María Luisa Polo, la vecina de Ateca que cogió el tren equivocado en el 11M: "Una casualidad fatídica"
Javier Sada, alcalde de la localidad zaragozana de Ateca en 2004, rememora el impacto del atentado en el pueblo y la “casualidad fatídica” que le costó la vida a la bibliotecaria del municipio

Entrevista al ex alcalde de Ateca, Javier Sada, sobre el atentado del 11M
Zaragoza - Publicado el
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Veinte años después de los terribles atentados yihadistas del 11 de marzo de 2004 en Madrid, la memoria de las víctimas sigue viva. Aquel día, fijado por la Unión Europea como el Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo, murieron 192 personas y casi 1.900 resultaron heridas. Entre los fallecidos se encontraban tres aragoneses: el estudiante de 19 años Óscar Abril, cuyos padres eran de Alfambra (Teruel); el comandante del ejército de tierra Miguel Sierra, de 37 años y natural de Zaragoza; y la bibliotecaria María Luisa Polo, de 50 años y originaria de Ateca.
El recuerdo de María Luisa Polo ha resonado con especial fuerza en su pueblo natal, Ateca (Zaragoza). Javier Sada, quien era el alcalde de la localidad en aquel entonces y posteriormente presidente de las Cortes de Aragón, ha rememorado cómo se vivió la tragedia en el municipio. La noticia llegó de forma dramática en plena campaña electoral. “Suspendimos todos los actos. Yo había quedado con su cuñado para comentar lo que estaba pasando, y no pudo venir porque no aparecía, no podían contactar con su cuñada”, ha explicado Sada. El familiar se desplazó a Madrid con el peor de los presagios, que se confirmó horas después: María Luisa era una de las víctimas mortales.
Una fatídica casualidad
La presencia de María Luisa en uno de los trenes atacados fue fruto del azar. Según ha relatado Javier Sada, ella no solía utilizar ese medio de transporte. “Ella iba siempre en autobús, prácticamente siempre iba a trabajar en autobús”, ha detallado el exalcalde. Sin embargo, aquel fatídico día, por razones desconocidas, “decidió coger el tren”. María Luisa llevaba poco tiempo trabajando en la Biblioteca Nacional y ese cambio en su rutina diaria tuvo un desenlace trágico. El propio Sada lo ha definido como una de esas casualidades que marcan un destino.
Fue tremendo. Una casualidad fatídica"
Alcalde de Ateca en 2004
El shock de un pueblo unido
En una localidad pequeña como Ateca, donde la mayoría de los vecinos se conocen, la noticia causó una profunda conmoción. “Fue tremendo”, ha recordado Sada, quien conocía a los padres de la víctima y a su hermana gemela, residente en el pueblo. El exalcalde ha subrayado el dolor incomprensible que genera un acto terrorista, una “muerte tan gratuita” que no solo acaba con la vida de la persona asesinada, sino que destroza a todo su círculo cercano. “Aquí se le ponía cara y se le ponía relación muy directa con una de las víctimas”, ha añadido, explicando cómo la tragedia abstracta que vivía el país se convirtió en un dolor tangible y personal para los atecanos.

Un recuerdo que perdura
El paso del tiempo no ha borrado la huella de María Luisa Polo. Su memoria sigue presente en Ateca, donde casi cada año se realiza un minuto de silencio en honor a ella y a todas las víctimas del terrorismo. De hecho, el acto de este año ha tenido lugar recientemente, coincidiendo con el vigésimo aniversario. Aunque las generaciones más jóvenes no la conocieron, los mayores todavía la recuerdan con claridad. A pesar de vivir en Madrid junto a su hija, María Luisa mantenía un fuerte vínculo con su pueblo.
Sada ha destacado que no solo venía a ver a su familia, sino que era una persona muy sociable que se dejaba ver y compartía tiempo con todos sus amigos. “Era una persona que venía muchísimo por Ateca y que además se dejaba ver y salía”, ha concluido. Este 11 de marzo, veinte años después, los vecinos de más edad han vuelto a hablar de ella, manteniendo vivo el recuerdo de la bibliotecaria a la que un cambio de planes le costó la vida en la mayor masacre terrorista de la historia de España.
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