Antonio Agredano y los nuevos usos de los drones: "Me gusta ver la vida desde el cielo, porque todo dolor es minúsculo"

El cronista de Herrera en COPE habla de las nuevas utilidades que comienzan a tener los drones.

Antonio Agredano
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Drones, por Antonio Agredano | Crónicas Perplejas

Redacción Herrera en COPE

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2 min lectura2:11 min escucha

Grabar series para las grandes plataformas, en fincas agrícolas o de caza o para los circuitos de Fórmula 1... muchos son los usos que tienen ya los drones y con los que se ha inspirado Antonio Agredano para sus Crónicas Perplejas.

DRONES

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Me gusta ver la vida desde el cielo, porque todo dolor es minúsculo. Porque los mapas se miran así, con distancia para entender las rutas y sus obstáculos. Desde arriba todo tiene la medida exacta. Los campos áridos, el serpenteo de los ríos; las rutinas invisibles de los que abajo quedan, haciendo sus vidas, con sus urgencias reducidas casi a nada.

A veces, para entender las cosas, sólo hace falta elevarse. Dejar atrás la asfixia del asfalto, de la contención, de los cumplidos, y arañar el cielo. Porque desde allí los éxitos y los fracasos tienen el mismo tamaño. Porque desde allí se entiende la anatomía de las ciudades y sus exigencias y lo fuerte que hemos sido todo este tiempo. Atravesando los años y las dudas. Manteniendo vivos los amores y los recuerdos. Impidiendo que el abandono y el miedo nos engulla.

Todos hemos soñado que volábamos. Quizá sea solo un deseo de huida que se cuela en la noche. Abandonar las calles y su tráfico y las casas y sus problemas y sobrepasar poco a poco los tejados y empequeñecer el tránsito y las exigencias de la vida. Como un dron que en vertical va desapareciendo ligero de nuestra vista, grabando lo que deja atrás, como una memoria de su desapego.

Pero cuidado. Porque en el placer de irse está el riesgo de no volver. Como Ícaro, cuyas alas derritió el sol. Quizá sea mejor acostumbrarnos al suelo. A las decepciones. A los buenos días, a la cordialidad, a la pereza, a los madrugones, a las pérdidas. Quizá sea mejor acostumbrarnos al presente, a su perspectiva cerrada, a su cotidianidad, a su felicidad intermitente.

Y dejar el cielo para los pájaros. Y sobrevivir a nuestros propios fantasmas.

Visto en ABC

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