"La exclusión puede venir por un desahucio o un accidente, damos un contrato de trabajo y su sueldo, tratamos de suplir esa situación y dignificarles"
Un taller de Málaga ofrece una segunda oportunidad a personas en riesgo de exclusión social transformando lonas publicitarias en accesorios con un fin solidario

Carlos Moreno 'El Pulpo' analiza el fenómeno de la conversión de locales comerciales en viviendas con Alicia Cueto, presidenta de Asimas y cofundadora de Hilo Doble
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En el barrio de El Palo, en Málaga, un taller de costura se ha convertido en un faro de esperanza. Se trata de Hilo Doble, un proyecto que transforma lonas publicitarias recicladas en mochilas, bolsos o carpetas. Pero su labor va mucho más allá: ofrece una oportunidad laboral y vital a personas en situación de exclusión social. Así lo ha contado Alicia Cueto, presidenta de Asimas y cofundadora de la iniciativa, en el programa 'Poniendo las Calles' de la cadena COPE, con Carlos Moreno 'El Pulpo'.
Alicia Cueto describe el taller como "un laboratorio de alquimistas y un paritorio" donde la magia surge de la reutilización. "El nombre Hilo Doble es por el reciclaje dual: reciclamos material y reciclamos personas", explica. El resultado es un espacio lleno de color, tanto por las lonas que cubren las mesas de trabajo como por la diversidad de las personas que les dan una nueva vida, creando un ambiente de "pura magia" y colaboración.
El origen de un proyecto con alma
Hilo Doble nació de un gesto tan cotidiano como reparar la ropa rota en una casa de acogida con pocos recursos. De la necesidad de "reutilizarlo todo y cuidar el medio ambiente" y en colaboración con la entidad Arrabal, el proyecto creció hasta convertirse en una pequeña empresa de inserción social. "Nuestro trabajo es cuidar a las personas que están en situación de vulnerabilidad por razones muy diferentes", afirma Cueto sobre una iniciativa que ya lleva cuatro años en funcionamiento.

Hombre sin hogar de Valencia en la calle con un montón de cosas
Lo que comenzó con bolsos sencillos ha evolucionado gracias a la creatividad de sus "artistas del taller" y a las propuestas de los clientes. Ahora fabrican desde carpetas y libretas hasta alforjas de bicicletas o fundas para vinilos, adaptándose a las demandas de administraciones como el ayuntamiento de Málaga o de particulares. "Probamos y si se puede, pues ahí va", comenta Cueto sobre su capacidad para innovar y crear nuevos productos.
El nombre y lo doble es por el reciclaje dual, reciclamos material y reciclamos personas"
Un contrato para recuperar la dignidad
El taller está ubicado dentro de la propia casa de acogida, lo que facilita un acompañamiento integral. Antes de aprender el oficio, las personas que llegan reciben cuidados de salud, educación en valores y hábitos como la puntualidad. El objetivo es dar respuesta a la 'nueva pobreza', personas que, por cuestiones como un desahucio o un accidente, se ven fuera del sistema. "Les damos su contrato de trabajo y su sueldo, tratamos de suplir esa situación y dignificarles", subraya la cofundadora.

Hombre sin hogar durmiendo en la Plaza Medieval del siglo XIV, Plaça del Rei, Barcelona
Es fundamental destacar que las trabajadoras del taller tienen un contrato laboral legal, con su alta en la Seguridad Social y su sueldo asegurado, independientemente de las ventas. "Al ser una empresa de inserción social, todos los beneficios se reinvierten en el taller", aclara Cueto. La casa de acogida, que es el corazón del proyecto, alberga a unas veinte personas de perfiles muy diversos.
Entre las residentes conviven desde jóvenes que acaban de cumplir 18 años hasta "abuelas" de más de 60 que se han visto en la calle a una edad avanzada. "Tenemos todos los colores que tienen las lonas en las personas que viven aquí", afirma Cueto, haciendo referencia a problemáticas como salud mental, adicciones o violencia. El proceso de acompañamiento dura como mínimo un año, tiempo que consideran necesario "para curarse la herida".
El reto final: la vivienda
A pesar de los logros en la recuperación personal y la inserción laboral, el obstáculo final es inmenso. "Tenemos un problema de vivienda tremendo que hace de techo muchas veces", lamenta Alicia Cueto. La dificultad para encontrar un hogar asequible en Málaga, donde se piden hasta "500 euros" por una habitación, complica enormemente la independencia definitiva de estas personas, incluso teniendo un trabajo.
El vínculo con el proyecto no se rompe cuando salen por la puerta. Muchos antiguos residentes, como José Heredia, regresan como voluntarios para ayudar en tareas como el transporte, convirtiéndose en referentes para los nuevos usuarios. "Hacemos una comida con antiguos usuarios o inventamos cosas para seguir haciendo familia", relata Cueto, describiendo una comunidad que perdura más allá de la estancia en la casa y que busca ofrecer una vida relativamente tranquila.
Para quienes atraviesan un mal momento, Alicia Cueto lanza un mensaje de esperanza: "Se sale de todo". Su invitación final es a la empatía y a "cambiar la mirada", a ver en el otro un reflejo de uno mismo. "Deberíamos mirar a todo el mundo como si me mirase en un espejo. Porque soy yo misma quien está en el banco, quien está en las colas del hambre", concluye.
Cambiar la mirada, cambiarnos las gafas"
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



