José Luis Corral, historiador: "La expulsión de los moriscos fue un desastre para España, tardamos un siglo en recuperarnos de las pérdidas económicas que supuso"

El catedrático de Historia Medieval analiza en 'Poniendo las Calles' las graves consecuencias de la marcha de 300.000 artesanos y agricultores cualificados

Expulsión de los moros de España, decretada por el rey Felipe III de España el 9 de abril de 1609.
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Poniendo las Calles

Carlos Moreno 'El Pulpo' aprende de historia con José Luis Corral, historiador, sobre la expulsión de los moriscos

José Manuel Nieto

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El historiador y escritor José Luis Corral ha arrojado luz en el programa 'Poniendo las Calles' de Carlos Moreno 'El Pulpo' sobre uno de los episodios más determinantes de la historia de nuestro país: la expulsión de los moriscos. Según el catedrático, esta decisión fue "un desastre para España", de cuyas consecuencias "tardamos un siglo en recuperarnos". Lejos de ser un grupo problemático, eran trabajadores cualificados e integrados cuya marcha dejó un vacío demográfico y económico.

¿Quiénes eran realmente los moriscos?

Corral explica que, tras la conquista de Granada en 1492, a los musulmanes que permanecieron en territorio cristiano se les conoció como mudéjares. Sin embargo, esta tolerancia duró poco. Los Reyes Católicos en 1502 y el emperador Carlos V en 1526 decretaron su conversión obligatoria al cristianismo. "Esos mudéjares convertidos a la fuerza son llamados moriscos", aclara el historiador. Aunque bautizados, "siguieron practicando la religión del Islam" de forma clandestina en sus hogares.

Eran los de aquí los que pasa es que fueron expulsados por practicar de forma críptica, oculta, otra otra religión"

'Embarco moriscos en el Grao de Valencia' representa la expulsión de los moriscos de España a principios del siglo XVII. La obra de arte captura el momento histórico de la expulsión forzosa de los moriscos de los territorios españoles.

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'Embarco moriscos en el Grao de Valencia' representa la expulsión de los moriscos de España a principios del siglo XVII. La obra de arte captura el momento histórico de la expulsión forzosa de los moriscos de los territorios españoles.

Esta comunidad, formada por unas 300.000 personas en una España de seis millones de habitantes, se concentraba principalmente en valles de ríos como el Jalo, el Jiloca o el Ebro, la vertiente mediterránea y Andalucía, destacando la Vega de Granada. Eran expertos agricultores y artesanos que vivían en sus propios barrios, las antiguas morerías. El análisis de un basurero del siglo XVI demuestra que mantenían sus hábitos.

El miedo a una "cuarta columna"

La expulsión no se debió a que hicieran "nada mal". El detonante fue el contexto geopolítico. La amenaza de los turcos en el Mediterráneo durante el reinado de Felipe II generó un clima de desconfianza. Se extendió el "bulo", como lo califica Corral, de que los moriscos actuarían como una quinta columna en una hipotética invasión otomana. Esta animadversión culminó con la decisión de Felipe III, que ordenó la expulsión de los moriscos entre 1609 y 1614, un proceso que se pudo ver en lugares como Jaca, como un punto de no retorno.

Un desastre económico y social

La marcha de los moriscos supuso una catástrofe. "La expulsión fue un desastre para España", sentencia Corral. El país no solo perdió población, sino también una mano de obra muy cualificada: "los mejores albañiles, los mejores carpinteros, los mejores alfareros". Esta pérdida de talento tuvo un impacto directo en la economía y la producción. De hecho, Corral vincula directamente este episodio con la gran crisis española del siglo XVII.

La expulsión fue un desastre para España"

Embarque de moriscos en Sevilla. Artista desconocido. Centro de Interpretación de la Cultura Morisco en Hornachos, España.

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Embarque de moriscos en Sevilla. Artista desconocido. Centro de Interpretación de la Cultura Morisco en Hornachos, España.

Un ejemplo palpable de esta decadencia se observa en la cerámica. Según el historiador, los arqueólogos notan perfectamente "cómo decae la calidad de la cerámica" tras la expulsión, ya que los alfareros cristianos que los reemplazaron "son mucho peores". Los expulsados se dirigieron fundamentalmente al norte de África, donde fueron bien acogidos y contribuyeron a "revitalizaron de alguna forma la economía de todo este litoral mediterráneo norteafricano".

La herencia de los moriscos, a pesar de todo, perdura. Corral señala que, a diferencia de los sefardíes, no se ha producido un reconocimiento similar para los descendientes de los moriscos, a pesar de ser "mucho más españoles". Su legado se encuentra en la arquitectura de ciudades tunecinas como Testour, en topónimos como el Museo de El Bardo (originalmente El Pardo), en apellidos como Rubio o incluso en la pervivencia de juegos como el guiñote. Su huella es visible también en los restos de campamentos militares como los de la Guerra de las Alpujarras.

Corral concluye con una reflexión contundente sobre las decisiones políticas que han marcado la historia del país: "España siempre ha sido un gran país, pero en ocasiones los dirigentes no se han portado demasiado bien y han cometido errores tremendos". La expulsión de los moriscos, afirma, fue uno de ellos, un error cuyas pérdidas económicas tardaron un siglo en recuperarse.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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