José Castellano, excamionero y hostelero: "La gente joven no quiere este trabajo, es muy sacrificado, de toda la vida es un trabajo que nunca ha estado mirado"
Tras una década al volante, José Castellano regenta 'La Casa del Camionero' en Guarromán, un refugio para transportistas donde nunca falta un plato caliente

Carlos Moreno 'El Pulpo' entrevista al hostelero José Castellano
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En el kilómetro 280 de la autovía A-4, a la altura de Guarromán (Jaén), se encuentra un lugar emblemático para la gente de la carretera: La Casa del Camionero. Su responsable, José Castellano, un hombre que cambió el volante por la barra, ha compartido su experiencia en el programa Poniendo las Calles de COPE, con Carlos Moreno 'El Pulpo'. Antes de ser hostelero, Castellano fue camionero, una vivencia que le ha permitido crear un negocio enfocado en las necesidades reales del transportista.
De la carretera a la hostelería
José Castellano pasó casi 11 años en la carretera. Una etapa que recuerda muy diferente a la actual. "Hoy van como en una cadena de montaje, tienen que ir con el disco, llevar las horas, van cronometrados con el tacógrafo, y antes fuera muy distinto", explica. Aquella época, sin las autovías actuales, era "más divertida y más entretenida", con negocios "más familiares". Ese espíritu es el que ha querido preservar: "quise no romper ese entorno familiar que existía entre la gente de la carretera".
Hace ya 30 años que dejó la carretera con la promesa de formar una familia. Su mujer, a la que define como una "gran hotelera" con varios premios de cocina, fue su gran apoyo para tomar las riendas del negocio. Ahora, su hijo también colabora los fines de semana, continuando con el legado familiar.

Manos en el volante dentro del camión
Un oasis para el transportista
La Casa del Camionero se ha ganado la fama de ser un "oasis en el desierto". Dispone de un aparcamiento vigilado con 86 plazas para camiones de gran tonelaje, además de un hotel. Su clientela es nacional e internacional, con transportistas de Italia, Alemania y Holanda que aprovechan para hacer la pausa de 45 horas, comer y descansar en el hotel.
Una de las claves de su éxito es tener la brasa encendida las 24 horas, algo que Castellano ideó poniéndose en la piel del conductor. "Sé que cuando un transportista llega a las 6 o 7 de la tarde, aquí sabe que va a comer sin problema", asegura. La oferta gastronómica es muy amplia, con un menú diario de 14 o 15 primeros y otros tantos segundos, donde nunca faltan los platos de cuchara como la sopa de picadillo o el potaje del día. La variedad es clave, aunque siempre hay opciones saludables para cuidarse, como demostró el camionero que perdió 22 kilos cambiando su dieta en ruta.
En esta vida es lo único que nos vamos a llevar"
Además del restaurante y el hotel, el área de servicio es un complejo muy completo que opera también 24 horas. Incluye gasolinera, servicio de neumáticos, lavadero de camiones, tienda de repuestos y taller mecánico, cubriendo así todas las posibles necesidades de los profesionales del volante.

Cabina camión
El futuro del sector, en jaque
Castellano observa una tendencia preocupante en el sector: la falta de relevo generacional. "La gente joven no quiere este trabajo. Es muy sacrificado, de toda la vida es un trabajo que nunca ha estado mirado", afirma con rotundidad. Los muchos días fuera de casa y las condiciones laborales alejan a los jóvenes de la profesión.
La gente joven no quiere este trabajo, es muy sacrificado, de toda la vida es un trabajo que nunca ha estado mirado"
Según su experiencia, el problema es tan grave que "muchas empresas grandes están trayendo peruanos, gente de fuera, sudamericanos, porque es que no se encuentran conductores". A esto se suma una remuneración que considera insuficiente: "no está bien pagado el transporte, para la rigurosidad y la responsabilidad que tiene". Es un debate recurrente, donde algunos camioneros revelan sueldos que rompen tópicos, mientras que jóvenes que se abren paso en el oficio hablan de salarios más ajustados.
Para José Castellano, lo que más le llena es "satisfacer al cliente, que te feliciten y que se sientan como en su casa". Con los años, muchos de esos clientes se han convertido "como en familia", hasta el punto de asistir a bodas y comuniones. El trato cercano es una seña de identidad: "Aquí es una de las cosas que nos la llevamos a gala, saludarlo, preguntarle qué tal está, qué tal ha ido el viaje y hablar con ellos".
Ese vínculo trasciende generaciones. Castellano guarda un reportaje fotográfico de clientes de toda la vida y, a día de hoy, son sus nietos quienes se acercan. "Me vienen pidiéndome la foto. '¿Tienes ahí una foto de mi abuelo? Me la podrías mandar'", cuenta emocionado. Una prueba de que, después de 30 años, La Casa del Camionero es mucho más que un área de servicio; es un hogar en la carretera.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



