Madrid - Publicado el - Actualizado
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Una vez que se ha producido el debate sobre el estado de la Unión en Estrasburgo, Europa vive pendiente de lo que ocurra en la ciudad eslovaca de Bratislava. La celebración de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno, la primera sin el Reino Unido, va a suponer un momento clave para el futuro de la Unión, que es un proyecto integral de paz, cohesión social y libertad. Los recientes acontecimientos del Brexit, la crisis de los refugiados, los ataques terroristas, la crisis del sistema de bienestar, y el consecuente crecimiento de populismos y nacionalismos, obligan a los líderes europeos a hacer un alto en el camino y a preguntarse por la identidad del proyecto europeo. El camino de la integración económica es necesario pero no suficiente. Europa no será una realidad fuerte si no decide apostar por la solidaridad común a través de medidas concretas en vez de facilitar la división y los intereses particulares. Europa no se entenderá a sí misma si no vuelve a sus raíces, alimentadas por la tradición judeo-cristiana y el mejor pensamiento ilustrado, para plasmar una política de amplios horizontes en el marco de una comunidad de derecho. La imagen de Europa no puede seguir siendo la de una estructura burocrática atenazada por los intereses de unos pocos y los experimentos de ciertas élites. La Europa de los 27 tiene en Bratislava la oportunidad de despertar su alma, que a lo largo de la historia ha sido siempre fuente de ilusión y futuro.



