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Salud planetaria, ¿puede combatir pandemias como la del coronavirus?

En 2009 recibimos el primer aviso en forma de una pandemia de gripe que terminó siendo más leve de lo previsto y desaprovechamos la ocasión de prepararnos

La COVID-19 se ha convertido en una amenaza mundial ¿podremos con ella entre todos?

 La COVID-19 se ha convertido en una amenaza mundial ¿podremos con ella entre todos?

Tiempo de lectura: 5'Actualizado 02:17

Más del 80 % de los países del mundo ya registra casos de COVID-19, la enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2. La multiplicación de casos fuera de China, epicentro de los contagios, ha llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a declararla pandemia , lo que significa que es un problema de salud de alcance mundial. Todo el mundo puede contagiarse. Nadie está a salvo, es un problema de salud planetaria.

Los profesores de la Universidad Oberta de Cataluña, la epidemióloga Cristina O'Callaghan-Gordo y el experto en Ciencias de la Salud, Salvador Macip recuerdan que "a lo largo de la historia de la humanidad ha habido varias pandemias, brotes de enfermedades infecciosas que se han acabado esparciendo por el planeta. La primera del siglo XXI, y posiblemente una de las que ha tenido un mayor alcance, fue la de la gripe A (H1N1) de 2009. Fue el primer aviso de que el riesgo de que un microbio cause una crisis de salud planetaria es muy alto. La disrupción de los ecosistemas y los cambios en los sistemas de producción de alimentos que facilitan el contacto entre fauna salvaje y humanos en zonas altamente pobladas facilitan la aparición de nuevas enfermedades infecciosas, que, en un mundo globalizado, se propagan rápidamente".

Subrayan los profesores O'Callaghan- Gordo y Macip que "si ya antes de aquella pandemia (la de 2009), los expertos avisaban de que no tardaríamos en ver una. Y después, insistieron en que aquello no era un hecho puntual, sino que teníamos que ir acostumbrarnos a la idea de que pasaría de nuevo", ¿por qué no se ha hecho nada? porque "sólo han hecho falta diez años para volver a ver cómo aparece un virus nuevo y, en pocas semanas, se convierte en un problema mundial. Y a pesar de los avisos, la COVID-19 ha cogido a muchos por sorpresa. ¿Estábamos bastante preparados para hacerles frente? ¿Se podría haber reaccionado de una manera más efectiva? ¿Cuáles son los retos que hay que tener presentes ante una pandemia?

En solo 10 años un nuevo virus se ha convertido en una amenaza mundial

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Salud planetaria: es necesaria una respuesta global

Y esa falta de una estrategia común de todos lo países, da igual el continente, da igual si son ricos o pobres, está quedando en evidencia. Ahora mismo, cuando escribimos esta crónica, la certeza es que, de momento, el coronavirus, el SARS-CoV-2 está ganando, al menos, las primeras batallas. ¿Podrá ganar la guerra?

"No tenemos un criterio único para definir las medidas de protección y cuándo deben aplicarse", explica el profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, Salvador Macip, para quien "la OMS podría ser el organismo que dictara los protocolos relacionados con las estrategias de salud que es necesario seguir a escala planetaria, pero de momento estas decisiones se dejan a los estados, que no actúan de forma coordinada". 

Estamos viendo de todo, desde el confinamiento riguroso de la población, como China, que prohibió los desplazamientos en la ciudad de Wuhan, foco del contagio, y en toda la región de Hubei, habitada por cincuenta millones de personas, hasta lo que han hecho los gobiernos de Italia España que han adoptado medidas más progresivas de confinamiento de la población. Luego hay gobernantes como el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson que prefirió anteponer, en un principio, la economía por encima de la salud hasta que la cruda realidad de los miles de infectados le ha obligado a cerrar fronteras con el resto de países.  

Esas diferencias de criterios ha dificultado y sigue dificultando la contención del virus, ya que tenemos un sistema económico y social muy globalizado y la falta de una estrategia común ha permitido una alta movilidad de personas entre países. 

El confinamiento absoluto al ejemplo de China habría evitado la alta propagación del coronavirus

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"Necesitamos que se establezcan estrategias globales para encarar los grandes problemas de salud planetaria actuales. Esto es especialmente relevante en cuanto a las enfermedades infecciosas, que, como vemos con este coronavirus, pueden tener un impacto enorme en poblaciones que no disponen de medios para enfrentarse a ellas" advierte Salvador Macip -autor del libro Les grans epidèmies modernes (La Campana, 2010). 

Y mientras científicos y laboratorios de varios países luchan contra el reloj para dar con una vacuna o por obtener nuevos antivirales que puedan ser efectivos, "la única vía de protección posible es la concienciación de la población para limitar las vías de contagio", recalcan en un artículo conjunto Macip y O'Callaghan-Gordo. 

Lavarse las manos y no tocarse ni ojos, nariz ni boca son gestos imprescindibles

 Lavarse las manos y no tocarse ni ojos, nariz ni boca son gestos imprescindibles contra la COVID-19

Analizar las causas y tomar medidas

La concienciación de la población de que, hasta que de verdad haya una, la "vacuna" somos cada uno de nosotros al quedarnos en casa o movernos lo menos posible para evitar propagar la enfermedad, es esencial, pero hay dos aspectos más que son también cruciales: analizar las causas de esta crisis y tomar medidas para que no vuelva a producirse. 

Según el artículo '2019-nCoV in context: lessons learned?' ( 2019-nCoV en contexto: ¿lecciones aprendidas?) firmado por un grupo de investigadores encabezados por Richard A. Kock, investigador del Royal Veterinary College y publicado en The Lancet, "el análisis del genoma de este coronavirus hace pensar a la comunidad científica que el virus procede de los murciélagos y que se ha transmitido a los humanos en un mercado de animales de la ciudad de Wuhan" y como explican los autores "los virus de procedencia animal han sido responsables de otras epidemias recientes, como la del SARS, el MERS o el ébola"

Por ello, los expertos de Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, entre ellos su director, Ramón Gomis, consideran que "necesitamos tomar conciencia de que nuestras conductas tienen un impacto que puede afectar a la salud de personas que viven en zonas muy alejadas del planeta"; a lo que la epidemióloga, Cristina O'Callaghan-Gordo añade que es necesario "impulsar la investigación y que se formen en salud planetaria no solo los médicos, sino también los profesionales de otros ámbitos como las ciencias naturales, la política, la economía o la tecnología, ya que los retos actuales requieren soluciones interdisciplinarias y urgentes".  

Aprender de los errores del pasado 

En algo coinciden todos los investigadores: NO HEMOS APRENDIDO LO SUFICIENTE DE LAS EPIDEMIAS ANTERIORES.

Quien les escribe añade que ni estamos aprendiendo de la actual por lo dicho, hace escasos días, por el el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus: “¡Hagan las pruebas diagnósticas! ¡Háganlas! No basta con el confinamiento de los ciudadanos".

Los expertos advierten que este virus no es el peor de los que podamos imaginar, pueden venir peores

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Como afirman los profesores e investigadores Macip y O'Callaghan-Gorod, "en 2009 recibimos el primer aviso, en forma de una pandemia de gripe que terminó siendo más leve de lo previsto y hemos desaprovechado la oportunidad de prepararnos para la próxima pandemia, que, tal y como temíamos, ha tenido un mayor impacto que las anteriores", por ello, "es importante que esta vez no caigamos en el mismo error. Debemos formar a profesionales capaces de analizar los factores que favorecen el origen de nuevos virus y que sean capaces de diseñar planes de contingencia contra estas epidemias".

Estos planes deberían integrar factores ambientales, sanitarios, económicos y sociales, "del mismo modo que existen planes estándar para actuar en casos de accidentes nucleares o petroquímicos" dice Salvador Macip para el que "a falta de un organismo que coordine las acciones a escala global, es necesario que los gobiernos y los sistemas sanitarios de cada país dispongan del conocimiento básico y cuenten con capacidad de interactuar entre ellos y aprender unos de otros, a diferencia de lo que vemos actualmente". 

El profesor Macip que nos advierte que, a pesar de la gravedad de la actual crisis, "no es la peor pandemia que podemos imaginar, no es impensable que aparezcan virus más agresivos o infecciosos que el SARS-CoV-2, así que quizás la próxima vez tengamos que actuar más rápidamente para evitar tener muchas víctimas".

La receta para evitarlo, según el experto, es "aprovechar para preparar a un conjunto de profesionales de diversos ámbitos que tengan claro cómo actuar durante la próxima epidemia, y que estudien lo que se ha hecho bien y mal en las pandemias víricas anteriores".

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