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La increíble historia de un marinero atrapado en su barco durante cuatro años

La burocracia y una serie de acontecimientos que poco tuvieron que ver con él, obligaron a Mohammed Aisha a quedarse encerrado en el barco en el que navegaba por más de 1.400 días

Una imagen ilustrativa de un barco varado

Juan Carlos CárdenasEFE

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 24 may 2021

Mohammed Aisha es un marinero de origen sirio que ha desempeñado toda su vida laboral en alta mar. Fue parte de la tripulación del MV Aman, un barco de mercancías en el que se quedó atrapado por la burocracia durante cuatro largos años, en los que tuvo que sobrevivir como malamente pudo al mismo tiempo que lidiaba con la soledad.

La historia de este hombre, recogida por la BBC, es de película, pero de terror. Todo comenzó a mediados de mayo de 2017, cuando Aisha, de origen sirio, se encontraba navegando a bordo del MV Aman, embarcación en la que ejercía como primer oficial de puente gracias a su amplia experiencia como marinero.

El mar era su vida. Una vida que le gustaba y que, además, se le daba bien. Algo lógico, ya que casi desde el momento de su nacimiento en la portuaria ciudad de Tartús, el agua salada había ocupado un lugar protagonista en su día a día.

Su ciudad de origen, en la que se encuentra el segundo puerto más importante de Siria, encaminaría su vida laboral. De esta manera, Aisha comenzó su carrera entre popa y proa, ascendiendo poco a poco buscando, algún día, ser capitán de barco.

En esas estaba, navegando por las aguas que rodean al canal de Suez, cuando se detuvieron en el puerto egipcio de Adabiya, una parada que en un primer momento no era más que rutinaria. Se había hecho la misma ruta infinidad de veces, principalmente por su cercanía a su natal Tatús, por lo que no era nada que le llamara especialmente la atención.

Pero esta vez iba a ser diferente. La nave, que era un buque de carga estándar, fue retenida en el puerto porque tenía los equipos de seguridad y un puñado de certificados vencidos. Un mero problema de papeleo, o al menos eso parecía.

El inicio de una larga pesadilla

Y ahí fue cuando todo se complicó. Primero, porque los contratistas del barco, de origen libanés, no pagaron el combustible. Después, porque los propietarios de la embarcación, de procedencia bareiní, empezaron a tener complicaciones financieras.

Mientras todo esto ocurría, el capitán de la nave, que casualmente era egipcio, trataba de arreglar la situación desde tierra. Ante la demora del proceso, y conociendo los tejemanejesde de este tipo de situaciones, decide no volver al barco por lo que pudiera pasar.

La situación de bloqueo continuó, por lo que ante la ausencia del jefe de la embarcación, un tribunal local declaró a Mohammed, hasta entonces oficial en jefe del barco, como tutor legal del MV Aman, algo que firmó sin que nadie le comunicara el significado real que esto tenía.

Porque él no sabía las consecuencias de este hecho, aunque poco tardaría en darse cuenta de la desgracia que se asomaba. Pasaban los meses y la situación continuaba bloqueada, al mismo tiempo que la tripulación iba abandonando el barco poco a poco.

Y así continuó hasta que Aisha se quedó solo en el navío, del que legalmente ya no podría despegarse porque, además, se le había retenido el pasaporte. Su nuevo puesto le obligaba a permanecer ahí, varado en medio del mar y sin combustible. No podía salir. Y así empezaron a pasar los días, los meses, los años.

Cuatro, concretamenete, durante los cuales lo único que podía hacer Mohammed era observar. El barco se convirtió en una cárcel gigante, de la que solo podía salir para acercarse hasta la orilla, nadando, a por alimentos, agua y a cargar su móvil, lo único que lo mantenía 'conectado' a la vida real.

Sin agua, sin luz y sin comida

Así iría pasando, lentamente, el tiempo. Durante el primer año la situación se le hizo más o menos soportable, hasta que le llegó la noticia del fallecimiento de su madre, un duro palo del que le costó sobreponerse. No pudo despedirse.

Ella era uno de sus principales apoyos, además de la culpable de su buena formación y de su dominio del inglés, ya que era profesora de profesión. Ese fue, precisamente, el momento más duro para él, reconociendo, en unas declaraciones a la BBC, que incluso llegó a pensar en quitarse la vida.

Consiguió hacerse fuerte como malamente pudo y a pesar de las circunstancias. No tenía agua, electricidad, ni combustible. Tampoco percibía ninguna compensación económica, pero no podía salir legalmente de allí, aunque al menos recibía visitas esporádicas de los guardas.

Así continuó hasta principios de 2020, cuando su suerte empezó a cambiar poco a poco. Ya llevaba casi tres años en el Aman, en una situación de la que él no era culpable,pero sí estaba pagando las bochornosas consecuencias.

Fue en ese momento cuando una tormenta desplazó el barco casi ocho kilómetros, lo que le permitió acercarse más a la costa, a apenas unos cientos de metros.

Eso le permitió acercarse a la orilla con mayor frecuencia, lo cual significó un motivo más por el que continuar con su lucha, al mismo tiempo que los responsables del barco se desmarcaban de la situación al no poder, según declaraciones recogidas en su día por la BBC, 'hacer nada al respecto'.

La deseada vuelta a casa

Sin embargo, y para alivio de Aisha, con 2021 también llegarían las buenas noticias. Le notificaron que, al fin, el barco será subastado, por lo que ya podía irse de allí. No se lo creía, aunque cuatro años después era normal que no lo hiciera.

De esta manera, Mohammed pudo volver a casa y reencontrase con su familia, al mismo tiempo que reclama la dura situación por la que ha pasado y pide que jamás se vuelva a repetir.

Porque, aunque para muchos esto habría sido más que suficiente para dar carpetazo a todo lo relacionado con el mar, él tiene pensado volver a embarcarse y continuar con su sueño de ser capitán. Aunque por el momento, pasará una buena temporada en tierra.

El suyo es un caso extremo de un porblema poco conocido como es el abandono de barcos -y su tripulación- que se espera, no se vuelva a repetir.

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