LINEA EDITORIAL
Recuperar la verdadera concordia
La política de horizontes estrechos está incapacitada para la concordia, porque ésta exige verdad y no solo relatos verosímiles

Un discurso político desconectado de la verdad nos ha acostumbrado a los eslóganes vacíos y al uso emotivista de las palabras, que se terminan retorciendo para servir a intereses particulares. Eso está sucediendo, por desgracia, con la palabra concordia, que con motivo de la concesión de los indultos a los presos del Procés, ha sido arteramente manejada por el Gobierno. Aquella concordia que fue posible en torno al 78, y que engrasó en buena medida la vida política de la Transición, se ha convertido ahora en un término manoseado, en una suerte de mermelada sentimental e intrascendente que huye de los argumentos de razón y lo confía todo a la sensiblería.
"Un año después, seguimos sin saber qué pasó oficialmente. El Gobierno quería el titular del primer país funcionando solo con energías verdes y el sistema petó"
Pilar García de la Granja
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