Soldados de Demichelis, esperanza o descenso II
El RCD Mallorca muestra otra imagen en Pamplona en el debut del técnico, pero queda mucho trabajo por delante

Celebración de uno de los goles en El Sadar
Mallorca - Publicado el
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No cambió muchas cosas en el equipo pero cambió el equipo. Así podría resumirse la puesta en escena del Mallorca de Martín Demichelis el pasado sábado en Pamplona.
Un vistazo a la alineación podría provocar desconcierto. Cuál iba a ser la propuesta del técnico en su primer partido con un equipo que había cogido moribundo, sin ninguna confianza en sí mismo, con un balance muy pobre en lo ofensivo y en lo defensivo, con nula confianza. Alguien que no cree en sí mismo termina convenciendo a los demás que no hay posibilidad de mejora.
Pero al entrenador le llevan a un lugar para que eso cambie, para que los jugadores que no sacan nada de lo que pueden ofrecer lo hagan. Sorprendía en la primera propuesta del técnico argentino ver al jugador más talentoso del equipo, al más desequilibrante, Jan Virgili, fuera de la alineación. La preocupación se doblaba, pues, en los instantes previos al encuentro ante Osasuna.
Quién iba a generar, tendría algún problema físico el extremo, quién iba a ponerle alguna a Muriqi...La apuesta era además con todo centrocampistas en la medular, todos de balón al pie; partía además con Pablo Torre, un jugador al que se le había olvidado jugar al fútbol, no parecía ni jugador de primera división en sus últimas apariciones, con nula confianza, perdiendo controles fáciles, incapaz de asociarse. No quería ni ver el balón, ni él ni nadie.
Todo esto lo había visto el mallorquinista en Vigo y lo había visto en su propia casa ante la Real Sociedad, algo que el mallorquinista no puede soportar, por ello empezó a castigar esa falta de valentía con protestas hacia sus jugadores.
Una de las cosas que dijo nada más llegar Demichelis y lo repitió tras su debut, es que hay que ser valientes: no se puede salir a desarrollar una actividad creativa, un juego, con miedo. Pero también repitió el entrenador que había que recuperar el divertimento: jugadores dispuestos a jugar, a hacer lo que saben. Parece todo muy básico, pues por los básicos hay que empezar cuando un equipo está tan dañado como lo estaba y está el Mallorca. A los básicos hay que volver cuando todo se ha nublado en la vida. Recordar porque llegaste hasta aquí, qué te impulsó, que te llevó a querer estar donde estás. El futbolista en su origen.
El balón como amigo.-
La propuesta del entrenador era el balón, volver a jugar, volver a asociarse, no tener miedo, estar bien posicionados, de tal manera que siempre había un pase extra, de tal manera que un mal pase se corregía pronto al estar bien relacionados, o por activarse inmediatamente al perder un pase o un control.
Puso Demichelis a Mascarell de pivote, escoltado a un lado por Costa y al otro por Morlanes, con Torre en el vértice y dos delanteros que detuvieran a la defensa, que incordiaran como son Muriqi y Mateo Joseph. Torre preocupaba a la medular de Osasuna alojándose tras los pivotes y dando continuidad al equipo.
La puesta en escena fue impecable, la presentación de un equipo que de pronto se atrevía a jugar a fútbol. Es obvio que alguien que viera el partido desde Albacete se aburriría, porque no pasaban grandes cosas, pero el Mallorca quería monopolizar el balón, que no le corriera Osasuna, un equipo que cuando tiene espacio o puede imprimir su ritmo, con una réplica de Virgili como es Víctor Muñoz por un lado y Rubén por el otro, o cuando entra Raúl Moro, un equipo eléctrico, con un delantero generador y gran finalizador como el ex bermellón Budimir. Teníamos un duelo estupendo de goleadores, Muriqi-Budimir, y ambos acudieron a la cita.
Los bermellones, de blanco en El Sadar, estuvieron casi siempre juntitos en lo defensivo, es cierto que con algunas lagunas en la espalda de los laterales. No se rehace un equipo destrozado en cinco días. Además, volvió a quedar claro que el equipo no está sobrado de condición física, ahí estuvieron las molestias de Torre y Raíllo que obligaron al técnico a sustituir piezas, en una temporada en la que las lesiones musculares han sido recurrentes. Algo que no evalúa el entrenador, quien ha sido completamente respetuoso con el cuerpo técnico anterior.
No se cambia un equipo en cinco días ni en diez, pero Demichelis y su cuerpo técnico lograron cambiar mucho, eso empezaba por sacar una mejor versión jugador por jugador, eso ya se vio en el primer día, y para contrarrestar una posible tentación de autocomplacencia de los jugadores, ya estarán ahí los entrenamientos y la corrección para demostrarle al jugador que apenas empieza a ser quien se espera que sea. Uno de los principales problemas de esta plantilla en los últimos tiempos es la confusión por la baja exigencia. Hace un año que están confundidos, y no es responsabilidad exclusivamente suya. Cuando un hijo hace lo que quiere o no asimila bien el error, o no hace las cosas bien, es obvio que algo en la transmisión y la educación está fallando, en este caso la exigencia desde el campo y desde el club, un grupo consentido.
Aquí no hablamos de piezas sino de personas, por más adultos fenomenalmente bien pagados que sean, la condición humana no tiene nada que ver con la retribución, sí condiciona y sí estimula, pero no es determinante, lo determinante es el diálogo de ese futbolista consigo mismo y con sus compañeros.
Dijimos que Demichelis tenía que recuperar a unos jugadores inseguros, indolentes para convertirlos en futbolistas con autoestima. Eso no se hace un día, el cambio fue enorme, pero se vieron en los últimos instantes en Pamplona esos fantasmas, a ese equipo dañado.
Desterrar el miedo.-
Llegará un momento si el trabajo de recuperación mental de los jugadores funciona, en el que no aparezca ese miedo, que el jugador sepa cómo comportarse, que se active antes frente a una amenaza, que el jugador esté prevenido ante lo que pueda ocurrir, que sea hacer movimientos de corrección, que esté atento en definitiva porque sepa detectar los peligros antes de que sucedan. Eso no se hace en un día, faltan muchos automatismos que llegarán mediante la repetición y la información que Demichelis y su cuerpo técnico transfiera a sus jugadores.
Es una semana apasionante porque ante la visita del Espanyol, habrá que ver el plan de Demichelis, si vuelve a apostar por centrocampistas y balón o prefiere algún extremo. No tendrá en teoría a Virgili por la absurda expulsión, hay curiosidad por ver si Luvumbo o Kalumba le dicen cosas para desequilibrar por fuera o si opta por ese fútbol asociativo frente a un equipo que se encuentra cómodo también corriendo como el Espanyol.
Una semana en la que se ha de continuar con esa transformación de un grupo que estaba perdido en personas que crean en una causa y sean "soldados de Demichelis", como deben ser los que estén fuera yendo con su equipo a por la victoria final. Mientras, esa transmisión de conceptos y sobre todo de autoconfianza pasan por la sentencia del entrenador: "las penas en el fútbol se matan con fútbol". Ante el error, más entrenamiento, ante la decepción, más entrenamiento, ante la victoria, más entrenamiento. Demichelis ha traído esperanza, la de todos los mallorquinistas, es eso o condenarse al descenso.



