El Líbano debe ser protegido
Escucha la Línea Editorial de la madrugada de este viernes 6 de marzo

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Madrid - Publicado el - Actualizado
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El Líbano vuelve a ser escenario de guerra, ocupado por tropas israelíes en respuesta a los ataques de Hezbolá, aliado de Irán. A la muerte de decenas de civiles, se suma el desplazamiento de miles de personas en el sur, expulsadas por el ejército hebreo. Se repite la tónica habitual desde la mal llamada guerra civil que arrasó el Líbano entre 1975 y 1990. Las potencias regionales han hecho uso impune de este territorio para dirimir sus diferencias. Hoy Siria está fuera de juego. De Irán, por razones obvias, tampoco le llega a Hezbolá ayuda. Y su negocio de tráfico de tráfico de drogas ha quedado desmantelado. Además, su cúpula fue descabezada hace unos meses por Israel. Más que una organización compacta, Hezbolá es hoy una amalgama de células dispersas. Y lo que es más importante: está perdiendo apoyo social a marchas forzadas, incluido el de buena parte de la comunidad chiita, harta de sus estrategias suicidas. Aprovechando la coyuntura, el gobierno de Beirut había comenzado a tomar posiciones en zonas donde, hasta ahora, Hezbolá ha constituido un estado dentro del estado. Lo cual es un hito esperanzador. La pregunta es qué pasará ahora. Por un lado, la guerra debilitará más a Hezbolá, pero podría envenenar la convivencia entre las tres grandes comunidades del Líbano, chiitas, sunitas y cristianos, y terminar generando más inestabilidad. Esto es lo que debe evitarse. Para ello, la comunidad internacional debería tomar conciencia de la necesidad de proteger la frágil democracia libanesa que, en medio de Oriente Próximo, demuestra que comunidades diferentes pueden convivir en paz.



