La historia de la plata en Jaca desvela un pasado de abusos militares y tesoros perdidos
El siglo XVII en la Jacetania estuvo marcado por la inseguridad, los expolios a los moriscos y la fundición de valiosas piezas de orfebrería para pagar las guerras

Juan Carlos Moreno, asociación Sancho Ramírez
Jaca - Publicado el
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La historia de los plateros y argentarios de Jaca durante el siglo XVII revela un período convulso, marcado por la violencia y la inseguridad. Los abusos de los militares destinados en la ciudadela y los conflictos bélicos obligaron a tomar medidas drásticas para proteger los tesoros de plata de la comarca.
Expolio en la expulsión de los moriscos
Uno de los episodios más graves ocurrió en 1606, cuando los jurados de Jaca solicitaron la detención del maestre de campo Pedro Rodríguez de Santiesteban. Este gobernador militar fue acusado de secuestrar a moriscos y robarles grandes cantidades de oro, plata y alhajas, que ocultaba en el castillo de la ciudad.
Años más tarde, durante la expulsión de los moriscos en 1610, cerca de 15.000 personas atravesaron la Jacetania camino de Francia. El mismo Santiesteban fue el encargado de cachearlos uno por uno en el puerto de Somport para requisarles cualquier objeto de valor, pues tenían prohibido sacar oro o plata del reino. Su desdicha no terminó ahí, ya que al cruzar la frontera fueron expoliados de nuevo por las autoridades francesas, cumpliéndose el dicho de que "todos los pájaros comen trigo, pero la culpa para los gorriones".
La plata de la Iglesia, bajo amenaza
La inseguridad no cesó. En 1638, las tropas del teniente Antonio Montañez, que tampoco cobraban su sueldo, se dedicaban a robar por los caminos de la Jacetania, el Alto Gállego e incluso las Cinco Villas. La situación llegó a tal extremo que las iglesias de los pueblos tuvieron que trasladar sus cruces y cálices de plata al palacio episcopal de Jaca para protegerlos.
Incluso en la propia ciudad de Jaca, los templos restringieron sus horarios y solo abrían durante los momentos de culto para evitar los robos.
Un tesoro fundido para la guerra
No toda la plata se perdió por los robos. En 1647, el cabildo de la catedral de Jaca encargó un valioso busto de plata de San Pedro, elaborado a partir de otras alhajas fundidas. Sin embargo, la pieza tuvo que ser fundida a finales del siglo XVIII para contribuir a financiar la Guerra de la Convención contra Francia.
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