Un reloj de arena alado, unas cadenas o un tronco de roble: los símbolos escondidos en el Cementerio de San Miguel
El histórico camposanto malagueño, que recibirá importantes mejoras, es un museo al aire libre con un lenguaje propio y repleto de historias de personajes ilustres

Entrevista con Salvador Jiménez presidente de la Asociación Cultural Zegrí
Málaga - Publicado el
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El Ayuntamiento de Málaga ha impulsado una serie de nuevas actuaciones para poner en valor el Cementerio Histórico de San Miguel. Las obras, ya licitadas, contemplan la pavimentación de viales, la creación de zonas peatonales, la sustitución de la iluminación y la renovación del sistema de evacuación de aguas. Esta noticia ha servido de pretexto para profundizar en la historia y los secretos del camposanto de la mano del historiador Salvador Jiménez, presidente de la Asociación Cultural Zegri.
El lenguaje oculto de las lápidas
Pasear por San Miguel es como leer un libro escrito en un lenguaje simbólico. Según explica Jiménez, muchos de los elementos que adornan las tumbas transmiten mensajes sobre la vida de quienes yacen en ellas. Un reloj de arena alado representa la fugacidad de la vida, mientras que unas cadenas rotas indican que allí reposa alguien que murió joven. Un tronco de roble, por otro lado, señala la tumba de un erudito que falleció a una edad avanzada.

Imagen del cementerio
El historiador recuerda la importancia de aprovechar el tiempo, citando a Virgilio: "venimos a la vida para intentar ser felices, lo conseguiremos o no, pero tenemos que intentarlo". Otros símbolos presentes son las antorchas boca abajo, que representan las vidas que han concluido, o elementos como la calavera con las tibias cruzadas, que, lejos de la imaginería pirata, simbolizan la regeneración tras la muerte. La propia palabra tanatorio deriva de Tanatos, el dios griego de la muerte.
Velad y orad porque no sabéis el día ni la hora"
Ilustres, villanos y olvidados
El cementerio es también el lugar de descanso de figuras clave de la historia malagueña. Entre los panteones más destacados se encuentra el de Manuel Agustín Heredia, un impresionante monumento que da pie a explicar el origen de la palabra "mausoleo", acuñada por el fastuoso sepulcro del rey Mausolo de Caria. También yacen allí miembros de las familias Larios y Loring, protagonistas del desarrollo industrial y social de la ciudad.

Panteón de los Heredia
Pero junto a estos nombres ilustres, San Miguel alberga historias más insólitas, como la de Alvin Karpis, conocido como el "último enemigo público número uno estadounidense". Tras pasar por prisiones como la de Alcatraz, Karpis se retiró en la Costa del Sol y fue enterrado en el camposanto malagueño en 1973.
Otra figura con una historia de película es Luis Bolín, miembro de una familia oriunda de Suecia. Como corresponsal del diario ABC en Londres, fue el encargado de alquilar el avión Dragón Rapide, que transportaría a Franco desde Canarias para dar inicio al levantamiento nacional del año 36. Junto a él descansan el sindicalista Rafael Salinas o el erudito Narciso Díaz de Escobar.
Tampoco falta Salvador González Anaya, dramaturgo y alcalde de Málaga, que fue destituido por intentar ayudar a las mujeres faeneras en 1918. También se encuentra la tumba de Félix Sáenz, dueño de los recordados almacenes. Algunos epitafios revelan vidas enteras, como el que reza: "mis libros y mis gatos, mis mejores amigos", o el que advierte: "velad y orad porque no sabéis el día ni la hora".
Hasta para morirse hay que tener dinero"

Cúpula del interior de un panteón
La desigualdad social, hasta el final
Una de las curiosidades más reveladoras que comparte el historiador es la que evidencia las diferencias sociales incluso después de la vida. Las personas más humildes, los "pobres de solemnidad", no podían costearse una lápida nueva. Por ello, se reutilizaban las ya existentes, dándoles la vuelta para escribir en el reverso a un precio más económico.
Una vez que la lápida había sido usada por ambas caras, se rompía y sus trozos se empleaban como pavimento en el propio cementerio. Esta práctica, según Jiménez, demuestra que "hasta morirse hay que tener dinero". Con las nuevas obras de pavimentación, es posible que algunos de estos fragmentos con nombres y fechas queden al descubierto, añadiendo una nueva capa de historia al lugar.
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