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La historia de una comunidad religiosa que cambió un plácido emplazamiento por Siria

La comunidad de religiosas trapenses de la Toscana se mudó a Siria en 2005

La historia de una comunidad religiosa que cambió un plácido emplazamiento por Siria

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 13:36

En 2005, una comunidad de religiosas trapenses de la región italiana de Toscana decidió establecerse en Siria, en la localidad de Azeir, cerca de la frontera con el Líbano, donde fundaron el Monasterio de Nuestra Señora Fuente de Paz.La elección de iniciar una vida monástica en Siria surgió a raíz del martirio de los monjes de Tibhirine, secuestrados y asesinados en 1996, con la intención de recoger el legado dejado por ellos: “una vida en Cristo, un testimonio de fe”, en un país de mayoría musulmana, entre hermanos de diferentes credos, pero con algo que los une: “vivir la vida frente a Dios”. Pocos años después de su asentamiento la guerra estalló en el país. Pero esta situación no hizo desistir a las religiosas en su propósito de dar su testimonio en un país donde los cristianos son minoría, pero está allí desde los orígenes.

La comunidad está compuesta por seis hermanas. La hermana Marta, superiora del monasterio, explica que la decisión de quedarse durante la guerra ha sido su primer testimonio, la forma de mostrar una esperanza para el futuro, continuando con su vida de oración y de trabajo. También han procurado dar trabajo a la gente a través de una pequeña cooperativa, ayudar a los jóvenes que no podían pagarse sus estudios, a comprar las medicinas de los enfermos. Han ayudado a familias que necesitaban comer, que necesitaban gasolina, gas para para cocina, o arreglar sus casas dañadas por la guerra.

En la perspectiva de la Jornada delDOMUND la hermana Marta ha dicho a Vatican News que el desafío ahora es comunicar el sentido profundo a la existencia dentro de una vida cotidiana que para muchos está marcada por el cansancio y la desesperanza. La misión es siempre proclamar el Evangelio, y el Evangelio pasa por la pasión y muerte del Señor, hasta llegar a la Resurrección. Esto es lo que permite vencer al miedo, tanto el que provocaba la guerra como el que ahora provoca la pandemia.

Al haber vivido en Siria estos años, donde la posibilidad de la muerte era algo cotidiano, estas religiosas han visto crecer su capacidad de redescubrir el sentido de la vida, no siempre sin dificultad. “Creo que en medio de toda esta situación se nos llama sobre todo a ser testigos de la victoria de Cristo sobre la muerte”

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