Los errores más comunes al juntar un cachorro con un perro adulto

La llegada de un nuevo miembro canino puede ser un desafío, pero con las pautas adecuadas la convivencia puede convertirse en un éxito rotundo, como explica un experto en COPE

Los errores más comunes al juntar un cachorro con un perro adulto
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Escucha los consejos del adiestrador Adrián Navarro

Enrique Ortiz

Málaga - Publicado el

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La decisión de ampliar la familia con un nuevo cachorro cuando ya se tiene otro perro en casa es un momento que, aunque idílico en apariencia, puede convertirse en un auténtico desafío. Los celos y los conflictos de convivencia son una realidad que muchos dueños afrontan. Para gestionar esta transición de la mejor manera posible, Adrián Navarro, fundador de Adiestramiento Canino Lopecan, ofrece una serie de pautas y recomendaciones clave para que la presentación y adaptación entre el perro adulto y el recién llegado sea un proceso exitoso y libre de estrés.

Antes de tomar la decisión, es fundamental valorar si es el momento adecuado. Navarro aconseja que, en ciertos casos, es preferible optar por un perro adulto en lugar de un cachorro. "En caso de tener quizás un perro más anciano que ya vea que no está para muchos trotes, [...] al final lo que va a pasar con el cachorrito es que le va a fastidiar la última etapa de su vida", explica. En esa situación, un perro adulto con un nivel de energía compatible sería una mejor opción. Sin embargo, para perros con problemas de agresividad, la introducción de un cachorro puede ser más sencilla, ya que los perros adultos suelen mostrar una especie de "sexto sentido" con los más pequeños.

La primera presentación: un paso crucial

El primer encuentro es determinante y el procedimiento varía según si el cachorro tiene todas sus vacunas. Si el pequeño ya puede salir a la calle sin riesgos, la recomendación de Navarro es clara: realizar la presentación en un lugar neutral. Para preparar al perro adulto, es ideal darle un buen paseo y darle de comer un poco antes del encuentro. Esto ayuda a que esté más relajado y receptivo. "Intentar no permitir que el cachorrito de entrada invada mucho el espacio del perro, porque al final ellos, por inercia, van a tender a meterse casi que en la boca de nuestro perro", advierte el experto. Es crucial medir los espacios al principio y observar la reacción del perro veterano.

Los errores más comunes al juntar un cachorro con un perro adulto

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Dos Golden Retiever, uno adulto y otro cachorro

Si el perro adulto lo acepta, intenta jugar, lo ignora o incluso le regaña "de forma justa y equilibrada", se puede permitir que la interacción continúe. En cambio, si muestra un rechazo directo, es mejor separarlos y volver a intentarlo pasado un rato, sin forzar la situación. La paciencia es fundamental para construir una buena base en su futura relación.

Qué hacer si el cachorro no tiene vacunas

El escenario más habitual es que el cachorro llegue a casa sin el ciclo de vacunación completo, lo que impide presentarlos en el exterior. En estos casos, la introducción debe hacerse dentro del hogar, lo que aumenta la complejidad. La estrategia que propone Navarro es similar a la que se usaría para presentar un gato: crear una barrera física. "Tener un parque de cachorro es fundamental, o alguna vallita de niños para poner en una puerta y que de alguna manera haya una barrera física entre el perro que ya vive en casa y el cachorrito", detalla.

El objetivo es que el perro adulto se acostumbre a la presencia del nuevo inquilino de forma gradual. No se debe soltar al cachorro directamente en el suelo, a no ser que se tenga la certeza absoluta de que el perro adulto es extremadamente sociable, como podría ser el caso de un Golden Retriever con un carácter muy afable. Lo ideal es que el primer contacto visual sea a través de la valla, permitiendo que se huelan y se vean sin riesgo de confrontación directa.

Es vital gestionar los picos de energía del cachorro. Navarro subraya que los cachorros alternan momentos de calma casi total con otros de actividad frenética. "Cuando esté dando por saco, pues blindamos a nuestro perro y no dejamos que el cachorrito lo moleste", aconseja. El acceso supervisado y sin barreras solo debe permitirse en los momentos de tranquilidad, "cuando ya notemos que está más tranquilito, que ya busca el cariñito, el dormir".

Gruñidos y marcajes: ¿cómo reaccionar?

Es natural que el perro adulto gruña o marque al cachorro para establecer límites y reclamar su espacio. La clave para saber si intervenir o no está en la respuesta del pequeño. Si el cachorro entiende la señal y retrocede, no hay por qué preocuparse. Es una forma de comunicación canina saludable. De hecho, se puede premiar al cachorro por respetar el espacio del adulto.

Los errores más comunes al juntar un cachorro con un perro adulto

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Es habitual que el adulto le gruña al cachorro

El problema surge cuando el cachorro no capta el mensaje y sigue insistiendo. Esta insistencia puede provocar que el perro adulto "aumente la intensidad de esa respuesta", lo que podría derivar en una regañina más fuerte o en un rechazo frontal. Para evitarlo, Navarro recomienda "volver a separar al cachorrito, esperar a que se relaje y, cuando esté relajado, volver a darle acceso al espacio donde puede relacionarse con el perro".

El 90% de los problemas por los que nos llaman es precisamente por no hacer una buena introducción"

Adrián Navarro

Adiestrador canino 

Según la experiencia de Navarro, la mala gestión de esta primera fase es la principal fuente de conflictos. "Es lo más habitual por lo que nos llamen cuando ya hay un perro adulto en casa y adoptan un cachorrito, te diría que el 90% de los problemas por los que nos llaman es precisamente por esto, por no hacer una buena introducción o porque nuestro perro no acabe de aceptar la intensidad del otro", afirma.

Tengo que mejorar su calidad de vida en el momento en el que meto al cachorro"

Adrián Navarro

Adiestrador canino

La recomendación final del fundador de Lopecan es la más importante: centrarse en el bienestar del perro que ya formaba parte de la familia. La llegada del nuevo miembro no debe suponer un empeoramiento de su calidad de vida, sino todo lo contrario. "Tengo que mejorar su calidad de vida en el momento en el que meto al cachorro", insiste Navarro. Esto implica enriquecer sus paseos para que sean más desestresantes y, sobre todo, garantizar que tenga un espacio seguro en casa.

Este refugio o zona tranquila es un lugar donde el perro adulto puede retirarse cuando necesita descansar, sabiendo que el cachorro no lo molestará. Al asegurarse de que la llegada del pequeño no solo no le implica cosas negativas, sino que además le reporta beneficios y le permite mantener su propio espacio, se evita que el perro veterano acabe "saturado del cachorro" y se fomenta una convivencia armoniosa a largo plazo.

Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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