ANÁLISIS

Buen ganado y relevo generacional: las claves de Olivenza

Seis toreros y un novillero a hombros por la puerta grande y buenas corridas, balance de un ciclo que deja buenas sensaciones.

Este aspecto lució la plaza de toros de Olivenza el domingo por la tarde

S.N. / COPE.es

Este aspecto lució la plaza de toros de Olivenza el domingo por la tarde

Sixto Naranjo Sanchidrian

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La Feria del Toro de Olivenza ha celebrado este fin de semana su 35ª edición reafirmándose como lo que lleva siendo desde hace décadas: el gran punto de encuentro del inicio de temporada. Un lugar donde se cruzan los aficionados de Extremadura con los que llegan desde distintos puntos de España y también de la vecina Portugal o del sur de Francia. Un termómetro temprano de la temporada que empieza a dibujar tendencias, nombres propios y sensaciones. 

El balance de este año deja motivos suficientes para la satisfacción, aunque conviene analizarlo con serenidad, sin caer en el triunfalismo fácil que a veces acompaña a las primeras ferias del calendario. Porque Olivenza, bajo la batuta de la FIT, ha dejado cosas importantes, pero sobre todo ha dejado bases interesantes sobre las que seguir construyendo.

La primera de ellas ha sido el notable nivel del ganado. No es un asunto menor. En una feria de arranque, donde todavía muchos toreros están tomando el pulso al año, que el ganado ofrezca opciones resulta clave, y más tras un invierno tan duro en lo climatológico. Destacaron especialmente los toros de El Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto, protagonistas de algunos de los momentos más interesantes del fin de semana, y también el encierro de Victoriano del Río, que permitió un cierre de feria de peso en manos de tres figuras. A ello se sumó ese segundo toro de Domingo Hernández premiado con la vuelta al ruedo en la matinal del domingo.

Si hubo un lunar en el capítulo ganadero fue la novillada de Talavante, que dejó momentos de calidad pero también evidenció un fondo escaso que terminó diluyendo la emoción del festejo. Un detalle a corregir en futuras ediciones.

En el apartado de los toreros también han quedado nombres propios claros. Un sólido Tomás Bastos y un ilusionante David Gutiérrez en la novillada inaugural. Este último, volviendo a dejar claro que la Escuela Taurina de Badajoz sigue siendo un semillero que siembra futuro. El sábado destacó un Daniel Luque macizo y asentado, con el sitio que dan las temporadas importantes y que volvió a dejar claro que atraviesa uno de los momentos más sólidos de su carrera, aunque la espada le privara de un triunfo mayor.

La matinal del domingo fue, probablemente, la fotografía más estimulante del relevo generacional. Borja Jiménez y David de Miranda ofrecieron actuaciones de gran nivel, compactas y rotundas, con argumentos para estar presentes en muchas de las ferias del año. Y junto a ellos apareció la entrega de Marco Pérez, capaz incluso de levantarse de una voltereta muy fea para firmar una faena de enorme raza. Confianza y paciencia con él. Una mañana que dejó la sensación de que hay nombres empujando con fuerza.

El cierre de la feria volvió a reunir a tres figuras y dejó también momentos de categoría. Emilio de Justo firmó la actuación más rotunda de la tarde. Muy mandón el cacereño con susto incluido al entrar a matar a su segundo; Alejandro Talavante, en otro tono, incendió la plaza con una faena imprevisible y llena de chispazos de inspiración en la temporada de su vigésimo aniversario; y Roca Rey volvió a demostrar esa raza de figura que le permite convertir cada tarde en un acontecimiento.

Entre los aspectos menos brillantes de la feria queda la oportunidad desaprovechada por José María Manzanares, que con un lote de claras opciones —un lote de cuatro orejas— terminó paseando solo una. Un balance pírrico para quien tanto atesora. En estos tiempos, los triunfos pasados y el escudo protector de una casa empresarial potente no pueden seguir siendo salvoconducto para ocupar puestos de privilegio en las grandes ferias si no hay resultados tangibles. En su mano está revertir este bache que ya dura varios años.

En conjunto, la Olivenza 2026 deja una conclusión razonablemente optimista. No es todavía el nivel de algunas ediciones de hace una década, cuando esta feria marcaba con más claridad el pulso del inicio de temporada. Falta volver a llenar el coso hasta la bandera, es el trabajo a futuro de la FIT. Pero el camino parece el adecuado: buen ganado, toreros en forma, jóvenes empujando y un ambiente que mantiene viva la condición de Olivenza como uno de los grandes referentes del inicio del año taurino.

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