Línea editorial: "La paz es posible"
Ojalá que el conflicto en Ucrania, que nos golpea tan de cerca a los europeos, nos haga al menos más solícitos ante tantas situaciones en el mundo

Línea editorial: "La paz es posible"
Madrid - Publicado el - Actualizado
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En el tradicional Mensaje de Pascua, el Papa Francisco se ha dirigido al mundo entero para proclamar que Cristo ha resucitado, aunque, al igual que les sucedió a los discípulos, nos cueste creer que verdaderamente haya vencido a la muerte, en medio de esta Pascua ensangrentada por la guerra. Hemos visto, ciertamente, demasiada sangre, demasiada violencia, pero mirando las llagas gloriosas del Resucitado, nuestros ojos incrédulos se abren y nuestros corazones endurecidos se liberan para dejar entrar el anuncio pascual. No es una ilusión. Cristo ha resucitado verdaderamente y hoy, como puede comprobarse, tenemos más necesidad de Él, al final de una Cuaresma que parece no querer terminar.
Ojalá que el conflicto en Ucrania, que nos golpea tan de cerca a los europeos, nos haga al menos más solícitos ante tantas situaciones en el mundo que, como ha recordado el Papa este domingo, padecen el flagelo de la violencia, el sufrimiento y el dolor. El Papa los ha tenido muy presentes y se ha referido de forma expresa a los conflictos de Oriente Medio, Líbano, Siria, Irak, Myanmar, Afganistán, Etiopía, República Democrática del Congo, Sudáfrica y de tantos lugares de Latinoamérica.
En torno a la martirizada Ucrania, tan duramente probada por la destrucción de la guerra cruel e insensata, hay también signos de esperanza, que se yerguen poderosos en medio de tanta desolación, como los de tantas puertas abiertas de familias y comunidades que están acogiendo a migrantes y refugiados en todo el viejo continente. No falta actos de verdadera caridad que son una bendición para nuestras sociedades, a menudo degradadas por tanto egoísmo e individualismo, y que nos recuerdan que la paz es posible, que es responsabilidad de todos, y que ha de empezar, en primer lugar, por la conversión de nuestros propios corazones.



