El método educativo que podría revolucionar el aprendizaje en la etapa de Infantil: "desarrollan una curiosidad tremenda, unas ganas de aprender..."

Una experta detalla en TRECE cómo el contacto con la naturaleza desde los tres años no solo mejora la salud, sino que crea adultos más conscientes y capaces

Niños aprenden las labores de un huerto

Redacción Religión

Publicado el - Actualizado

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El programa Ecclesia Al Día de TRECE, presentado por Raquel Caldas, ha abordado los beneficios de una educación temprana en la naturaleza y su impacto en el desarrollo sensorial de los más pequeños. Para profundizar en esta materia, el espacio ha contado con la intervención de Katia Hueso, profesora de la Universidad de Comillas - ICAI, investigadora de la Unidad Ecológica de la misma universidad y cofundadora de la primera Escuela Infantil de la Naturaleza en España.

¿Qué son las escuelas en la naturaleza?

Katia Hueso ha explicado que este modelo educativo, que tuvo su origen en el norte de Europa a mediados del siglo XX, consiste en que el espacio de referencia para los niños de la etapa infantil (3 a 6 años) es el propio medio natural. Hueso, quien cofundó junto a dos compañeras la escuela Saltamontes en el año 2011, ha señalado que en esta metodología los pequeños no están en un aula convencional. Su escuela es el bosque, el monte o cualquier espacio al aire libre donde realizan toda su actividad escolar.

Beneficios a corto y largo plazo

La experta ha destacado los beneficios inmediatos que esta inmersión en la naturaleza aporta a los niños. Entre ellos se encuentran un evidente aumento de la actividad física en comparación con la que se realiza en un aula, más sedentaria. Además, ha mencionado que el medio natural proporciona serenidad, tranquilidad y sosiego, ya que en él “todos los estímulos son coherentes no solo entre sí, sino con nuestra propia biología, nuestra propia historia evolutiva”.

Pero las ventajas no se quedan ahí, sino que se proyectan a futuro. Según Hueso, las experiencias significativas vividas en el entorno natural durante la infancia construyen un legado de aprendizaje que fomenta el deseo de proteger y conservar esos lugares en la edad adulta. Este vínculo, además, se traduce en el desarrollo de capacidades sociales clave. “La permanencia en la naturaleza nos da herramientas de liderazgo y de capacidad de convencer a otros de que esto es importante y necesario”, ha afirmado la profesora.

El gran salto a la Educación Primaria

Una de las dudas que suscita este modelo es cómo se adaptan los niños al pasar a la Educación Primaria, una etapa más académica y reglada. Hueso ha reconocido que “la transición de infantil a primaria es complicada, sea cual sea el contexto del que salga el niño”. Sin embargo, ha asegurado que los alumnos de las escuelas en la naturaleza llegan a este cambio con una preparación excepcional.

La clave, según la investigadora, es que estos niños han aprendido a través del juego libre y tocando “la realidad en todo momento”. Esto les convierte en “niños que desarrollan una curiosidad tremenda, unas ganas de aprender, una sed de aprendizaje muy, muy grande”, por lo que afrontan la nueva etapa con entusiasmo. Hueso ha añadido que también desarrollan mejores relaciones sociales y una mayor iniciativa, al estar acostumbrados a entornos menos jerárquicos.

Otro factor determinante es el desarrollo físico y corporal. “Por el hecho de haber ejercitado su cuerpo en un entorno tridimensional, moviéndose, subiendo, bajando y trepando, tienen un esquema corporal muy bien armado”, ha detallado la experta. Esta coherencia entre cuerpo y mente, ha afirmado, provoca que, paradójicamente, “les resulte mucho más sencillo estar sentados en el aula, porque su esquema corporal se lo permite”.

A pesar de sus demostrados beneficios, este tipo de pedagogía todavía no está extendida en España. Katia Hueso ha apuntado a varios motivos, entre los que destaca la rigidez de la normativa educativa. Según ella, la legislación actual marca con mucho detalle el camino a seguir, dejando poca flexibilidad para “aceptar otras formas de educar, otros métodos, que a lo mejor llegan al mismo sitio, pero por caminos diferentes”.

Junto a la barrera normativa, la profesora de Comillas ha señalado que existe “un poco de prevención con metodologías que a lo mejor puedan sonar un poco extrañas o que vengan de lugares con tradiciones culturales diferentes”. Finalmente, Hueso ha roto una lanza en favor de que el sistema educativo sea más flexible y facilite el contacto con la naturaleza también en Primaria, para que más alumnos puedan beneficiarse de aprender a través del contacto directo con la realidad.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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