

"La muerte de Shigeaki Mori no es solamente el fallecimiento de un superviviente más de Hiroshima, es la pérdida de una de las últimas voces directas de lo que pasó aquel 6 de agosto de 1945"
Recuerda Pilar García Muñiz la figura de Sigeak Mori, superviviente de Hiroshima, fallecido a los 88 años
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La muerte de Shigeaki Mori no es solamente el fallecimiento de un superviviente más de Hiroshima, es la pérdida de una de las últimas voces directas de lo que pasó aquel 6 de agosto de 1945, cuando el ejército estadounidense arrojó la primera bomba atómica empleada contra la población civil. Un ataque devastador que dejó unas 70,000 personas muertas en el instante, a las que se sumarían decenas de miles en los meses y años siguientes.
Mori tenía 8 años cuando cayó la bomba. Estaba a poco más de dos kilómetros del epicentro. Sobrevivió, pero como tantos otros, cargó toda su vida con las consecuencias de la radiación y sobre todo con la memoria de lo vivido.
Lo que le distingue no es solamente haber sobrevivido, sino lo que hizo después, porque durante décadas se dedicó a investigar sobre las muertes de soldados estadounidenses capturados durante la guerra.
Su trabajo reveló que 12 prisioneros de guerra estadounidenses murieron en el bombardeo a Hiroshima. No eran compatriotas ni aliados, eran en teoría el enemigo. Pero aun así Mori dedicó años a identificar sus nombres y a reconstruir sus historias.
Ese detalle es importante porque rompe una lógica bastante común en los conflictos, la de reducir al otro a una categoría abstracta. Mori hizo justo lo contrario, individualizó, puso nombres donde antes solo había cifras porque tenía claro que el sufrimiento no conoce fronteras.
Ese trabajo le llevó a cruzarse con un momento histórico. La visita de Barack Obama a Hiroshima en 2016 fue la primera vez que un presidente estadounidense en activo acudía al lugar. Allí Mori y Obama se encontraron. No hubo grandes discursos entre ellos, pero sí un abrazo que dio la vuelta al mundo porque resumía algo difícil de expresar con palabras. Un reconocimiento mutuo desde posiciones históricas opuestas y en cierta medida suponía también reconciliación.
Con su fallecimiento a los 88 años desaparece otro testigo directo de la bomba atómica y eso plantea una cuestión relevante. ¿Qué ocurre cuando ya no quedan personas que puedan contar lo sucedido en primera persona?
Porque mientras los debates actuales giran en torno a capacidades nucleares, equilibrio de poder o ataques preventivos, este hombre representaba la memoria, las consecuencias reales de todo eso y un recordatorio de que la guerra no termina cuando cesan las armas, sino cuando dejamos de aprender de todas sus consecuencias.



