Un historiador desmonta el gran mito catalán: el origen de las cuatro barras de la señera
La popular leyenda de Guifré el Pilós es una invención del siglo XVII y el escudo era un emblema familiar, no territorial, según el experto Òscar Uceda

lo ha explicado el historiador Òscar Uceda, miembro de la asociación de historiadores de Cataluña Antoni Capmany, en el programa 'Herrera en COPE Cataluña'.
Barcelona - Publicado el
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El origen de la señera catalana, uno de los símbolos más arraigados en la cultura popular, está envuelto en una leyenda heroica que ha pasado de generación en generación. Sin embargo, esta narrativa no se corresponde con la realidad histórica. Así lo ha explicado el historiador Òscar Uceda, miembro de la asociación de historiadores de Cataluña Antoni Capmany, en el programa 'Herrera en COPE Cataluña'. El experto ha desmontado el conocido mito de Guifré el Pilós y el rey franco, arrojando luz sobre el verdadero y complejo origen de las cuatro barras.

La leyenda cuenta que, tras una batalla, el rey franco Luis el Piadoso mojó sus dedos en la sangre del herido conde de Barcelona, Guifré el Pilós, y los deslizó sobre su escudo dorado, creando así las cuatro barras.
Una romántica invención
La leyenda cuenta que, tras una batalla, el rey franco Luis el Piadoso mojó sus dedos en la sangre del herido conde de Barcelona, Guifré el Pilós, y los deslizó sobre su escudo dorado, creando así las cuatro barras. 'Es una leyenda', afirma rotundamente Uceda. El historiador ha revelado que el relato no proviene de la tradición popular, sino que fue una invención de un cronista del siglo XVII llamado Beuter. 'Fue el historiador Joan Despuig quien, tras investigar, descubrió que era una invención del propio Beuter', aclara Uceda, señalando las inconsistencias cronológicas de la historia original, ya que Luis el Piadoso murió en el año 840, el mismo año en que nació Guifré.
La historia es muy chula, es muy romántica"
A pesar de su falsedad, el relato caló hondo en el imaginario colectivo gracias a su potente carga simbólica. 'La historia es muy chula, es muy romántica', admite el historiador, lo que explica su éxito. Fue durante el romanticismo y la Renaixença catalana cuando la leyenda adquirió una enorme popularidad. Escritores como Víctor Balaguer la adoptaron y la divulgaron en sus obras, otorgándole una 'verosimilitud' que la consagró. 'Al final, ha adquirido tanta fuerza que la mayor parte de la gente no es conocedora de que realmente esto no sucedió jamás', reflexiona Uceda.

'En la Edad Media, los escudos nobiliarios eran como los logotipos de las empresas ahora'
Marca de familia, no de territorio
Desmontado el mito, surge la gran pregunta: ¿de dónde vienen entonces las cuatro barras? La respuesta, según el experto, nos aleja de las gestas heroicas y nos sitúa en el ámbito de la heráldica medieval. 'En la Edad Media, los escudos nobiliarios eran como los logotipos de las empresas ahora', explica Uceda de forma didáctica. No representaban un territorio, sino que eran una 'marca de familia'. El escudo pertenecía al linaje dominante, que marcaba así sus tierras y posesiones independientemente de la lengua o el lugar.
Es una marca de familia, no de territorio"
Esta aclaración es clave para entender la histórica disputa sobre si las barras son de origen catalán o aragonés. Uceda explica que no se trata de una propiedad territorial, sino familiar. El debate se centra en si el emblema pertenecía a la casa de Barcelona o a la casa real aragonesa. La discusión se aviva con figuras como Ramon Berenguer IV, conde de Barcelona y príncipe consorte de Aragón por su matrimonio con la reina Petronila de Aragón. 'Los aragoneses dicen que el logo era nuestro, de la familia que venía de Aragón, y no de la catalana', comenta el historiador, quien añade que el hallazgo del escudo más antiguo conocido en Aragón alimenta aún más esta polémica.
Cataluña, un concepto en construcción
El historiador también aprovecha para contextualizar que la idea de una Cataluña unificada es posterior a la época en que surgen estos símbolos. Durante la Alta Edad Media, el territorio estaba fragmentado en diferentes condados. Aunque el condado de Barcelona era el predominante, existían otros señoríos que se resistían a su poder. Uceda destaca el caso del condado de Pallars, 'el último reducto' que se enfrentó al dominio barcelonés y cuyo último conde, curiosamente, llegó a luchar junto al famoso César Borgia en Navarra.
En definitiva, el origen de las cuatro barras sigue siendo un tema de debate entre historiadores, pero con una certeza: la leyenda de la sangre es solo eso, una 'invención muy bonita', como concluye Òscar Uceda. La realidad histórica habla de emblemas familiares, disputas de poder y un territorio, la actual Cataluña, que se fue configurando a lo largo de los siglos. Una historia quizá menos épica que el mito, pero mucho más compleja e interesante.
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