Madrid - Publicado el - Actualizado
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No es habitual que una cabalgata de Reyes se convierta en motivo de polémica política, pero la obsesión de algunos ayuntamientos por borrar cualquier atisbo de tradición cristiana ha ido este año demasiado lejos, con casos tan llamativos como los de Madrid o Valencia. Tampoco se puede decir que, antes de la llegada al poder de partidos de la órbita de Podemos, las cabalgatas en estos lugares fueran especialmente respetuosas con el origen y el sentido de esta fiesta. Muchas llevan años convertidas en carnavales, pero lo que ha hecho saltar este año las alarmas ha sido la sospecha de que existe un deliberado propósito adoctrinador. Las cabalgatas coinciden con la pretensión de estos ayuntamientos de cambiar los nombres de varias calles dedicadas a los mártires de la persecución religiosa de los años 30 o a personalidades eclesiásticas de la posguerra, medida que se ampara en la controvertida Ley de Memoria Histórica, aunque en realidad va más allá e incluso la contraviene, puesto que la normativa de Rodríguez Zapatero excluía a los represaliados por sus creencias. De forma más o menos deliberada, parece haber una ofensiva para erradicar lo cristiano de la vida pública. Se trata de un claro caso de abuso de poder, aunque habría que preguntarse también por la pasividad de los cristianos. Si los ayuntamientos no son capaces de organizar celebraciones tradicionales sin resistirse a la tentación de adoctrinar, habrá que pensar en nuevas formas de organizarlas, sin delegar en las autoridades.



