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Schlichting: “La propaganda está destruyendo Europa, lo de Puigdemont es un duro golpe a la UE"

La decisión de la justicia alemana de no admitir a trámite el delito de rebelión dentro del proceso de entrega a España del expresident Puigdemont, en el editorial de Cristina López Schlichting

 

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'Fin de Semana' COPE

Tiempo de lectura: 4' Actualizado 11:21

Un profundo desaliento recorre España después de que los tribunales alemanes hayan respaldado la decisión de los secesionistas catalanes de romper una nación de Europa.

La Unión Europea nació para desbancar los recelos y evitar guerras y desacuerdos entre nuestros países. Y estaba fundamentada en la convicción de que las naciones de Europa respetan todas el habeas corpus y fundamentan su gestión en el estado de derecho. Eliminamos las fronteras desde la profunda convicción de que somos socios que buscan la razón y la justicia y respetan los derechos humanos. El Tribunal Superior de Justicia de Schleswig Holstein ha puesto esta semana estos principios en duda. Ha establecido que el Reino de España pretende juzgar al señor Carles Puigdemont por delitos que no ha cometido. Atribuirle violencias que no ha perpetrado.

Sencillamente, lo que se ha demostrado esta semana es que la propaganda está destruyendo Europa. Al Brexit sucede ahora la posibilidad de que las regiones europeas se desgajen de la Unión. Ya hemos tenido que comprobar que la irrupción de la propaganda rusa en Gran Bretaña ha influido gravemente en nuestro futuro como continente. Ahora apreciamos que el marketing secesionista ha sido capaz de nublar las conciencias de periodistas y magistrados alemanes hasta el extremo de hacerles dudar que España sea un país democrático. Es un durísimo golpe al continente y a la mutua confianza.

Que yo sepa, la euroorden fue precisamente una iniciativa para evitar que se politizasen las extradiciones. Antes de la euroorden eran los gobiernos los que decidían sobre éstas; se trataba de que los tribunales asumiesen esa función y se limitasen a establecer que los delitos cometidos por una persona estaban contemplados en los códigos de los dos países implicados. Te mando un ladrón en la confianza de que en tu país se castiga el robo. Te mando un golpista en la confianza de que en tu país se castiga el golpismo.

Schleswig Holstein ha ido mucho más allá. Ha establecido que España juzga por rebelión cosas que no lo son. Puigdemont no ha sido condenado por rebelión, tan sólo se le reclama por ella. Si es o no rebelde, es cosa que los tribunales españoles establecerán en un juicio que aún no ha tenido lugar. Antes de llegar a Alemania también discutíamos aquí si era culpable del tipo de rebelión o sólo del de sedición. Ya sabemos que la violencia en Cataluña no ha llegado, gracias a Dios, a la sangre. Eso no hace falta que nos lo expliquen los alemanes.

En la República Federal se castiga duramente que un estado federal, un land, intente romper la unidad nacional. Se considera “alta traición”. Aunque la mera sedición fue eliminada del código penal alemán en la reforma de 1970, el Tribunal Constitucional de Karlsruhe estableció en 2016 - tras una consulta de un ciudadano - que los Länder no tienen derecho a desgajarse de Alemania. Que eso es anticonstitucional.

Si algún estado alemán llegase a hacerlo ¿qué harían los alemanes? Sencillamente, los tribunales germanos no se lo han planteado. Se han dejado llevar por una campaña de opinión fortísima en la que ni uno solo, repito, ni uno solo de los periódicos nacionales ha considerado la opinión de 40 millones de españoles. En la prensa alemana, desde la izquierda a la derecha, desde la Süddeutsche Zeitung hasta la Franfurter Allgemeine Zeitung todos los periodistas han comprado el discurso del independentismo. ¿Por qué? Porque lleva engrasándose con nuestro dinero todos los años que llevaban abiertas por todo el mundo las escandalosas embajadas catalanas. Las que fomentaban comidas con los periodistas, proporcionaban idearios, pagaban viajes... He aquí el resultado.

Un tribunal de provincias alemán ha tenido que enfrentar la opinión de todo un país. Y entre desatar las iras o los aplausos, ha tirado por la calle de en medio. Ni extradición por rebeldía, ni libertad al primer envite. Puigdemont se queda sujeto a control policial en Alemania pero sólo podrá ser extraditado por malversación de fondos.

¿Cómo es posible que se malversen fondos si el delito para el que se usan no es delito? Yo no lo entiendo. Por eso ha dicho la ministra de Justicia alemana ayer que tal vez Puigdemont ni siquiera sea extraditado por malversación. Que tal vez, textualmente “se convierta en un hombre libre en un país libre”. Esta señora socialista, socia de Merkel, está insinuando con sus afirmaciones que España no es un país libre. Esto es un golpe en la línea de flotación de la Unión Europea.

Dice el artículo 82 del Código Penal alemán: “Comete alta traición contra un estado federal quien intente, con violencia O POR MEDIO DE AMENAZA CON VIOLENCIA separar una parte de un estado o cambiar el orden constitucional” ¿Alguien me puede explicar en qué difiere esto de nuestra definición de Rebeldía?

El tribunal de Schleswig Holstein no se ha limitado a comparar los tipos penales entre ambos países libres y democráticos. No. Ha entrado a juzgar el fondo de la cuestión, es decir, si Carles Puigdemont es o no culpable del delito. Y eso es tarea del tribunal español, ante el que el acusado tendrá derecho a una defensa justa y democrática, alegando por ejemplo que no hizo uso de la violencia.

El juez Pablo Llarena se plantea con razón acudir a la máxima instancia judicial europea, el Tribunal de Luxemburgo. Porque no hay derecho a que se ponga en duda que España es una democracia. No hay derecho a que un socio de la unión hable de países libres y sugiera que otros no lo son. Es sencillamente denigrante.

De fondo, insisto, afrontamos el problema del agit prop. De una propaganda tremenda, pagada con nuestro propio dinero, que podría acabar con la Unión Europea, como se ha demostrado en el Brexit. En Alemania, sencillamente, la opinión desconoce la gravedad de lo que está ocurriendo en Cataluña. Merece la pena escuchar al empresario alemán que hizo frente a Roger Torrent en el Círculo de Empresarios, Karl Jacobi.

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