4ª feria del toro
Tres toreros en sazón y una ganadería 'top' para cerrar Olivenza
Tarde de emociones y triunfos con Talavante, Emilio de Justo y Roca Rey a hombros ante una notable corrida de Victoriano del Río.
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La corrida de la tarde del domingo que ha cerrado la Feria del Toro de Olivenza ha dejado una función de gran intensidad protagonizada por Alejandro Talavante, Emilio de Justo y Roca Rey, tres figuras con sus armas propias que encontraron respuesta en un encierro de Victoriano del Río que, además de un irreprochable trapío, ofreció embestidas con las que construir el triunfo. Corrida de fondo encastado y bravo, con la exigencia que tienen esta cualidades. Una ganadería top que año a año sigue marcando la pauta ganadera del campo bravo. Un magnífico cierre para una feria que deja muchas notas positivas.
El capítulo más sólido y torero del festejo llevó la firma de Emilio de Justo, que dejó la obra más compacta del conjunto. Su primero, segundo de la tarde, tuvo seriedad por delante y una embestida que exigía firmeza y mando desde el cite. El extremeño lo entendió desde el principio con un inicio de dominio por bajo que marcó el tono de la faena. A partir de ahí construyó un trasteo de muleta muy asentada y mano baja, conduciendo la embestida con temple y ligazón. El toro transmitía y esa vibración se trasladó pronto a los tendidos. Por el izquierdo el astado ofreció menor continuidad, pero cuando De Justo volvió a la diestra la faena recuperó vuelo. Una estocada certera rubricó una labor de peso que fue premiada con las dos orejas.
El quinto presentó más dificultades que entrega. Fue un toro que obligó a Emilio de Justo a tirar de oficio para sostener la faena, pues cuando el torero le apretó el animal acusó la falta de fondo. La emoción llegó en el momento supremo: al tirarse a matar con enorme rectitud en el segundo intento, el extremeño fue volteado con violencia, con el pitón viajando al interior del chaleco. Afortunadamente, dolorido pero sin consecuencias aparentes, el torero se levantó conmocionado mientras el toro caía herido de muerte. Aquella escena terminó de calentar al público, que premió la entrega con una oreja.
El momento más imprevisible y genial de la tarde llegó con Alejandro Talavante. Su primero apenas ofreció argumentos, con una embestida plana que dejó al extremeño sin opciones de lucimiento. Muy distinta fue la historia del cuarto. Frente a un toro con la movilidad suficiente, Talavante improvisó una faena sin guion, marcada por chispazos de inspiración y por una personalidad muy libre. El toreo al natural tomó un trazo curvo y personal antes de que el diestro se metiera en terrenos de cercanía, dejando que los pitones rozaran la taleguilla en un final de enorme intensidad. Tras la estocada, el público —encendido por el ambiente de la tarde— llegó a pedir incluso el rabo para una faena que reflejó el genio creativo del torero en la temporada de su vigésimo aniversario.
Roca Rey dejó el triunfo más rotundo en términos de impacto. El peruano abrió su temporada cortando dos orejas al tercero, un toro de buen embroque aunque falto de entrega plena. La clave estuvo en la capacidad del limeño para afianzar la embestida a base de poder y colocación, guiando cada muletazo con dominio para evitar que el toro se desplazara en exceso. Faena de tono e intensidad creciente, que tuvo como momento culminante cuando se metió entre los pitones en un final de faena de máxima exposición que encendió definitivamente los tendidos. La estocada certificó el doble trofeo.
El sexto, sin embargo, fue el más deslucido del encierro. Desclasado y sin continuidad en su embestida, apenas permitió a Roca Rey mostrar su repertorio. El peruano, algo atascado ahora, lo intentó sin encontrar material para desarrollar la faena, quedando su actuación condicionada por la falta de opciones.



