Realizan una autopsia secreta a un deportista tras morir en la cárcel y descubren algo que nadie esperaba

Aaron Hernández, exjugador de la NFL, se quitó la vida en su celda tras ser condenado a cadena perpetua por asesinar a otro jugador semiprofesional

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COPE.es

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 11:44

El exjugador de los New England Patriots, equipo de fútbol americano de la NFL, Aaron Hernández, se suicidó el pasado mes de abril de 2017 en su celda de una prisión de Massachusetts y, tras haber realizado una autopsia cerebral, el resultado ha dejado a los médicos desconcertados. Hernández cumplía cadena perpetua en el centro penitenciario por asesinar en 2013 a un familiar y también jugador semiprofesional a tiros cuando todavía era miembro de los Patriots, un suceso que recogió Netflix en un documental para la plataforma streming.

La autopsia inicial del cuerpo de Hernández no reveló nada significativo pero, dos años después, un análisis secreto en la Universidad de Boston ha demostrado algo completamente sorprendente. Según revela el New York Times, la doctora Ann McKee dirigió a un pequeño equipo en el que solo 4 personas sabían que se trataba del cerebro del exjugador de fútbol americano. De hecho, según el diario norteamericano, el cerebro fue trasladado hasta un laboratorio dentro de la universidad a la que se le dio un pseudónimo para que no fuera localizado.

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Los médicos cortaron el cerebro de Hernández en trozos de 1,3 centímetros y, al hacerlo descubrieron algo que no esperaban: unas cuevas que se hacían cada vez más grandes a medida que el órgano disminuía. Además, el equipo de la doctora observó que el septo pelúcido, una membrana que divide los dos lados del cerebro, estaba perforada, situación que suele ocurrir con los pacientes que padecen CTE o Encefalopatía traumática crónica. Y es que los médicos consideran que es el caso más grave de esta enfermedad neurodegenerativa registrado en alguien de la edad de Hernández.

Realizan una autopsia secreta a un deportista tras suicidarse y descubren algo que nadie esperaba

Foto comparativa de un cerebro de un joven de 27 años con el de Aaron Hernández / Boston University

QUÉ ES EL CTE Y QUIÉNES LO SUFREN MÁS

Datando su origen en el mundo del boxeo, el CTE es una enfermedad neurodegenerativa que se produce principalmente por la causa de lesiones cerebrales traumáticas repetitivas. Esto es, boxeadores que reciben gran cantidad de golpes en la cabeza a lo largo de su carrera pugilística y, también, jugadores de fútbol americano que reciben recurrentemente impactos cerebrales a pesar del casco y la protección.

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Imagen del cerebro de Hernández tras la autopsia / Boston University

Tiene tres etapas: La primera etapa se caracteriza por trastornos afectivos y síntomas psicóticos;  la segunda, en la que se manifiesta inestabilidad social, comportamiento errático, o la pérdida de la memoria y los síntomas iniciales del Parkinson; por último, una tercera de disfunción cognitiva en general progresando a demencia. Esta última es en la que se encontraba Hernández.

Precisamente el descubrimiento de que esta enfermedad no solo afectaba a los boxeadores, sino también a muchos jugadores de la NFL, la introdujo en Estados Unidos Bennet Omalu, un médico nigeriano, a raíz de la autopsia que realizó al exjugador Mike Webster tras una muerte repentina. Una historia la de Omalu que llevó recientemente al cine el actor Will Smith, poniéndose en la piel del médico africano.



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