Un nutricionista desvela las claves para combatir el SIBO y la hinchazón abdominal: "Dejar al menos tres horas entre comidas permite que el intestino se limpie y haga su trabajo"
El sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO) es más común de lo que parece, pero un experto explica cómo el estrés o la dieta pueden ser sus grandes detonantes

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Málaga - Publicado el - Actualizado
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Cada vez más personas se quejan de hinchazón abdominal, digestiones pesadas y un malestar constante que no saben a qué atribuir. El diagnóstico, en muchos de estos casos, es SIBO (Sobrecrecimiento Bacteriano en el Intestino Delgado), un término que ha ganado una enorme popularidad, pero que sigue rodeado de dudas y confusión. Para arrojar luz sobre este asunto, el nutricionista Diego Morillas, de la Farmacia Eloísa Molina, ha explicado en COPE Málaga en detalle qué es, por qué se produce y cómo se debe abordar este trastorno digestivo que afecta a una parte creciente de la población.
Qué es exactamente el SIBO
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Lejos de ser un problema relacionado con la calidad de los alimentos, el SIBO tiene su origen en un desequilibrio de la microbiota intestinal. Según explica Morillas, se trata de un exceso de bacterias en el intestino delgado, una parte del sistema digestivo que no está diseñada para la fermentación de los alimentos. "Explicado de manera sencilla, el delgado no está pensado para fermentar comida. Eso debería pasar más adelante, en el colon", aclara el nutricionista. Cuando estas bacterias proliferan en el lugar equivocado, comienzan a fermentar los alimentos antes de tiempo, generando los síntomas más característicos de esta condición.
El resultado de este proceso es una hinchazón rápida y muy notoria, la acumulación de gases y molestias casi inmediatas después de comer. Esta es la razón por la que muchas personas experimentan una gran frustración, ya que, a pesar de seguir una dieta sana, los síntomas no desaparecen. "El problema no está en la comida, sino en cómo se está gestionando dentro del intestino", subraya Morillas. Por lo tanto, el enfoque no debe centrarse únicamente en qué se come, sino en por qué el sistema digestivo no está funcionando correctamente.
Hay demasiadas bacterias en el intestino delgado, y esas bacterias se ponen a fermentar la comida antes de tiempo"
Nutricionista
Las causas detrás del aumento de casos
El nutricionista identifica tres factores principales que explican por qué el SIBO es cada vez más frecuente en la sociedad actual: el estrés, las prisas y los malos hábitos digestivos. El estilo de vida moderno, marcado por la tensión constante y la falta de tiempo, tiene un impacto directo en la salud intestinal. "Comemos muy rápido, picamos todo el día, vivimos en tensión, y el intestino, pues, necesita calma y movimiento", señala el experto. Este estado de alerta permanente ralentiza las funciones digestivas, provocando que el intestino no se mueva con la fluidez necesaria y que las bacterias se acumulen donde no deben.

Los gases y la inflamación son síntomas de una mala alimentación
Este ecosistema intestinal alterado es el caldo de cultivo perfecto para el SIBO. La falta de "limpieza" y movimiento en el intestino delgado permite que las bacterias se estanquen y proliferen, desencadenando el ciclo de fermentación prematura, gases e inflamación. Por ello, Morillas insiste en que para abordar el SIBO de raíz es fundamental prestar atención a cómo vivimos y cómo comemos, más allá de la simple elección de alimentos.
Tratamiento: más allá de los antibióticos
Aunque el tratamiento con antibióticos es una estrategia común para reducir la carga bacteriana, Diego Morillas advierte que no es una solución definitiva. "Los antibióticos sí que sirven para bajar la carga bacteriana, pero no arreglan la causa", afirma. Si no se abordan los problemas de fondo que provocaron el sobrecrecimiento bacteriano, como una mala digestión o un estilo de vida inadecuado, "muy probablemente, el SIBO vuelva a volver". Por tanto, el tratamiento farmacológico debe ser solo una parte de un enfoque integral que incluya cambios en la dieta y los hábitos.
Una herramienta dietética muy conocida en el tratamiento del SIBO es la dieta baja en FODMAPs. Morillas explica que su objetivo es reducir la fermentación al limitar los carbohidratos que sirven de alimento a las bacterias. Sin embargo, recalca su naturaleza temporal: "Es una dieta temporal, no es para vivir siempre así". El error, según el nutricionista, es "alargarla demasiado y terminar comiendo siempre con miedo", lo que puede generar una relación negativa con la comida y carencias nutricionales.
En este enfoque integral, los suplementos nutricionales pueden desempeñar un papel de apoyo crucial. Uno de los menos conocidos, pero muy efectivo según Morillas, son las enzimas digestivas. Estas ayudan al cuerpo a descomponer mejor los alimentos. "Si digieres mejor, fermentas menos, y si fermentas menos, hay menos gases y menos hinchazón", detalla. A veces, el problema no es que un alimento sea inherentemente "malo", sino que "el cuerpo no lo está procesando bien".
Otro suplemento clave es la glutamina, un aminoácido que contribuye a reparar la barrera intestinal. El SIBO a menudo va de la mano de un intestino irritado o permeable. "Si no lo reparas bien, cualquier comida vuelve a molestar", comenta el experto. La glutamina "no es que haga magia, pero sí que ayuda bastante a que ese intestino se selle y se recupere bien", favoreciendo una recuperación más sólida y duradera de la salud digestiva.
Además de la dieta y la suplementación, Morillas ofrece un consejo práctico y fácil de aplicar desde hoy mismo: dejar espacio entre comidas. Comer de forma constante, cada una o dos horas, impide que el sistema de limpieza natural del intestino, conocido como complejo motor migratorio, haga su trabajo. "Deja como mínimo tres o cuatro horas entre comidas", recomienda. Este simple hábito "ayuda a que el sistema digestivo haga su trabajo y se vacíe bien", creando un entorno menos propicio para la proliferación bacteriana.
Mucha gente ha normalizado vivir inflamado, y eso no es normal"
Nutricionista
Finalmente, el nutricionista lanza un mensaje contundente contra la normalización del malestar digestivo. Vivir con inflamación crónica, gases y dolor no es algo normal ni aceptable. Aunque el SIBO puede ser un trastorno complejo, tiene solución si se aborda con seriedad y conocimiento. "El SIBO no se soluciona con recetas de Internet, pero sí que se puede mejorar y se trata con cabeza", concluye Morillas. La clave está en buscar ayuda profesional cualificada para obtener un diagnóstico correcto y un plan de tratamiento personalizado que ataque la raíz del problema.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




