El acné no es solo cosa de adolescentes: una experta revela por qué aparece en la edad adulta y cómo tratarlo
Desde las causas hormonales y el estrés hasta las zonas del rostro donde se manifiesta, el acné juvenil y el adulto presentan diferencias en su tratamiento

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Málaga - Publicado el
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El acné es una de las afecciones de la piel más comunes y, sin embargo, una de las que más dudas suscita. Aunque se asocia principalmente con la adolescencia, es una realidad que afecta a un alto porcentaje de personas en la edad adulta. Para aclarar por qué aparece, si es igual en jóvenes que en adultos y cómo debe tratarse correctamente, la especialista de la Farmacia Eloísa Molina en dermofarmacia, Mayte Fernández, ofrece en COPE Málaga las claves para entender esta patología cutánea tan extendida y que va más allá de un simple problema estético.
¿Qué es exactamente el acné?
Para comprender cómo combatir el acné, primero es fundamental entender su origen. Mayte Fernández lo define como "una patología de la piel, sobre todo grasa, donde las glándulas sebáceas producen un exceso de sebo, dando lugar a una obstrucción de los poros". En muchos casos, el proceso se detiene en esta fase inicial, manifestándose en forma de puntos negros o pequeños granitos que no presentan mayor complicación. Sin embargo, el cuadro puede agravarse si las condiciones son propicias.
El problema se complica, según la experta, "cuando crecen una serie de bacterias que se multiplican en ese sebo que queda atrapado e inflama la piel". Esta inflamación es la que da lugar a las lesiones más conocidas del acné. "Si estas son superficiales, se llaman pústulas o pápulas, y si son más profundas y dolorosas, serían nódulos o quistes", aclara Fernández. Esta distinción es crucial, ya que el tipo de lesión determina en gran medida la gravedad del acné y el enfoque del tratamiento a seguir.

El acné es una patología de la piel, sobre todo grasa
Acné juvenil y adulto: no son lo mismo
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Una de las creencias más extendidas es que el acné es un problema homogéneo, pero la realidad es que sus características varían significativamente con la edad. El acné juvenil, como su nombre indica, "aparece sobre todo en la adolescencia por cambios hormonales intensos", a lo que se suma un importante componente genético. En cambio, el acné adulto, que surge a partir de los 25 años, es "más persistente" y, aunque también está ligado a las hormonas, en él influyen con fuerza otros factores como "el estrés, la genética y el uso de cosméticos de forma inadecuada".
Las diferencias no solo radican en sus causas, sino también en su localización. Mientras que en los adolescentes es común que las lesiones aparezcan en la frente, la nariz y las mejillas (la conocida zona T) y en la zona alta de la espalda, en los adultos el patrón es distinto. "Suele concentrarse mucho en la parte baja del rostro, como la mandíbula, el mentón y el cuello", señala Mayte Fernández. Además, es frecuente, especialmente en mujeres, que se manifieste también en la zona del escote.

En la adolescencia es común que aparezcan granitos en la espalda
El tipo de lesión es otro de los grandes factores diferenciales. En el acné juvenil predominan los "puntos negros, puntitos blancos y espinillas superficiales", que tienden a curarse más rápidamente. Por el contrario, la situación en la edad adulta es más compleja. Como explica la experta en dermoestética, "en el acné adulto, presentan lesiones mucho más profundas, como nódulos o quistes, que son bastante más dolorosos". Estas lesiones, a menudo imperceptibles a simple vista, pero dolorosas al tacto, están muy inflamadas y conllevan un mayor riesgo de dejar manchas y cicatrices si no se tratan adecuadamente.
El acné adulto presenta lesiones mucho más profundas, como nódulos o quistes, que son bastante más dolorosos"
Experta en dermoestética
El estrés, un detonante clave en la edad adulta
En la sociedad actual, el estrés se ha convertido en un factor omnipresente que impacta directamente en la salud de la piel. Su influencia en el acné adulto es particularmente notoria. La especialista detalla el mecanismo biológico que lo explica: "El estrés hace que el cuerpo libere hormonas como el cortisol, que aumenta mucho la producción de grasa en la piel". Este exceso de sebo provocado por el cortisol es el combustible perfecto para el acné, ya que "obstruye el poro y favorece esa inflamación y ese crecimiento bacteriano".
El estrés hace que el cuerpo libere hormonas como el cortisol, que aumenta mucho la producción de grasa en la piel"
Experta en dermoestética
La naturaleza fluctuante del estrés crónico en la vida adulta complica todavía más el manejo de esta patología. "En los adultos, este es constante, puede hacer que ese acné aparezca con más frecuencia y, aparte, lo peor de todo es que es mucho más difícil de controlar", advierte Fernández. La consecuencia directa es la aparición de brotes repentinos y persistentes que responden mal a los tratamientos convencionales si no se aborda también el factor desencadenante que los origina.
Las claves para un tratamiento eficaz
Debido a estas diferencias fundamentales, el abordaje del acné no puede ser el mismo en todas las etapas de la vida. Para el acné juvenil, el tratamiento se suele centrar en "una buena higiene facial, productos que controlan la grasa y, en algunos casos, cremas con ingredientes activos como el peróxido de benzoilo o el ácido salicílico". Estos activos son eficaces porque "limpian muy bien el poro y ayudan a ir eliminando ese exceso de grasa que se queda acumulado".
En el caso del acné adulto, el enfoque debe ser mucho más integral y personalizado. El tratamiento no solo debe controlar los brotes, sino también tener en cuenta otras alteraciones cutáneas que suelen coexistir, como la sensibilidad, la rosácea, las manchas o los primeros signos de la edad. Esta complejidad "hace que se necesite un consejo de un profesional más exhaustivo para poder abordar todos esos aspectos". En muchos casos, el tratamiento tópico se queda corto y es necesaria "la necesidad de tratamiento por vía oral, prescrito por un dermatólogo".
En definitiva, el acné es una patología compleja cuya manifestación y tratamiento dependen de múltiples factores, con la edad como uno de los más determinantes. Entender sus causas, desde los cambios hormonales de la pubertad hasta el impacto del estrés en la madurez, es el primer paso para poder abordarlo de manera efectiva y segura, siempre bajo la supervisión de un profesional que pueda ofrecer un diagnóstico y una pauta de tratamiento adaptada a cada caso particular.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




