VALLADOLID

El toreo contado por José Tomás es otra historia

José Tomás y José María Manzanares salieron a hombros este viernes del coso pucelano tras cortar tres orejas cada uno y mostrar sus armas y conceptos del toreo.

José Tomás durante su actuación este viernes al quinto toro de Núñez del Cuvillo en Valladolid. EFE

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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Se terminaba su temporada. O al menos, no hay nada más anunciado desde este viernes en adelante. Jerez, Alicante, Huelva, San Sebastián y su doble presencia en Valladolid. Seis tardes en 2016. José Tomás apuraba su último sorbo del año ante los toros de Núñez del Cuvillo. Y fue en su última bala cuando salió a flote toda la pasión arrolladora del toreo de JT.Fue cuando de verdad JT puso boca abajo la plaza de Valladolid. Estrechito de sienes, un punto altito, el quinto de Cuvillo apenas si recibió un picotazo en su encuentro con el caballo. El capote a la espalda por caleserinas y la plaza entrando en ebullición. Se presentía algo importante y el de Galapagar que agarró la montera para brindar al público. El comienzo de faena por alto, impávida la figura y el toro quedándose corto tras cada estatuario. El del desprecio en una moneda de un céntimo y los tendidos estallando cual olla express.

A derechas dos tandas, medidas en altura y ligazón. Al natural la cumbre. En el sitio el cite, tocando en el último instante para sortear la embestida y conducirla hasta donde JT quería. Muy lejos, muy profundo. Las tandas asfixiantes de intensidad, seis, siete, el de pecho obligado de verdad. La granadina para terminar de poner en pie los tendidos y los gritos de "torero, torero". Cambió la espada pero el torero no quería dar por concluida su obra. Circulares invertidos llevando toreado al de Cuvillo. Y una tanda sublime al natural con la derecha, sin ayuda. La verdad del toreo. Se tiró con fe tras de la espada pero ésta viajó haciendo guardia. No podía acabar aquello así. Las manoletinas mantuvieron el pulso antes de la estocada fulminante. Dos orejas pese a ese marrón con el acero. Pero qué más dan los despojos después de ver torear así. Y el toreo, contado por José Tomás, es otra historia.Y eso que no comenzó con buen pie la actuación de José Tomás con el primer 'cuvillo', que se estrelló contra un burladero y después dio con toda su anatomía en el ruedo tras una voltereta. Asomó el pañuelo verde desde el palco.

El sobrero también lució el hierro del mismo pial y tuvo su violencia en los primeros tercios. No se ahormó el toro pese al buen puyazo de Pedro Iturralde. JT quitó por gaoneras muy ajustadas y se dobló rodilla en tierra en el inicio de faena. La búsqueda del sometimiento chocaba con la violencia del astado de Cuvillo. Al natural el toro dudaba en el embroque. Paciente el torero, aguantó varios parones. A derechas hubo ligazón y mando en dos series más rotundas. Aquello costaba en prender la mecha, así que José Tomás se volcó sobre el morrillo del toro. La estocada entera y arriba pero el pitón que apuntó al pecho. Se dolió el toro y salió en búsqueda del toreo que le ganó el paso corriendo marcha atrás. El de Cuvillo se tragó la muerte pero no impidió que JT pasease su primera oreja.

José María Manzanares, el otro triunfador del festejo, tuvo la suerte de encontrarse en el camino a Aguaclaro, un gran ejemplar de Cuvillo que tuvo un comportamiento siempre a más, embistiendo con clase y ritmo encastado. La faena tomó vuelo desde el principio, con el alicantino muy comprometido y viendo rápido las virtudes del toro. En redondo hubo tersura en el manejo de la muleta, llevándolo siempre a la velocidad que pedía el animal. Pero el cante grande llegó al natural. Se abandonó Manzanares, toreando con los vuelos y aprovechando las virtudes del 'cuvillo'. Un cambio de mano resultó eterno, enroscándose al toro a la cintura y más allá. Y para no salirse del guión, el cañón de Manzanares con la espada. Recibiendo, aguantando y soltando el puñetazo para dejar la espada arriba. El doble trofeo cayó por aplastante mayoría.

Sin embargo, y tras el 'huracán JT' que se desató en el quinto, Manzanares pareció afligirse con el sexto, un toro falto de raza y celo pero con sus teclas. Unas teclas que José María no quiso tocar. Conformista y amontonado, no terminó de apostar por cuajar al toro durante las embestidas potables que tuvo al principo de faena. Se pasó de la misma y tardó en cuadrar al toro. La estocada, entera, viajó a los bajos. No importó para sumar otra oreja.

En otro tono, eso sí.Lo que no cuadró en un festejo de tanta intensidad a pie fue el prólogo y el intermedio a caballo. Leonardo Hernández no estuvo a la altura de lo esperado ni tampoco su lote ayudó. Tardó en fijarse el abreplaza, por lo que el caballero tuvo que arriesgar en la primera mitad de faena para encelar al de Terrón. Después llegaron los mejores momentos a lomos de un precioso caballo albino, dejándose llegar mucho al toro y templandolo una barbaridad. Con el animal más aplomado, tiró de nuevo de doma para dejar las cortas de forma eficiente. El rejón cayó desprendido y demasiado perpendicular, lo que retrasó la muerte del toro y enfrió a los tendidos.

El cuarto fue un manso de libro que buscó durante minutos la huida del ruedo. Barbeó tablas constantemente en busca de un salto que no llegó. Esa falta de raza, esas embestidas a arreones no ayudaron a la hora de armar faena por parte de Leonardo, que se limitó a lidiar con soltura y oficio. Con el rejón de muerte está vez no lo vio claro. Tampoco ayudó el de Terrón.

, viernes 9 de septiembre de 2016. 3 de Feria. Lleno de 'No hay billetes'

Dos toros para rejones de 

, despuntados reglamentariamente y de juego descastado ambas. Más colaborador el primero. Cuatro toros de 

, el 2º como sobrero, bien presentados pero desiguales de juego. Apagado el segundo; de gran nobleza y clase el tercero; emotivo pero sin entrega en quinto; con sus exigencias y falta de raza el sexto.

El rejoneador 

, saludos y saludos.

, oreja y dos orejas.

, dos orejas y oreja.

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