", aunque señaló que el oro se utiliza hoy en día en algunos medicamentos para la artritis. Además, se usaba en postres o espolvoreado en el pelo para simular ser rubio.

Familia de la Antigua Roma
En el Japón medieval y hasta la era Meiji (mediados del siglo XIX), tener los dientes negros era un símbolo de estatus y belleza. Esta práctica, que a los occidentales les parecía extraña, consistía en teñir la dentadura con una mezcla de té, limaduras de hierro y otros colorantes. Lejos de ser una simple moda, se descubrió que protegía los dientes de las caries. Curiosamente, mientras en Japón se ennegrecían los dientes, en la Europa del siglo XIX se llegaban a usar dentaduras postizas hechas con los dientes de soldados caídos en las guerras de Napoleón.
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