Katia Hueso, bióloga: "Los niños son científicos por naturaleza. Indagan, observan, experimentan..."

La cofundadora de la primera escuela infantil al aire libre de España ha visitado Poniendo las Calles para hablar sobre educación en entornos naturales una iniciativa pionera

Niños aprendiendo a reconocer las hojas de los árboles
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Poniendo las Calles

Carlos Moreno 'El Pulpo' entrevista a Katia Hueso, bióloga

Pablo Alejandro Fernández

Publicado el

4 min lectura23:22 min escucha

Mientras la mayoría de niños españoles permanecen sentados en pupitres durante horas, un grupo de menores aprende matemáticas contando piedras en un río, entiende biología observando insectos bajo las hojas y desarrolla habilidades sociales construyendo refugios con ramas. No es una excursión esporádica ni una actividad extraescolar. Es su día a día. Este modelo pedagógico, conocido como escuelas bosque o escuelas en la naturaleza, lleva décadas funcionando en el norte de Europa y ahora gana terreno en España como respuesta a una educación tradicional que muchas familias consideran desconectada del entorno y de las necesidades reales de la infancia.

La primera escuela bosque de España: un proyecto nacido de la maternidad

La escuela Saltamontes, ubicada en la Sierra de Guadarrama, surgió en 2011 cuando tres madres —una bióloga, una psicóloga educadora y una médico— decidieron crear una alternativa educativa tras no encontrar escuelas que conectaran con la naturaleza. "Las escuelas que visité me parecieron que podían estar en cualquier otro sitio, no tenían ninguna conexión con el entorno", confesó Katia durante el programa radiofónico.

Este centro pionero acoge a niños de entre 2 años y medio y 6 años, que desarrollan toda su actividad pedagógica al aire libre. No hay aulas tradicionales ni horarios rígidos. La naturaleza es el aula y el juego libre, el método.

Aprender sin paredes: cómo funciona la pedagogía al aire libre

El modelo se basa en la ausencia de límites físicos tradicionales. Los niños no permanecen sentados en pupitres, sino que exploran, experimentan y aprenden a su propio ritmo. "No hay paredes ni techo. Los niños desarrollan toda su actividad al aire libre, con énfasis en libre", explicó la experta.

Los niños son científicos por naturaleza. Indagan, observan, experimentan con una secuencia muy parecida a la que haría un científico profesional"

Katia Hueso

Bióloga

El aprendizaje surge de la curiosidad natural de cada niño. Un ejemplo sencillo: un niño que tira una piedra a un charco comienza a entender conceptos de densidad, causa-efecto y física sin necesidad de una lección magistral. Los límites existen, pero son diferentes: respeto hacia uno mismo, hacia los demás y hacia el entorno.

Múltiples beneficios respaldados por la ciencia

Según explicó Katia, los estudios realizados tanto en España como en otros países demuestran beneficios en tres ámbitos fundamentales:

  • Desarrollo cognitivo: Se potencian habilidades matemáticas, lógicas y lingüísticas, además de competencias transversales como la tolerancia, la resiliencia y la motivación intrínseca. 
  • Desarrollo personal: Los niños mejoran su capacidad de toma de decisiones, asumen riesgos calculados y desarrollan cooperación y empatía de forma natural. 
  • Salud física y mental: El movimiento constante al aire libre fortalece el cuerpo y la exposición a entornos naturales serenos mejora la capacidad de afrontar situaciones estresantes.

La naturaleza no es Amazon, no te va a dar el fruto cuando tú quieres, sino cuando esté maduro. Los niños aprenden a esperar los procesos naturales"

Katia Hueso

Bióloga

Río tranquilo bordeado de densa vegetación con el cielo reflejándose en el agua

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Río tranquilo bordeado de vegetación con el cielo reflejándose en el agua

La inspiración llega del norte de Europa

Ante la inexistencia de referentes en España en 2011, las fundadoras de Saltamontes miraron hacia países como Alemania, Dinamarca, Reino Unido y Suecia, donde las escuelas bosque llevan décadas funcionando. "Es curioso cómo son países donde el clima parece hostil para este tipo de experiencias y no lo es, es simplemente cuestión de organizarse y adaptarse", señaló la bióloga.

En los países nórdicos existe incluso la práctica de que los bebés duerman la siesta al aire libre durante el invierno. Katia lo considera "muy saludable": los sonidos naturales tranquilizan a los niños y conectan con "nuestro ADN histórico".

¿Y en las ciudades? Naturalizar patios escolares como alternativa

Katia reconoció que en entornos urbanos es más complejo replicar este modelo, pero no imposible. La clave está en entender la naturaleza de forma amplia: "El aire que respiro, el agua que bebo, las plantas... todo viene de la naturaleza".

Actualmente existe un movimiento activo de naturalización de patios escolares en toda España. Estos espacios se convierten en aulas permeables donde se puede entrar y salir, hacer actividades dentro y fuera. "A lo mejor no es un bosque o un río, pero tiene elementos de interés", apuntó.

Un aprendizaje que dura toda la vida

Las tres hijas de Katia pasaron por esta experiencia educativa. Hoy, ya en otras etapas vitales, mantienen rasgos distintivos: son personas curiosas, con ganas de aprender, respetuosas y atentas a los demás. "El recuerdo que ellas tienen de Saltamontes es algo que no se les borra", afirmó su madre.

Pero el impacto va más allá. Investigaciones realizadas por psicólogos estadounidenses demuestran que las personas con experiencias tempranas en la naturaleza no solo desarrollan conductas más sostenibles en la edad adulta, sino que tienen un "efecto contagio": son capaces de inspirar a otros a cuidar el medio ambiente.

Las personas que han tenido experiencias tempranas en la naturaleza no solo la quieren cuidar, sino que son capaces de mover a otros para hacerlo"

Katia Hueso

Bióloga

Una alternativa en expansión frente al cambio climático

El modelo de educación en la naturaleza se presenta como una herramienta educativa con implicaciones a largo plazo para la conciencia ambiental. Los niños que crecen conectados con el entorno natural desarrollan patrones de consumo más responsables y actitudes proactivas ante la crisis climática.

Aunque la mayoría de estos centros no están reconocidos oficialmente y los niños deben integrarse en el sistema educativo tradicional a los 6 años, el movimiento crece en España. Cada vez más familias buscan alternativas pedagógicas que prioricen el contacto con la naturaleza frente al modelo convencional de aulas cerradas.

La conversación en 'Poniendo las calles' dejó una reflexión clara: educar en la naturaleza no es un lujo ni una moda, sino una necesidad para formar personas más equilibradas, curiosas y comprometidas con el planeta. Como concluyó Katia Hueso en la madrugada de COPE: "Aprovechad para asomar la cabeza por la ventana y disfrutar de la noche, de la tranquilidad y, si se puede, de las estrellas que están allí acompañándonos".

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