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Los expertos siguen insistiendo en no generar alarma: las probabilidades no apuntan a una erupción en el Teide en los próximos meses
El catedrático de Petrología y Geoquímica de la Universidad de La Laguna Ramón Casillas insiste en que, en cualquier caso, "hay que estar preparados para una erupción", que se podría producir en los próximos años

Ramón Casillas, catedrático de la ULL
Tenerife - Publicado el
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La actividad sísmica de las últimas semanas en el entorno del Teide ha vuelto a poner el foco sobre el riesgo volcánico en Tenerife. Como hemos venido contando, los enjambres sísmicos se vienen repitiendo. Sin ir más lejos, el pasado fin de semana, se han registrado 876 eventos de baja magnitud entre el jueves y el sábado, reactivando la preocupación y el interés tanto de la comunidad científica como de la población. Estos movimientos, localizados a unos ocho kilómetros de profundidad al oeste de Las Cañadas del Teide, son objeto de un minucioso seguimiento por parte de los expertos, que, si bien llaman a la tranquilidad, insisten en la necesidad de no bajar la guardia y mejorar la preparación ante un fenómeno que, tarde o temprano, volverá a ocurrir en la isla.
¿Qué ocurre bajo el Teide?
Para comprender la situación actual, Ramón Casillas, catedrático de Petrología y Geoquímica de la Universidad de La Laguna y miembro del comité científico del PEVOLCA, ha explicado en Herrera en COPE Tenerife la naturaleza de estos fenómenos. Según el experto, la sismicidad que se ha venido registrando desde hace años en la isla está relacionada principalmente con el movimiento de fluidos en profundidad, y no con el ascenso de magma, un matiz clave para rebajar el nivel de alarma. "De momento es verdad que ha existido actividad sísmica, liberación de gases y un poco de deformación, pues se ha venido incrementando desde el año 2016, y más intensamente desde 2023", ha admitido Casillas.
No obstante, el catedrático subraya que estos indicadores no son concluyentes. A pesar de que en las últimas semanas se han detectado "unas señales sísmicas un poco novedosas en el entorno del Teide" que motivaron la reunión del comité científico, la situación no ha cambiado drásticamente. "De momento no tenemos una señal inequívoca de que se vaya a producir una erupción volcánica a corto, incluso a medio plazo", ha afirmado con rotundidad.
De momento, no tenemos una señal inequívoca de que se vaya a producir una erupción volcánica a corto, incluso a medio plazo"
Catedrático de Petrología y Geoquímica de la Universidad de La Laguna y miembro del comité científico del PEVOLCA,
El comité volverá a reunirse este jueves para analizar con detalle estas nuevas señales y su evolución, pero el mensaje principal es que la actividad actual no presagia un desenlace inminente. Casillas define los plazos en vulcanología para aclarar el horizonte temporal: el corto plazo se refiere a días o semanas, el medio plazo a varios meses y el largo plazo ya entraría en el rango de años. La situación, por tanto, se mantiene en un escenario de vigilancia activa sin que se hayan activado las alertas por una erupción cercana.
El doble mensaje a la población: calma y preparación
El mensaje para la población es de "tranquilidad", pero no de olvido. Los expertos insisten en que vivir en un archipiélago volcánico activo implica asumir la realidad de futuras erupciones, como las ocurridas recientemente en El Hierro y La Palma. En este sentido, Ramón Casillas pone el énfasis en la prevención y la preparación. "Lo interesante es que debemos estar preparados para la erupción", ha señalado, apuntando a que este trabajo previo es fundamental para mitigar los efectos de un futuro evento eruptivo.

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Esta preparación abarca múltiples facetas, desde la ordenación del territorio hasta la educación de la población en medidas de autoprotección. Casillas defiende la necesidad de que la sociedad se involucre a todos los niveles, incluyendo a los gestores de emergencias, los representantes políticos, los medios de comunicación y la ciudadanía en general. "Lo importante es implementar todas esas medidas preventivas, y en eso debemos de insistir", ha recalcado el científico.
La dorsal noroeste, desde Las Cañadas a la punta de Teno, es la que presenta un mayor riesgo"
Catedrático de Petrología y Geoquímica de la Universidad de La Laguna y miembro del comité científico del PEVOLCA,
En esta línea, los simulacros de evacuación como el realizado recientemente en Garachico o el próximo que se llevará a cabo en Guía de Isora son herramientas valiosas. Estas prácticas preventivas, según Casillas, "son una buena medida para que la población se vaya dando cuenta de que efectivamente existe ese riesgo y que tenemos que saber cómo actuar al momento que se produzca". La formación y la información veraz se convierten así en los pilares para una sociedad resiliente y preparada.
El mapa de probabilidades de una futura erupción
Una de las mayores incertidumbres que rodean a la vulcanología es predecir con exactitud dónde y cuándo ocurrirá la próxima erupción. Como recordaba el vulcanólogo Nemesio Pérez en COPE hace unos días, en este campo hay que hablar de probabilidades y no de certezas. Ramón Casillas traza un mapa de peligrosidad para Tenerife basado en el pasado eruptivo de la isla. La zona con mayor probabilidad de albergar una erupción es la dorsal noroeste, el eje que se extiende desde Las Cañadas hasta el macizo de Teno, por ser la más activa "en los últimos años".
Sin embargo, esto no excluye otras áreas. La dorsal noreste, que va desde el centro de la isla hacia La Laguna, también presenta un riesgo considerable, con erupciones históricas en el siglo XVIII como las de Siete Fuentes, Fasnia y Arafo. Tampoco se puede descartar la parte central de la isla, donde se encuentra el complejo Teide-Pico Viejo. La última erupción en esta zona, conocida como las "coladas negras" o Lavas Negras, tuvo lugar hace más de mil años.
En el extremo opuesto, la zona de Anaga es la que presenta una peligrosidad "bastante más baja que en el resto de la isla", ya que prácticamente no ha registrado erupciones importantes en cientos de miles de años. Este escenario de probabilidades obliga a mantener la vigilancia en toda la isla, aunque los esfuerzos se concentren en las zonas de mayor riesgo. El mensaje final de los científicos es claro: la certeza es que Tenerife vivirá otra erupción; la clave es estar formados, informados y preparados para cuando llegue el momento.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



