9ª FERIA DE ABRIL
A Borja Jiménez se le resiste la Puerta del Príncipe el día en que Morante cae herido grave
Gran tarde del torero de Espartinas, que corta dos orejas y da una vuelta al ruedo. El de La Puebla cortó un apéndice en su primer toro.

Borja Jiménez, en su salida a hombros por la puerta de cuadrillas de La Maestranza
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Manuel Viera
Ahí sigue, un torero inimitable por el que seguiré declarando mi admiración. Su sinceridad expresiva se ha convertido en una de las formas más ensalzadas de este artista. Con un toreo que importa por lo que dice y como lo hace. La actuación, con el noble y empalagoso primero de Hermanos García Jiménez, no dejó resquicio a la equivocación, impecable en la forma y contundente en el fondo. Por algo este torero tiene algo de avasallador.
Volvieron las chicuelinas lentísimas y las verónicas con la cadencia de un tiempo sin límites. Pero es que fue maravillo y sorprendente el toreo por alto, el mando en el trazo genuflexo y los cambios de manos increíbles. Maravilloso y sorprendente su toreo sobre la mano derecha trazado con enorme naturalidad. Y con la mano izquierda puso de relieve su sentido del temple, la pureza del trazo, la inspirada ligazón. El toro fue un carretón para torear de salón. Pero él estuvo allí, asentado, sin molestar. Vertical. Ajustado. Un genio en sazón.

Chicuelina de Morante de la Puebla a su primer toro
Normal, que con la confianza extrema del torero ante el toro, con el absoluto valor, con el abandono del cuerpo a la lidia, con el asentamiento inverosímil de toda su anatomía en unos talones atornillados a la tierra de albero, cogido y pegado al cuerpo su capote sin, tan siquiera, alargar los brazos para su defensa, llegara la cornada. Y llegó. En forma de herida anal posterior muy grave con trayectoria de 10 cm. y perforación del recto. Y aquí todo acabó
Borja Jiménez, brindó ante la puerta de la enfermería este cuarto toro al torero herido. Y lo toreó. Y de qué manera. Excepcional faena convertida en explosiva olla a presión en la que burbujeaban excelsos y enormes naturales. Excepcionales pases de pecho, e ingeniosos remates. Un toreo que dio forma y sentido a otra faena inspirada del torero de Espartinas. Pero otra vez la espada no entró. Dos pinchazos y una estocada dejó la obra del sevillano en una insuficiente vuelta al ruedo.
Toda la exigencia con la que se fue a portagayola en el inicio de la lidia del sexto de la tarde dio como resultado una cada vez mayor y mas consciente voluntad de verdad. La banda arrancó el pasodoble ante la emoción provocada por el trazo de inimaginables largas cambiadas de rodillas marcadas con excelsa pulcritud en la misma boca de riego. Algo insólito que marcó una faena brindada al público con expresos deseos de abrir, esta vez, la ansiada Puerta del Príncipe. Pero tampoco pudo ser, su mala espada se lo impidió.
El arranque ambicioso permitió comprobar la excelencia de cada pase por la espalda citando de lejos. Ramilletes de ajustadísimos trazos en el que pocas veces el toreo se ha desgranado con un necesidad que no excluye la limpieza y la fluidez de cada pase. Un toreo luminoso, ora con la derecha, ora con la izquierda, de muletazos cambiados, muy ligados y todos rematados con auténticos detalles en la que la torería hizo acto de presencia. Toreo vertical con la mano izquierda hecho y dicho con toda la verdad que caracteriza el valor de Borja Jiménez.

Derechazo de Borja Jiménez a su primer toro, al que cortó una oreja
Una faena de hondo calado, al segundo de la tarde, impecable en el aspecto técnico, templada y profunda que tampoco pudo rubricar de manera contundente con la espada. ¿Qué pena!
Tomas Rufo toreó por delantales con ritmo al noble y soso tercero. La faena no logró coger nota alta ante las características de las acometidas. El diestro de Talavera de la Reina le bajó la mano e intentó hilvanar su toreo, que resultó largo pero con amplia tendencia hacia fuera. Demasiado anodino. Con una estocada lo mandó al desolladero.
El quinto, un sobrero de hermanos García Jiménez, resultó ser un toro reservón en sus embestidas al que Tomás le buscó la vueltas en un inicio de pase cambiado por la espalda, para después conseguir ligar con la izquierda algún que otro natural del buen trazo. Con una estocada baja lo finiquitó.



